Bien está… lo que bien acaba, recordando “Cinco en Familia”

No tengo la costumbre de hablar profundamente de aquellas series que me han hecho vivir tantos momentos y que se han mezclado con otros tantos de mi vida de una forma u otra. No suelo hacerlo porque si me pusiera a escribir sobre ello seguramente dejase olvidadas algunas cosas importantes, porque habría tanto que contar que casi sería inabarcable expresarlo. Quince, sí, quince años es lo que me ha costado decidirme a hablar sobre una de las series de mi vida. Y aún así muchas cosas se han quedado fuera. Quizá dentro de otros 10 años pueda definir lo que he sentido con PERDIDOS, pero para saber lo que ha significado algo, hace falta tiempo.

Era la noche del 12 de septiembre de 1994, cuando nacía en FOX la serie de drama familiar ‘Party of Five’. Por aquel entonces en nuestro país la inmensa mayoría no contábamos con internet, no existían portales de descargas de series extranjeras no comercializadas en España y sólo contábamos con la información televisiva de las series que iban llegando a nuestra pequeña pantalla, sin posibilidad apenas de saber lo que se cocía más allá de nuestras fronteras, en resumen, nuestra mente estaba aislada, nos perdimos muchas buenas series y sólo podíamos ver lo que nos traían de fuera. Por suerte para todos, ahora el panorama ha cambiado mucho. Rara es la serie que no llega hasta nosotros y si no es así, somos precisamente nosotros los que vamos a por ella.

Las imágenes de este artículo están extraídas de los DVD oficiales, de los momentos clave de la serie que he pretendido ilustrar.

‘Party of Five’ no llegaría a España hasta el verano del año 1996 y sólo tras haber conseguido el serial con sus dos primeras temporadas un Globo de Oro a la Mejor Serie, algo que hizo que la misma fuese valorada por la crítica consiguiendo registros de audiencia muy lejanos a los bajos índices cosechados en su primera temporada, tras la cual la serie estuvo a punto de ser cancelada definitivamente.

Imagen de la primera secuencia de la serie

Ese Globo de Oro en 1996 sirvió para que viese la luz en nuestro país. La cadena encargada de tal labor fue Telemadrid, pionera en la emisión de series juveniles durante varios veranos tras el rotundo éxito y que pronto se propagó por el resto de cadenas autonómicas. Así ‘Party of Five’ se convirtió en ‘Cinco en Familia’ en las sobremesas de verano de la cadena, emitiéndose las dos primeras temporadas seguidas en discontinuidad (el espectador era sorprendido con uno, dos y días de incluso tres episodios sin saberlo previamente).

La serie contó antes de su emisión con una promoción como ninguna otra había disfrutado en la cadena hasta entonces, ocupando todas las franjas juveniles hasta las 21:30 y aportando a la misma un aire de frescura añadiendo a las imágenes canciones de éxito del comienzo del verano, la primera de ellas de Robbie Williams. El día en que vi la primera promo me encontraba en medio del pasillo de mi casa, no sabía absolutamente nada cuando empezó a sonar aquella canción que tanto éxito estaba teniendo, así que rápidamente me dirigí al salón donde estaba puesta la tele. Allí de pie fue donde por primera vez vi las imágenes de la serie de mi vida (con permiso de ‘Perdidos’), con Owen en los brazos de Claudia con una Neve Campbell que firmó un pacto con el diablo para no envejecer desde que la ví por primera vez en ‘Catwalk’, ese Bailey interpretado por Scott Wolf que ahora se codea con los visitantes y con ese personaje interpretado por Matthew Fox que tampoco sabía que ocho años después iba a hacer que estuviera PERDIDO, que ocuparía cinco años de mi adolescencia y que sin yo saberlo, me ayudaría a elegir mi destino dos años después.

Claudia toca el violín en cuya funda siempre guarda la foto de su madre
Charlie se presenta en la serie por primera vez

La serie pronto se ganaría el respaldo de la audiencia y poco después, junto al tandem formado en cada sobremesa con ‘Mamma Mía’ de Francine Galvez y Víctor Sandoval, se convertiría en una de las franjas de mayor éxito autonómico sólo superada por el cine (según los datos ofrecidos por el responsable de contenidos en una visita que tuve en Madrid). Verano tras verano, cada año llegaba puntual en julio la temporada correspondiente, aunque esta vez a emisión de un episodio por día, emitiéndose las temporadas previas a finales de junio para dar paso a la novedad. Los dos primeros veranos de los años 1996 y 1997 en mi casa se creaba una pequeña rutina diaria, tras acabar de comer, me dirigía a mi habitación con mi perro (sí, Yoko) y mientras él se sentaba a mirarme esperando salir a la calle, yo comenzaba a ver el capítulo que deseaba con tantas ganas. En la primera publicidad larga, aprovechaba para sacar a mi mascota y después ya veía el resto del episodio tranquilamente antes de ir a la piscina.

Primera vez que se muestra el logo del restaurante de los Salinger

En el verano de 1998 sufrí la primera inflexión en mi vida. Tras haber estado estudiando la EGB y posteriormente FP2 y tras haber sido rechazado en la Universidad Politécnica de Madrid por un error al informarme del empadronamiento que no tenía en la ciudad en 1997 y haber pasado un año haciendo COU de letras y la selectividad (todo aprobado y con muy buena nota), se me abrieron dos caminos importantes, uno con la nota de FP2 y otro con la nota de la PAU, ciencias o letras (que no es tan filosófico como hombre de ciencia, hombre de fe, pero casi). Mi gusto por el cine y la televisión eran crecientes y decidí que no podía desaprovechar una oportunidad como la que me ofrecieron ante mis ojos, una carta de la Universidad Complutense de Madrid me informó de que había sido aceptado para realizar los estudios de Comunicación Audiovisual. Enseguida me dispuse a buscar piso en la capital, encontrando un bonito ático económico que compartiría con el que ahora es el marido de mi prima. Todo estaba ya dispuesto a tan solo unas semanas de poder hacer la matrícula…

Thurber, siempre presente en la serie, desde el principio hasta el final

En uno de los episodios de la temporada 4ª de ‘Cinco en Familia’ en aquel momento, Julia, interpretada por Neve Campbell, estaba en la misma situación que yo, la duda. A escondidas de sus hermanos, echó una carta de petición para una Universidad y mientras se alejaba de aquel buzón, la pantalla se fundió en negro. Yo hice lo mismo. Sin que nadie se enterase, y habiendo aprendido la lección de 1997 en que me quedé sin nada, decidí asegurar mi futuro con dos opciones. Aún no lo sabía, pero aquel gesto impulsado por aquella escena, me conduciría pocos días después a lo que hoy soy y a conocer a los amigos que ahora tengo, algo increíble y que jamás cambiaría por nada.

Efectivamente, unos días después, fui elegido en el puesto nº 11 (el nº 11 siempre persiguiéndome) para realizar Ingeniería Técnica de Telecomunicación en Sonido e Imagen, allí estaba, yo parado frente a la mesa de la biblioteca antigua mirando mi nombre seleccionado. De repente mi cabeza se distanció de aquel lugar, aquella aceptación implicaba vivir en el mismo lugar donde lo hizo mi hermana años antes, lejos de la ciudad donde nací, lejos de todo, como comenzar una nueva vida con nueva gente. La idea fue tan tentadora que, tras una semana intensa de discusiones con el que iba a ser mi compañero de piso en Madrid, viajes de ida y vuelta sin hablarnos al tener que ir a recoger la fianza y discusiones y distanciamientos con mi prima incluída (algo por suerte ya subsanado con el tiempo), ya no había marcha atrás, decidí quedarme con Cuenca. Una historia amarga en sus inicios, pero con el final más feliz imaginable, mis primeros amigos DE VERDAD.

Owen toma su biberón de la mano de Bailey

Los siguientes veranos de los años 1999 y 2000, la serie continuó su camino emitiendo las temporadas 5ª y 6ª, siendo esta la última temporada. Durante todo este tiempo intenté mantener intacta esa especie de tradición, sin bien ahora Yoko salía más tarde a la calle y ya no me perdía nada de los episodios (de hecho aún hoy hay partes de las dos primeras temporadas que no he visto, incluído el momento de la muerte de una de las novias de Bailey). De entre todos, recuerdo del final dos episodios muy especiales, el de noche vieja y la escena final.

La familia Salinger no se caracterizó por tener una vida fácil en la pequeña pantalla, de hecho la serie comienza apenas seis meses después de que sus padres murieran en un accidente de tráfico al ser golpeados por un turismo que conducía un hombre en estado de embriaguez (y que conocerían más tarde). A eso hay que sumar los maltratos de Julia, el cáncer de Charlie, la enfermedad mental de una magistral Kirsten (Paula Devicq) y la adicción de Bailey al alcohol, los típicos temas que antes no lo eran tanto, un recurrente en otras series que ahora sin embargo caerían en saco roto.

La última promo

[Hago un pequeño paréntesis porque no me gustaría seguir adelante sin mencionar lo especial del personaje de Kirsten, que aparece en la serie como un ángel por la puerta de la casa de los Salinger y cuya presencia en cada episodio iba a ser especial de una forma que aún hoy me hace sentir una cierta emoción como aquellos días. Kirsten era un personaje habitual, con su rol protagonista pero sin llegar a serlo, de hecho no fue hasta las últimas temporadas que comenzó a salir como personaje principal. Tras la ruptura con Charlie, se convirtió en un fantasma, en una esperanza, en alguien a quien deseabas volver a ver con muchas ganas. Episodio tras episodio, mientras los rótulos iban pasando por la pantalla al comienzo, miraba atentamente esperando impaciente a que saliera su nombre, Paula Devicq, allí abajo. De aparecer, supondría sorpresa. Podría ser en medio de una calle, en cualquier parte, ella estaría allí, siempre fue y será como un amuleto para la serie, los que lo veíamos esperábamos con ansias que tras aquel fatídico episodio de la boda, Charlie y ella volvieran a unirse, pero los guionistas hicieron que desesperásemos amando esa escena, conscientes de que su personaje estaba destinado aúnn a seguir vagando. Hoy me queda en el recuerdo Kirsten como uno de los personajes de una serie a quien más amé, a quien intenté comprender y que me acompañó de cierta manera entre la adolescencia y el mundo adulto. Aún recuerdo su rostro contra el cristal del coche en una tarde de sol… en aquel momento dejé atrás mi adolescencia progresivamente de alguna forma.]

Llaman a la puerta, Bailey abre y aparece un ¿ángel? No, es Kirsten Benett

Llegaba la nochevieja del año 1999 al 2000, el episodio ya nos llegaba un poco tarde. Pocos saben hoy cuál era el nombre del perro de los Salinger, lo nombraron pocas veces, aunque siempre estuvo allí, se llamaba Thurber. Fue en aquella noche de perros después del año nuevo cuando decidió abandonar a la familia para siempre. En el episodio, uno a uno, Julia, Bailey, Charlie, Claudia, Owen, eran conducidos hasta aquel hospital veterinario donde todos se reunieron para decirle un último adiós y el día después esparcir sus cenizas en un lugar que prefiero no desvelar. Una vez más la serie tocó en el futuro mi propia vida. Sería seis años después cuando en una situación similar dijese adiós a Yoko para siempre.

La escena final de la serie me pilló en mi habitación. Me senté en la silla donde comencé a verla hacía cinco años atrás, en el mismo lugar, en el mismo televisor, todo estaba llegando a su término y el episodio pasó en un suspiro cuando en la escena final retiraron aquel mueble de la habitación y destaparon una pequeña “caja de pandora” del tiempo que desconocían, un guiño final que dejó un sabor de boca inmejorable. Bien está lo que bien acaba. Lágrimas en mis ojos con sollozos que no pude contener, sin querer que aquella magia acabase, sin querer que se me escapase de las manos aquella serie que me había acompañado en alguno de los momentos más difíles de mi vida, cambiándola para siempre. Aquella tarde pude descargar la tristeza aunque su recuerdo me quitó el aliento y me puso un nudo en la garganta durante varias semanas.

Tradición familiar, desde la muerte de sus padres, siempre quedan para cenar en el restaurante

Es octubre de 2010, han pasado más de diez años desde aquel momento en que por primera vez me despedí de una serie de la que era consciente de su importancia. Un tiempo en que las cintas de VHS permanecen aún intactas en la estantería con todos y cada uno de sus ciento cuarenta y dos episodios con carátulas creadas con una máquina de escribir, fotocopias y un poco de arte por mi parte, esperando volver a cobrar vida a pesar de que me resisto a verla de nuevo porque prefiero recordarla como lo que fue y lo que me transmitió, pero caeré en la tentación un día. Porque alguien me enseñó que está bien mirar hacia el futuro, pero que lo que vivimos en el pasado y aprendimos, es lo que hace de nosotros las personas que somos hoy, y nunca debe pesarnos el echarlo de menos, porque aunque la tristeza aflore y de nuevo notemos un nudo en la garganta, es esa sensación por lo que merece la pena estar vivos.

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