Harry Potter Wizard’s Collection, la edición ¿definitiva?

Espero que sí, que sea la edición definitiva, aunque nunca se sabe en un futuro, con tanto remake que se estila ahora, si alguien decida dentro de unos años volver a rehacer las películas de la saga de libros de J.K. Rowling.

Hace algunos años llegaron a España las ediciones “ultimate” de Harry Potter, concretamente de las dos primeras películas en blu ray, copia digital y extras nunca vistos además de algunos regalos de merchandising. Y ahí se quedó, mientras que en el resto de Europa continuaron saliendo, en nuestro país nos tuvimos que conformar con este lanzamiento que no continuó, a pesar de que los discos eran los mismos para todos los países del continente y llevaban traducción al castellano de los extras y menús y doblaje íntegro.

Parece que se hayan estado reservando los discos que nunca vieron la luz hasta ahora para lanzar esta Wizard’s Collection, un baúl enorme lleno de sorpresas, con 31 discos con las películas en blu ray y dvd, extras y un disco escondido (no diré dónde, no tardé mucho en encontrarlo eso sí) divididos en varios cajones y en forma de libro.

El nombre de la edición tiene su sentido, el baúl es como un pequeño engranaje de misterios y trucos. Además de los discos, trae bastante material para los más fans de la saga como bocetos, libros de sellos y artefactos, un mapa de situación o un pergamino, pero lo que más me sorprendió fue el mapa de tela del merodeador, simplemente espectacular, y el guardapelo, de gran calidad.

El baúl viene con un certificado de autenticidad de edición limitada en el que se puede ver que la tirada es de poco más de 60,000 ejemplares. Una edición muy cuidada y original que merece la pena, tanto como objeto decorativo para los que somos fans de Harry Potter, como por las cientos de horas extra que nos transportarán una vez más a ese universo.

Encaje y esponja

No sé si puede haber imágenes más fuertes que las vividas en los últimos días en el país, concentraciones que terminan a hostia limpia entre manifestantes y funcionarios a los que pagamos para que nos den de hostias, que ya es el colmo de la estupidez humana, pero la escena que he presenciado esta mañana me ha dejado con cara de asco y repudio.

Los niños son como esponjas, absorven todo tipo de información y, sin que nos demos cuenta, están pendientes de nuestros gestos y palabras con los cinco sentidos, por algo después los hijos salimos casi siempre a los padres.

Tras la salida del colegio, una madre estaba hablando a sus dos hijos pequeños, que no tendrían más de 5 ó 6 años, acerca de lo malo que es el presidente actual, de los despidos y recortes a los funcionarios, una serie de información imposible para un niño de esa edad. Por supuesto no he podido escuchar toda la conversación mientras iba detrás por el mismo camino, pero lo que he escuchado en cierto momento de cada uno de los dos pequeñajos me ha dejado asombrado y asustado: “todos los políticos son una mierda”, “sí, hijo, son todos una mierda”. Todo mientras la madre seguía con su charla como si estuviese hablando con adultos, explicando en lenguaje tierno a sus dos hijos la situación actual y lo que a ella le convenía sobre la presindencia actual y la anterior. Inaudito.

Por qué no dejan que los niños sean niños, bastante tienen ya en el colegio como para que una madre les machaque con sus problemas como si fueran adultos, metiéndoles ideas preconcebidas en la cabeza con las que crecerán sin dar lugar a que puedan opinar libremente porque eso ya estará ahí dentro influyendo en sus decisiones aunque no lo quieran.

Hoy una vez más me alegro por haber tenido y tener la madre que tengo, porque no me saturaba la cabeza con problemas de mayores, por dejarme decidir a cada momento sin hilar mi vida y plasmarla en una tela previamente cortada para que yo encaje en ella a su perfección.

Sólo quedaba yo

No es el tipo de colchón de siempre, algo más duro, ese especial que tengo desde pequeño para corregir la espalda (que ya se me quedó bien hace tiempo), y al que me acostumbré, pero el sitio para dormir está genial y al fin y al cabo, para dormir ahí ya sólo quedaba yo.

La habitación de las niñas, de mis hermanas, fue antes la habitación de mis padres, hasta que ambas se intercambiaron pared con pared. Muy pronto el lugar donde de pequeño no hacía más que despertar a mis padres los sábados por la mañana lanzándome en la cama, se convirtió en terreno vedado por mis dos hermanas, el acceso a la habitación se convirtió en una ardua tarea, puerta cerrada, cuchicheos… esas cosas de chicas. Y yo, que quiero y siempre he querido lo que no tengo y siempre he querido hacer del “no puedo” un “puedo hacerlo”, me metía como podía y donde podía, como buen hermano pequeño.

Aproveché la visita de nuestros amigos, los arregla paredes de humedad que actuaron en mi habitación, para instalarme casi de forma definitiva en ese lugar de la casa, donde he pasado un primer verano sin calor excesivo y donde si puedo pasaré un invierno calentito, lejos de mi habitación encantada, esa que parece un horno cuando más calor hace y un congelador cuando hace frío, todo lo contrario al resto de estancias.

Mi madre ya anda diciéndome que me vaya despidiendo de dormir en la nueva cama y vaya pensando en volver a la mía, por eso de que se gastó tanto en un colchón bueno, pero creo que podré salirme con la mía.

The last remember Mujeres Desesperadas

Aunque sabía que se estaba acercando, mi cabeza parecía no querer admitirlo, pero ya no le ha quedado más remedio, de repente los episodios han tomado un rumbo que huele a un final, de esos que me dejarán delante del televisor, durante varios minutos, con un gran vacío cuando todo acabe.

‘Mujeres Desesperadas’ llegó a mi vida hace ocho años, un jueves por la noche, en la misma semana en que se estrenó en nuestro país ‘Perdidos’. Ambas iniciaban un camino que la cadena FOX España daba a conocer como “las series de nueva generación”. Estas series se diferenciaban de las otras que habíamos visto de pequeños en sus tramas, mucho más elaboradas y complejas, además de una mezcla de géneros en los que tenía cabida el misterio. ‘Mujeres Desesperadas’ era y es la mezcla perfecta de comedia, drama y misterio.

Vi el primer episodio en el salón, y aún recuerdo ese cosquilleo y esas ganas de descubrir otra de las nuevas series que abrirían un camino que en ese momento jamás hubiera acertado a pronosticar. Hacía pocas horas que mi boca se había quedado abierta con el final del piloto de ‘Lost’, así que decidí olvidar todo lo visto y me dejé sorprender con la primera y sorprendente escena en que su protagonista principal se suicida. Por mi cabeza pasan las imágenes de un día normal, de Martha Huber acercándose a por su batidora cuando por la ventana ve el cuerpo y el charco de sangre. Y aquel final en que las cuatro amigas reciben una carta de amenaza y el misterio hace acto de presencia mientras la cámara se aleja, dejándome con tantas ganas de más y preguntándome por qué Mary Alice se suicidó.

La primera temporada fue trepidante, combinando el sentido del humor (he de confesar que muchas veces han consegido que me tire por el suelo de la risa) con los pequeños detalles que ayudaban a resolver el misterio del suicidio, tan complejo, que fui incapaz siquiera de imaginar la realidad de lo sucedido. Una traca final de sucesos que me dejaron impresionado por el detalle con que se había cuidado cada personaje y movimiento.

El resto de temporadas se basaron en otros misterios concretos que me resultaron algo más sencillos de resolver, sólo a la espectativa de saber si mis intuiciones eran ciertas. Mientras que la sensacional primera temporada se centraba en el suicidio de Mary Alice y la tormentosa relación de la familia Young, la segunda nos trajo a Wisteria Lane a nuevos inquilinos, los Applewhite y el misterioso personaje que guardaban en secreto en el sótano. El final de aquella fase nos trajo a Orson y la desaparición de su mujer, una temporada irregular debido a la huelga de guionistas que hizo que los misterios se desencadenasen antes de lo previsto. Con la cuarta temporada, la casa de los sucesos (casi comparable ya a la de American Horror Story) recibía después de doce años a su antigua propietaria, Katherine Mayfair con todos sus secretos, permitiéndonos conocer más detalles.

La quinta temporada nos trajo consigo un sensacional regalo, cinco años adelante en el tiempo. He de decir que fue una de las temporadas que más disfruté después de la primera, quizá por el hecho de ver a esos pequeñajos de Wisteria, que ahora ya no eran tan enanos, tomando el control de muchas de las tramas, haciendo cobrar vida y dando un nuevo sentido al barrio residencial más famoso de la tele. De hecho, a fecha de hoy, cada vez que veo a Porter, Juanita o MJ, echo la vista atrás, como si a pesar de saber que sólo es una serie de televisión, realmente hubiera formado parte de mi vida de alguna forma.

MJ siempre ha conseguido sacarme una sonrisa gracias en parte a su sensacional doblaje al castellano, esa cara de pillo e inteligente y esa vocecita, se convertiría sin quererlo en uno de los protagonistas del final de la quinta temporada como parte de los planes de Dave. La siguiente y sexta temporada se centró en el misterio de los nuevos vecinos, los Bolen, una familia aparentemente familia y perfecta, nada más lejos de la realidad. Tras esta temporada, decidieron rescatar a viejos personajes, puede que ya intuyendo el cercano final de la serie, resolviendo por fin los cabos sueltos de Paul Young.

Para la última temporada y final, después de tantas vicisitudes, ya no serían ni nuevas familias ni antiguos vecinos, sino el crimen de las propias protagonistas, una vuelta de tuerca final para aquellas que siempre habían visto todo desde la ventana, ahora el misterio eran ellas mismas.

La serie me deja momentos inolvidables. Nunca olvidaré algunas de las muchas frases finales de cada episodio que, a modo de epíteto, ponían cada semana punto y final al episodio en la voz de Mary Alice, frases que siempre han conseguido emocionarme y hacerme llorar, algunas veces con una sonrisa acompañando y otras con una desconsolación total por la intensidad de las palabras y lo acertado de su mensaje, basadas en cosas que todos los seres humanos hemos pensado o vivido en alguna ocasión.

No podré olvidar el intenso final de “Bang!”, el episodio del supermercado, el que hasta el momento ha sido inigualable y es por derecho el mejor episodio de una serie que haya visto jamás además de la verdadera esencia de ‘Mujeres Desesperadas’. Como tampoco podré olvidar los emocionantes episodios que sólo encuentran comparación con series como ‘Falcon Crest’, en que vivimos esa incertidumbre del suceso de la avioneta o del tornado que llegó a Fairview.

Esta última temporada me ha dejado otro de los grandes momentos,y ahora comprendo que necesario, que ha conseguido que me tire todo un episodio llorando, precisamente, como bien dije antes, por el hecho de que la serie y sus personajes llegan a formar parte de la vida de uno, se meten cada semana dentro de ella y juegan a tocarte en lo más profundo. Es por ello que, si bien el final del episodio de la muerte de Mike Delfino, uno de mis personajes preferidos, de esos que pedí muchas veces hablando solo al televisor “por favor que no se muera nunca”, me dejó trastocado, no fue tan intenso como lo que vino después con su funeral, uno de esos episodios “flashback” que tanto me gustan (como el del manitas) en que la serie te muestra que el día a día cobra sentido con cada persona que nos cruzamos, que todo lo que nos dicen y nos enseñan sirve para remodelar nuestras vidas en uno u otro sentido aunque parezca que no son importantes hasta que las perdemos.

Ayer asistí a una de esas grandes escenas que me costará olvidar y que hizo que las lágrimas fluyesen, la secuencia en la que Susan reconduce el dolor de MJ por la pérdida de su padre lanzando unos botes de mermelada hacia la pared. No puedo describir lo que sentí cuando MJ deja resbalar por su mano uno de los botes y decide que su dolor debe ser compartido a través del abrazo de su madre.

Porque esta serie está llena de momentos mágicos que de repente hacen que tu mundo se pare, te hacen reflexionar, con palabras o simplemente llevándote de la mano a través de una historia para terminar en un tiempo en el que tu vida y la de los personajes parecen darse de la mano. Entonces sale una sonrisa de complicidad o unas lágrimas de tristeza, creando un lazo que te une a ella, inseparable.

Ahora estas dos, las dos primeras series de esa llamada nueva generación se acaban para siempre, en mi espacio temporal. Nunca escribí sobre el final de ‘Perdidos’, probablemente nunca escribiré sobre el final de ‘Mujeres Desesperadas’, quizá porque, al igual que hice con ‘Lost’ y acabo de hacer ahora, prefiera contar lo que siento antes de que todo termine, y una vez termine, no haga falta contar nada porque ya se sepa lo que siento sin necesidad de hablar, algo así, tan parecido, como cuando perdemos a alguien que queremos tanto.

Diario de… multados por defender los derechos de los niños

El pasado mes de junio en Talavera de la Reina, al igual que en muchas otras ciudades españolas, muchos padres y madres se echaron a la calle, organizando concentraciones para defender los derechos escolares de sus hijos, ante tanto recorte que ya está empezando a tocarnos ahí bien abajo.

Unos meses más tarde una de mis antiguas compañeras de trabajo, al igual que otros muchos asistentes a esta concentración, acaban de recibir en sus casas una carta del ayuntamiento penalizándoles con, ¡ATENCIÓN! ¡¡600 € de multa!!

Como si hubieran sido 2€ o unos céntimos, ¿dónde ha quedado el derecho a la libertad de expresión? ¿Dónde está ese supuesto estado de democracia que sólo nos vale para limpiarnos el culo cada 4 años votando a desconocidos que salen rana y hacen lo que les da la gana? (Lo digo para quien vote porque yo desde que tengo derecho no lo he hecho en la vida precisamente para no tener que arrepentirme). Y todo por mirar por los derechos de sus hijos, una multa bestial que bien le servirá al ayuntamiento para comprar buenos coches o arreglar carriles bici que cuando no están recién pintados son manchas en la carretera.

El programa Diario de… de Mercedes Milá supuestamente ya se ha puesto en contacto con algunos afectados y por mi parte les he hecho llegar la denuncia. Parece mentira que en pleno siglo XXI tengamos que recurrir a un programa de televisión para denunciar unos hechos porque nadie más hace caso, ni siquiera los juzgados, donde nadie ganaría nada puesto que la concentración según ellos no fue comunicada con previo aviso. ¿Si la hubieran comunicado les hubieran permitido hacerla? No.

Seguramente no se pueda conseguir ya nada, pero al menos mostrar la realidad de lo que está sucediendo en este país nos sirva para que haya una gota que colme el vaso y alguien acabe con esta pesadilla.

La casa de un hombre es su castillo

El lugar donde uno puede desear, puede hacer y deshacer libremente, opinar, expresar alegrías y arrojar lágrimas sin miedo a nada y sin tener respuesta, formar una familia, rodearse de amigos o estar solo.

A veces, en lugar de un castillo, la casa de un hombre es el foso, uno que ni siquiera es suyo, que comparte y que no quiere, un hogar previo a cruzar el puente soñado.

@fotografía de Mr. Monster (basado en la frase de Thomas W. Coke)

Un baño de agua tibia

Todavía puedo cerrar los ojos e imaginar que me voy introduciendo en el agua caliente de una bañera. Primero los pies, que van a su ritmo, siempre por delante, comunicando al cuerpo lo que le espera, agua templada y relajante que se va extendiendo a todo el cuerpo hasta llegar al cuello. Calma total.

Un baño de estos ya sólo cabe en mi imaginación, desde que se impuso la conciencia colectiva del gasto de agua y cambiamos la bañera por un plato de ducha y, ahorrar se ahorra en dinero y en salud para el planeta, pero nadie quita que ese deseo siga ahí dando vueltas y sólo pueda ser disfrutado en ocasiones muy especiales y eso que nunca me he metido en un jacuzzi (con lo que soy yo de Gran Hermano).

Muy atrás quedan esos sábados por la mañana en que mi madre me acariciaba con cuidado mientras me lavaba el cuerpo y la cabeza, en que sobre la superficie del agua navegaban algunos juguetes y me tiraba las horas muertas imaginando historias de barcos y tesoros o por el mismo aburrimiento, siendo un poco más mayor, uno se arrancaba a entonar una canción en el lugar con la mejor acústica de la casa.

Ahora que lo recuerdo, Yoko aún llegó a esa época de la bañera y nos preguntamos al cambiarla, cómo nos las apañaríamos para meterle en un plato de ducha. Suerte que al sentir el agua se quedaba de piedra.