Primera promo de la séptima temporada de Mujeres Desesperadas

Ya están aquí de nuevo. Mi segunda serie preferida en el ranking de series de mi vida después de Perdidos, Mujeres Desesperadas llega con esta a su séptima temporada, la que hace unos años iba a ser la última, auqnue de momento no hay ninguna confirmación sobre esto (mejor así). Se ha quedado sola entre las series que dieron comienzo bajo el lema de “series de nueva generación”, compartiendo ahora espacio y rivalizando con otras que llegaron después aprovechando el enorme éxito que el nuevo planteamiento en los guiones otorgó a las primeras en arriesgarse mezclando tramas de misterio.

Hemos visto pasar un total de 11 años a través de sus rostros (5 años avanzando en el tiempo entre temporada y temporada que les sentó tan bien) y otros muchos años anteriores que llegan en forma de recuerdos en esos episodios que son pequeñas joyas. Hemos visto crecer a esos pequeñajos pelirrojos insoportables, nacer a los nuevos niños de Wisteria Lane (me encanta TJ), madurar a los adolescentes que antes no tenían un claro rumbo fijo (y alguno de ellos ni siquiera lo tiene aún)… muchos años, misterios, risas de esta aventura inolvidable que se va instalando capítulo a capítulo en nuestro interior.

Ahora llega una temporada que promete ser una de las mejores, el regreso de antiguos fantasmas del pasado cuyas tramas dejamos atrás hace años, nuevos personajes con nuevos secretos (genial la incorporación de Vanessa Williams a la que siempre vi como una mujer desesperada cuando estaba en Betty). Algo se acerca a Wisteria Lane una vez más… y nadie puede pararlo.

Y atentos a cada detalle en la promo, siempre, siempre tienen  relación con algo que ocurrirá. Wisteria Lane desolada, Bree cortando rosas, Lynett con su bebé, Gabi abre la puerta y un hombre (¿Carlos?) está de espaldas a la sombra, Susan preocupada por su aspecto y maquillándose… y una nueva desesperada en el barrio.

Lara y Azahara, las auténticas protagonistas de Las Joyas de la Corona

Comencé a ver este programa sin muchas ganas, quizá por la proximidad de una nueva edición de  Gran Hermano, uno necesitaba descontaminarse del mal sabor de boca dejado por ese reencuentro que de sueño pasó a convertirse en una auténtica pesadilla infumable. Y la verdad es que ni me gustó ni me disgustó esa primera experiencia, por lo que decidí darle una segunda oportunidad.

Y desde entonces no dejo de pensar en esa cita de cada jueves por la noche frente al televisor viendo a las que llamo ya “las joyicas”. He visto ya muchos realities, tantos como para decir que quizá este es el mejor casting que he presenciado jamás, concursantes realmente complejos y a la vez tan sencillos, muy bien definidos, de caracteres contrastados, con una personalidad inconfundible, todos rematadamente (y espero me perdonen pero para eso están en el programa de las joyicas) ignorantes, lo que les hace seres realmente adorables.

Este programa no tiene precio, sólo dos espacios han logrado que no pare de reir desde el principio hasta el fin durante varias horas seguidas, uno de ellos era Tú Sí Que Vales y el otro este. Todo gracias a momentos inolvidables por muy poca audiencia que tengan. Ya lo dijo Liberto que parece sabio, y ojala tengamos la risa de Lara para mucho, mucho tiempo.

5 céntimos por un caramelo

Recuerdo de pequeño, cuando llegaba al kiosko o la tienda de “la Tere” para comprarme un sobre de pegatinas, un álbum o una revista, que cuando quien me atendía no tenía cambio de pesetas, me lo sustituía por un caramelo o un chicle, algo que nunca me disgustó, al contrario, mientras iba de nuevo de camino a casa, ese caramelo me alegraba el corto paseo de vuelta.

Esta semana, después de muchos años, al comprar la revista en un kiosko, el hombre me regaló un chicle y me dio la vuelta. Se lo agradecí y me despedí. Sólo unos segundos después caí en la cuenta de que la palabra “gracias” me había sobrado, ya que me había sustituído los 5 céntimos de la vuelta por ese chicle. Recordé entonces esa práctica habitual que ya muy pocos conservan, no estaba acostumbrado a recibir algo que no fuese el cambio exacto. Solo que esta vez ese reaglito no me alegró un trecho del camino, no como chicles, aunque traerme de nuevo este recuerdo es en cierta forma impagable.

Ana la de Tejas Verdes, el comienzo de una historia imperecedera

Cuando llegó a Bright River no había signo de tren alguno; pensó que era demasiado temprano, de manera que ató el caballo en el patio del pequeño hotel del lugar y fue a la estación. El largo andén habría estado desierto, a no ser por una niña sentada sobre un montón de vigas en el extremo más lejano.

Matthew, notando apenas que era una niña, cruzó frente a ella tan rápido como pudo, sin mirarla. De haberlo hecho, no hubiera podido dejar de percibir la tensa rigidez y ansiedad de su actitud y expresión. Estaba allí sentada, esperando algo o a alguien y, ya que sentarse y esperar era lo único que podía hacer, se había puesto a hacerlo con todos sus sentidos. […]

– No estoy esperando a una niña – dijo Matthew inexpresivamente-. He venido por un muchacho. Debía estar aquí. La señora de Alexander Spencer debía traérmelo de Nueva Escocia.

El jefe de estación lanzó un silbido.

– Sospecho que hay algún error – dijo-.[…]

La muchacha le había estado observando desde que se cruzara con ella y le miraba ahora fijamente.[…]

– Supongo que usted es Matthew Cobert, de Tejas Verdes – dijo con voz dulce y extrañamente clara -. Me alegro de verle. estaba empezando a temer que no viniera a por mí e imaginando el motivo. Había decidido que si usted no venía a buscarme esta noche, iría por el camino hasta aquel cerezo silvestre y me subiría a él para pasar la noche. No tendría ni pizca de miedo y sería hermoso dormir en un cerezo silvestre lleno de capullos blancos a la luz de la luna, ¿no le parece? Uno podría imaginarse que pasea por salones de mármol, ¿no es cierto? Y estaba segura que si no lo hacía esta noche, usted vendría a buscarme por la mañana.

No tienes nada

Parece ya lejana esta canción a la que no dejaba de aferrarme, ocho años han pasado desde entonces. La separación de ella baila sola dejó una huella importante y un gran vacío que había que rellenar. ¿Dónde quedaban ahora esas melodías, esos estribillos que se impresionaban en mi cabeza imposibles de borrar?

Hubo que esperar muy poco tiempo, Marta trabajó muy rápido con canciones que ya tenía y lanzó de repente ese disco con grandísimas canciones que por desgracia a pesar de su tremenda calidad, no calaron como deberían, pero que para los fans sigue siendo un refeente. Lo que parecía un no parar, una nueva etapa, enseguida se frenó, poco podía imaginar que aquel disco que con tantas ganas compré, sería el último que vería de ese sonido que tanto me gustaba, hasta muchos años después que vendría la otra grata sorpresa del regreso.

Esta canción, “No tienes nada”, es especial, por su letra, por su ritmo, porque tiene algo que me hace gritar más y más mientras canto, a medida que los estribillos van repitiéndose, porque en ese lugar especial de la avenida Argentina en Cuenca, ese pequeño gran lugar de reunión donde de vez en cuando íbamos a tomarnos algo, la casualidad siempre me invitaba a pasar por la puerta y gracias al inevitable destino, tras poner un pie en el local, ya estaba sonando algo de ella baila sola.

No tienes prisa por esconderte
No tienes nada nuevo que decir
No tienes tiempo para explicarte
No tienes tiempo ya para mi no
No tienes alma que se dispare
No tienes ganas de discutir
No tienes sangre que corra por tus venas
No tienes pena
Pena de mi
Que estoy pendiente y esperando
Que digas algo
Que no vas a decir
Por miedo
No no no

Vete y no vuelvas
Abre esa puerta
Y cierra por fuera no
No quiero verte
No tienes nada
Que yo quiera

No tienes nada
No tienes fuego dentro de ti
No tienes artede ti
No tienes nadie a quién compararte
No tienes vida que compartir no
No tienes alas para escaparte
No tienes ancla que te deje aquí
No quiero verte
Ya no haces nada
Ya no eres nadie
Ya no eres nadie para mi

Que estoy esperando
Que digas algo
Que no vas a decir
Por miedo no no
No tienes nada
No tienes arte
No tienes nada nuevo que decir
No tienes sangre que corra por tus venas
No tienes pena
Pena de mi
No tienes alas para escaparte
No tienes ancla que te deje aquí
No quiero verte
Ya no haces nada
Ya no eres nadie
Ya no eres nadie para mi

Que estoy esperando
Que digas algo
Que no vas a decir
Por miedo
No no no

Vete y no vuelvas
Abre esa puerta
Y cierra por fuera no
No quiero verte
No tienes nada
No tienes nada
Que yo quiera.

Soledad…

Prefería jugar solo imaginando sus propias historias y el hecho de encontrar amigos más que algo necesario casi se convirtió en una obligación cuando aquellos con los que compartía juegos en la calle desaparecieron por hacerse mayores, por crecer, a veces se sentaba pensando en cosas que ningún otro niño aún a su edad pensaba, era el último en ser elegido para los deportes en el colegio sintiendo el rechazo de sus compañeros, sintiendo que en realidad no servía para lo que el resto de niños tenían habilidad, lloraba a solas en un rincón de su habitación al pensar que algo en su vida fallaba, tan pronto, apenas con 9 años…