El séptimo cumpleblog (especial 3,000,000 de visitas)

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El siete, ese número mágico con tantas connotaciones en nuestras vidas, las vidas de un gato (azul), los años de mala suerte al romper un espejo roto y mirarse en él, los siete días de la creación y su contínua repetición en el apocalipsis del final de nuestras vidas, el siete, ese número perfecto.

El siete, los siete días de la semana, las siete notas musicales y los siete colores del arco iris (tradicionalmente, venga, vamos a repetirlos como nos enseñaron en la escuela). Las siete maravillas del mundo, las antiguas y las nuevas. El siete es el número del universo, con sus siete rayos con nombre, Sthula Sharira, Linga Sharira, Kama Rupa, Kama Manas, Manas, Buddhi y Atma. El siete es la balanza y la pareja. Siete son las ramas del saber, Raja, Karma, Jnana, Hatha, Laya, Bhakti y Mantra y siete son las ciudades sagradas, Ayodhya, Máthura, Gaya, Casi, Kanci, Avanti y Dv Araka.

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Aunque el número once es el que más me ha acompañado a lo largo de toda mi vida (y aún hoy sigue haciéndolo de forma misteriosa), mi vida parece regida por el número siete. Hoy confesaré que a los 7 años rompí un espejo y me miré en él. No soy especialmente supersticioso, antes sí, ahora ya no, soy de los que pasa debajo de las escaleras sin temor, de los que no se asusta por cruzarse con un gato negro y de los que ya no hacen tonterías cuando se cae la sal o veo a alguien vestido de amarillo, aprendí a pasar de las supersticiones.

Y aunque no soy supersticioso, sé reconocer algunas cosas y una de ellas es que mi vida ha ido en ciclo de 7 años, pero no siempre para mal, muchas de las veces para bien, cambiando sin querer, quizá fruto de la casualidad, desde que rompí aquel espejo. A los 14 aprendí a ser adulto haciéndome más fuerte, a los 21 abandoné mi soledad para cambiar drásticamente de vida y conocí a los que hoy son mis amigos, a los 28 la vida se llevo mi cincuenta por ciento, a lo que más quería, a mi siempre amigo eterno Yoko al que dediqué el nombre de todos mis proyectos desde entonces. Estoy en los 35, esperando saber si el destino reserva algo o si ese espejo ya se cobró su deuda. A lo mejor el cambio se está produciendo poco a poco, en este mismo momento, y no sepa ver su cara hasta que pase el tiempo.

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Este blog se inició en otro lugar y con otro nombre un 11 de octubre, por el mero hecho de escribir y compartir con los demás, con ese mundo que es una audiencia inmensa, en el que siempre hay alguien para escuchar. Apenas dos meses más tarde y tras la trágica pérdida, Yoko le dio otro sentido y su nombre.

Est teclado está diciendo basta, tras pulsar cada una de sus teclas millones de veces, algunas no se quedan marcadas, os invito a ver que la letra “e” desparace de vez en cuando de las palabras. Su sucesor está aquí al lado y hay que darle paso antes de que mis cabreos al leer lo escrito aumenten.

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Esta celebración del séptimo cumpleaños del blog es muy especial por muchas cosas. El 8 de octubre así como quien no quiere la cosa, las estadísticas reflejaron ya más de 3,000,000 de visitas durante todo este tiempo. Tres millones de miradas que me ilusionan y que se hace una cifra enorme e imposible de asimilar lo suficiente como para ser consciente de ella. Pero no son sólo esos tres millones. Durante esta aventura surgieron otras, El libro gordo de Petete para los niños con sus más de 600,000 secretos, Mars & McLeod con más de 350,000 seriéfilos, el blog no oficial de Mujeres y Hombres y Viceversa con 1,500,000 seguidores, o la pasión por los videojuegos destada en Yoko’s Play con más de 2,300,000 jugadores.

Esos blogs han sido partícipes de parte de mis pasiones y desde hace unas semanas llegan a un nuevo nivel, el de los dominios propios abandonando la casa que los acogió. De esta forma nació primero el lugar que pronto, ahora en prueba, será el centro de todo, el cerebro, la placa madre, el motor, Yoko y Yo.

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La pasión por el entretenimiento no desaparece, Yoko’s Play y Mars & McLeod se fusionan para dar forma a una web de la que estoy muy orgulloso por su estética y por el cuidado que he puesto en hacerla paso a paso durante los meses de verano, En Episodios Anteriores. Con logo creado por un experto chico con residencia en Rumanía y con mascota propia, Jack Shephard y Vincent, creada por uno de los mejores dibujantes de cartoon del mundo, Muhamad Rizqi.

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El círculo se completa con una ilusión hecha realidad y la que fue la fuente de inspiración para que todo esto comenzase hace 7 años. Todo nació el día en que accedí a un blog grupal, creado por unos amigos de Barcelona. De cada publicación, con cada opinión, con cada historia y cada fotografía, consiguieron inspirarme para buscar mi propio hueco en el océano inmenso. Con el tiempo y cada vivencia y situación personal, terminaron dejando el blog. Ahora 7 años más tarde y con muchos nervios y sudores para conseguir su regreso, que ya contaré en otra entrada, se me iluminan los ojos y se me dibuja una gran sonrisa al anunciar la vuelta de Ideoflexia.

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Tras hablarlo con alguno de los autores originales y tener el visto bueno de su creador, volverán Anna y Tietgale (que me emociono de sólo pensarlo). Los lazos de esta vida me cruzaron con gente impresionante a la que no puedo olvidar, compañeros de residencia universitaria que también estarán allí, como Alberto, ese gran artista del que siempre quise un cuadro, un gran polemista y “opinador” y José Luis, educador, con el que apenas compartí unas palabras en su día y alguna que otra hora de gimnasio y de fiesta, pero que el facebook ha hecho que pueda leer unos artículos y ver una personalidad que no pude descubrir en su día.

Cada texto, cada palabra en estos siete años no ha sido tiempo perdido delante de una pantalla. Ha sido como hablarle al mundo, pero sobre todo a mí mismo. La posibilidad de plasmar en palabras pensamientos, inquietudes, aficiones, reflexiones y que cada una de esas palabras esté condicionada por tu propio día a día, hacen que escribir un blog sea algo grande y único. Os espero aquí y en esos nuevos lugares donde las ideas y las pasiones se vierten en un océano sin límites, como botellas con mensaje, donde lo bonito es atrapar una, sacar el papel y disfrutar de la sorpresa que aguarda.

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A tale of two cities

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Hace un par de semanas me puse a ver Oblivion, la última película intepretada por Tom Cruise. Durante los primeros minutos se produjo uno de esas joyas que yo ya llamo “momento LOST”, que también podría describir como “una pequeña nota de color, misterio, recuerdo, sensación o sobresalto que de repente inunda la calma y te hace entrar en un momento de exaltación y euforia”. Por eso lo llamo más corto “momento LOST”, ya que fue esta serie la que me hizo sentir por primera vez esa sensación maravillosa de locura transitoria frente a un televisor.

Jack, otra maravillosa coincidencia lo del nombre, Jack Harper en este caso, entra en su cabaña, en un lugar que aún permanece inalterado ante la invasión alienígena. Un lugar muy parecido a los barracones de Perdidos, otra semejanza más, ambos lugares reducto que parecen anacrónicos y desentonan en el conjunto de la historia y el paisaje global.

Jack pone su mono encima de la nevera y suelta un libro sobre la mesa, encima de otro. En ese momento paro la imagen y, después de tantas coincidencias, surge ese “momento LOST”, cuando me fijo en el título del libro que hay debajo, “A tale of two cities”, historia de dos ciudades, la novela que Charles Dickens publicó en 1859 y que de alguna manera viene a contar la historia de dos sociedades, de dos formas de pensamiento que crecieron apartadas y siguieron sus caminos hasta que el destino las confronta.

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Una idea que muchos cineastas y guionistas han tomado ya como universal y que en algunas obras es una auténtica delicia. Mientras que en Oblivion supone la confrontación de dos razas que crecieron en mundos diferentes, su sentido en “Perdidos”, título que además se le dio al primer episodio de la tercera temporada, fue otra confrontación, la de los supervivientes del Oceanic 815 y los Otros, dos vidas que crecieron por caminos separados y que el destino termina uniendo para dar comienzo a una batalla, a una lucha por otro tipo de supervivencia.

Nuestra vida no deja de ser esa novela. Andamos, vamos y venimos, crecemos dando molde a unas ideas, a un espacio. Muchas veces no somos conscientes de que otras vidas crecen, andan, van y vienen y crean sus propios pensamientos y su propio espacio. Entonces un buen día chocas, y de ese choque nacen amores, batallas, se entremezclan las ideas y los espacios y se forma algo nuevo que andará, irá y vendrá y volverá a chocar de nuevo.

Tico y Rigodón

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Un buen día de mediados de la década de los años 80, me senté a ver la tele cómodamente en el sofá. Un león llamado Willy Fog se metió en un lío de un par de cajones (que diría cierto personaje de ficción) apostando por un imposible y comenzando una aventura que lo llevaría a dar la vuelta al mundo en 80 días.

Para mí aquella fue la historia original, aunque con el tiempo descubriría que estaba basada, esa y las siguientes aventuras por llegar varios años después con 20,000 leguas de viaje submarino y viaje al centro de la tierra, en novelas de Julio Verne. Era la época en que los animales eran un canalizador para el público infantil, para llevarnos la literatura y las mejores historias a nuestro pequeño plano de realidad imaginaria.

Así que para mí Willy Fog no era una persona de carne y hueso, era un león, igual que Dartaçan no era sino un perro mosquetero. Y sin querer hicieron que me interesase por esas historias cuando crecí.

Hace apenas un par de semanas comencé una nueva aventura de la mano de Studio Ghibli y Level 5 con Ni No Kuni y la Ira de la Bruja Blanca. No pensaba yo que a estas alturas de la película algún personaje de videojuego iba a sacarme unas risas, pero hubo uno que lo consiguió y se llama Drippy.

Inmediatamente sus ocurrencias, la soltura al hablar como si todo lo que le viniese a la mente lo soltase sin pensar, su agilidad mental y falta de tacto, me recordaron de alguna forma a ese querido personaje con acento andaluz que acompañaba sin descanso al francés Rogodón en sus aventuras como mayordomo de Willy Fog en su vuelta al mundo.

Tico es ese personaje que sabe que existe algo malo merodeando a su alrededor, pero cuyo carácter hace que ese miedo se disipe, que los fantasmas y peligros al final se conviertan en pequeños ratoncitos indefensos.

The Name Game

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Ha conseguido lo que parecía imposible, remover el podio de mi lista de series. Después de la intocable Perdidos y la maravillosa Mujeres Desesperadas, American Horror Story se ha ganado el tercer puesto en mi ranking particular, con el permiso de Dexter.

La primera temporada fue fabulosa y trepidante, pero con tan solo dos episodios de la nueva temporada, vuelvo a sentir ese gusanillo y esas ganas de darle vueltas a la cabeza, de desear ver uno nuevo y ver lo que pasará, vuelve esa misma intensidad que tenía con las primeras temporadas de las dos primeras series de mi lista. Y es que lo tiene todo, las abduciones de las que tanto se hablaba en los años 60, los siquiátricos, las monjas y todo lo que ocurría en aquellos lugares, cuando no había casi noticias ni investigaciones y muchos secretos permanecían entre las cuatro paredes, los exorcismos, juega un poco con la historia, el misterio que encierra cada lugar y cada puerta, unos personajes tan carismáticos que cada uno es una entidad, bien construídos y definidos.

Esta semana descubría el video promocional del episodio 10, en la que Jessica Lange interpreta un tema con años de historia y que además se convierte en el título del propio episodio, The Name Game. Meter esta canción en una serie de terror y hacer que tenga sentido, esto es ARTE. (Dejo al final un mini vídeo puesto que por copyright el original no está completo en nuestro país hasta que se emita).

Tuvimos suerte, familia

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A pesar de que la cabecera es un intento de copia de ‘Cuéntame’, a pesar del logotipo de la serie, horrendo, como de hace dos décadas, a pesar de ese tufo a ‘Médico de Familia’ inaguantable y del que la serie bebe su nombre con el título ‘familia’, he de reconocer que me encantó la elección musical, que corre a cargo de Funambulista con ‘Tuvimos suerte’.

A la serie no sé lo que le deseo, porque no creo que le de una oportunidad, pero a esta pedazo de canción pop, con esos cambios melódicos rozando el desafine, que tanto me gusta eso de jugar al límite, siempre inventando la forma de pisar el borde sin llegar a caerse, le deseo lo que su propio título nos da.

Especial EL FIN DEL MUNDO, 21 de diciembre de 2012: La banda sonora del fin del mundo

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Seguro que si supiéramos con toda certeza que el de mañana sería el último de nuestros días, viviríamos la vida como nunca antes, nadie iría a trabajar, algunos se quedarían con sus familias, otros viajarían por última vez a un lugar recóndito del mundo en el que perderse, otros cumplirían sus sueños. No está de más pensar de vez en cuando o que ocurran estas cosas para darnos cuenta de que cada día en nuestras vidas es como una rutina, a veces impuesta por la necesidad. El ser humano es esclavo de muchas cosas y no aprovechamos cada segundo para disfrutar al máximo como deberíamos hacerlo.

Es el momento ideal para disfrutar de la creación del ser humano, de algo que comienza en nuestras vidas como una banda sonora, nuestro propio llanto, y que poco a poco va tomando forma con otras melodías, nuestras, de aquellas con las que nos cruzamos o de las que llegan por casualidad. La música acompaña al hombre desde la creación, de una forma u otra, siempre presente.

No voy a pronunciar más palabras, es el momento de sentarse y escuchar esta banda sonora. Reconozco que algunos cortes me gustan más que otros, pero escucharlo de principio a fin es una delicia, como un último dulce que saborear, por lo que pueda pasar. Y a esta banda sonora he agregado al final mi corte particular, mi aporte, uno de los que no podría faltar en los últimos instantes. Porque si ese momento llegase, me gustaría que alguien me estuviera esperando al otro lado, donde quiera que sea. Dale al play.

1. “Highway to Hell” – AC/DC


2. “Carmina Burana: O fortuna” – Opera


3. “My Way” – Frank Sinatra


4. “The Final Countdown” – Europe


5. “I Don’t Want to Miss A Thing” – Aerosmith


6. “Viva la Vida” – Coldplay


7. “Lux Aeterna: Requiem for a Dream” – OST


8. “It’s the End of the World As We Know It” – R.E.M.


9. “Born to Die” – Lana del Rey


10. “Última noche en la tierra” – La musicalité


11. “The End” – The Doors


12. “The Show Must Go On” – Queen


13. “Apocalypse Please” – Muse


14. “It’s My Life” – Bon Jovi

Es hora de marchar…

15. Move On “BSO Lost – Michael Giaccino”