Contando las horas

Ya está todo preparado… no, mentira, la verdad es que no tengo nada preparado, e inmediatamente cuando termine de escribir estas líneas me dedicaré a maldecir el por qué no lo hice ayer, vamos, lo que suele pasar ante un viaje.

No, no ha sido una buena semana, llena de dejavús de esos, demasiado repetitiva, monótona y sinsentido, de hecho cada vez le encuentro menos sentido a nada. Sin embargo estaba ahí esa pequeña ilusión que ha ido creciendo a lo largo de la semana y que hoy está ya en su punto máximo, donde uno se para a contar las horas que quedan para el reencuentro.

Sólo tengo un billete y un destino y en el destino me espera una de las cosas más importantes de mi vida, mis amigos. Serán unas pocas horas pero intensas espero, como coger ese pedazo de Cuenca, esa familia Cossiera que nació entre la época de exámenes y una sala de prensa y llevarla a Toledo, aunque no estaremos todos los que somos, tarea casi imposible porque somos muchos.

Ha pasado mucho tiempo, demasiado, es hora de dejar de contar y volver a vivir.

Único e irrepetible

Hace pocas horas que se cumplían 3 y 5 años desde que su hermano y su madre decidieron dejar de sufrir y se marcharon, así, cómo quiere el destino, el mismo día. Hoy hubiera sido (y es) el 28 cumpleaños de su hermano.

Convierto hoy mi blog por primera vez en un amplificador de la voz de esa persona que tantos momentos divertidos me hizo pasar, compañero y casi amigo, superviviente, amante de los animales y la naturaleza, un gran artista, divertido y maravillosamente inteligente.

Para Adri, también desde esta parte del mundo…

Escucha la lluvia en el tejado

Cada tormenta, trae consigo la esperanza de que, de alguna manera, al amanecer, todo estará bien, y de que hasta las manchas más perturbadoras habrán desaparecido con el agua de la lluvia, como las dudas sobre la inocencia o las consecuencias de un error, como las cicatrices de una traición o el recuerdo de sus besos.

Así que aguardamos que pase la tormenta, esperando lo mejor, aunque en el fondo de nuestro corazón sepamos que algunas manchas son imborrables y nada podrá hacerlas desaparecer.

Tocar las estrellas

Parece tan sencillo en los cuentos, estrellas al alcance de la mano, sólo hace falta estirar un brazo y tocarlas con la yema de los dedos para sentir su calor y su luz, algunas tienen voz y hablan y junto con las otras iluminan las noches oscuras haciendo que el miedo y la incertidumbre de evaporen como si tal cosa.

Space Oddity – David Bowie

Nunca dejará de sorprenderme la facilidad con la que el destino prepara las cosas, este post es para alguien que un día consiguió algo más difícil que lo que relatan los cuentos, tocar una estrella, y que hoy se ha convertido en una de ellas.

Neil Armstrong: “Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”

Aún faltaban muchos años para que yo naciese, cuando la gente se reunía con vecinos y amigos en aquella noche de 1969 frente a los pocos televisores en blanco y negro para ver pisar la luna por primera vez, escuchando esas palabras, ya leyenda, de un hombre que nos abandona hoy, Neil Armstrong, a la edad de 82 años, algo que deja constancia de que los viajes al espacio al menos no son tan nocivos.

Aquella frase, estuviera o no preparada para cuando se pisase el suelo lunar, significó el primer paso de un rumbo, un camino que continúa para el hombre, abriéndose paso por el universo, incluso llegando a sus orígenes. Miramos al cielo y sólo vemos un vacío inmenso salpicado de estrellas, pero allá arriba, invisibles a nuestros ojos porque no brillan, hay satélites que siguen indagando en la vida desconocida, naves que van en busca de respuestas a preguntas.

Al final todo es roca, agua, elementos, y las respuestas que buscamos las tenemos tan cerca como que somos nosotros mismos la composición de aquello que podamos encontrar ahí fuera por muchos años luz que haya de diferencia. Aún así, la ilusión sigue intacta, porque aunque podamos encontrar parecidos allá afuera, nunca se sabe lo que el tiempo y el espacio han podido hacer a su antojo y albedrío.

American Horror Story Asylum, regreso al terror

Una auténtica locura, una genialidad, una vuelta de tuerca al género de las series y, en concreto, al terror, tan irresistible como comer pipas una detrás de otra sin parar. Y es que definir American Horror Story en su primera vuelta no es tan sencillo, algo inimaginable cuando ya estamos pasados de rosca con géneros tan trillados y que apenas sorprenden, después de haber dejado por el camino a ciertas Mujeres Desesperadas y algunos Perdidos.

Con temporadas cada vez más cortas (que la BBC puso tan de moda hace unos años), son de agradecer esos magníficos 12 episodios, que aunque intentase alargar en el tiempo, uno por semana o a veces incluso uno cada dos semanas alternando a Dexter y Smallville entre otras, se hicieron cortos, pero bien intensos. Ya desde el principio logró llamarme la atención una historia común, la de aquellos niños cercana la década de los 80 en la casa del crimen. Fueron sus personajes, la niña con Síndrome de Down, Addie, tan misteriosa y sin embargo nada tan sencillo e inocente, y posteriormente esos brillantes papeles de personajes que se entremezclaban tras el salto temporal, cada uno con su misterio a cuestas.

Lo que más aprecio en una serie es que todo esté hilvanado, que desde el principio uno se dé cuenta de que la historia ya está escrita y tendrá un principio y un final, que no haya personajes satélite de estos que aparecen de la nada para crear otra línea argumental ajenos a la historia que interesa de verdad. En American Horror todo pasa por un motivo, la casa del terror en la que el pasado se hace presente y en la que no existe un futuro hacia el que mirar más allá de la muerte.

Cuento los días para disfrutar de otra maravillosa temporada a la que han nombrado Asylum. Será la primera vez que una serie de nueva generación (y dudo si alguna vez alguna otra serie no procedimental ha hecho esto), cuente con muchos de sus protagonistas de la primera temporada haciendo distintos papeles. Otra genialidad y otra vuelta de tuerca para hacernos disfrutar. La primera noticia llegó al saber que Asylum contaría de nuevo con Jessica Lange (nuestra querida Constance) en el papel de monja en un hospital siquiátrico, con la cantidad de historias que un hospital lleno de menbtes enfermas puede aportar. Sólo espero que no recurran a los sustos fáciles y sepan mantener el nivel de “agobio” y misterio que destiló la primera entrega.

Durante estos días nos han asaltado varios teaser trailers de lo que nos depara el mes de octubre, cuando sará comienzo, pocos días después en FOX España. Seguro que detrás de cada uno de estos teaser hay una historia escondida que descubriremos en menos de tres meses.

Érase una vez (II) – Si a alguien me parezco más que a nadie en el mundo

Esta mañana me levanté como cada día, el cerebro ya se encargó de llevar a cabo las tareas rutinarias de antes de las 7 de la mañana, desayuno y ducha, aunque después de las 7 parece que soy yo el que toma el control de la situación para vestirme, echarme gomina en el pelo y peinarme y dejarme “to wapo”.

Todas las luces apagadas dispuesto a salir y una voz suena de repente: “nos vamos a Madrid”. Vuelta a deshacer el camino, aún sobra tiempo, siempre sobrará tiempo y si no se crea. Dos besos de felicitación de cumpleaños en la más absoluta oscuridad pero aún faltaba algo, total, mi cerebro no me había avisado de lo que hace este día diferente a los demás. Un regalo que tenía preparado a medias, con ilusión lo saco y se lo entrego cuando aún está tumbado y le digo “no te me duermas con él en las manos”.

Ella de fondo me recuerda que ha dejado algo de comida en el frigorífico. Mientras abro la puerta y salgo, todavía sigue enumerando nombres de comida.

No puedo negar que soy como él, que hago lo mismo que él, que sus gestos son los míos y sobre todo que somos físicamente un calco casi exacto, de mirada penetrante y ojos grandes, nariz prominente, bonita sonrisa y un porte de modelo.

Feliz cumpleaños papá.