Veintitres maestros, de corazón

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Mucha gente aún me pregunta (pesados) después de casi tres lustros, que por qué me gusta Gran Hermano. Si hoy tuviera que dar decirlo, sin duda emplearía esta película como respuesta. Me gusta porque se basa en las relaciones entre personas, porque cada persona es un mundo de situaciones impredecible cuando se junta con los demás, porque siempre que hay contacto con otros, se genera un maraviloso mundo de posibilidades de las que aprender o rectificar.

Hace ya algunos meses que descubrí la película “Entre maestros“, un proyecto documental a caballo entre la educación y el reality, basado en el libro “Veintitres maestros, de corazón” de Carlos González Pérez, también maestro protagonista de esta historia. No fue hasta ayer que pude verla completa, la historia de un profesor intentando un nuevo método educativo enfocado a la experiencia que cada uno llevamos dentro, once alumnos que terminarán siendo sus propios maestros y doce días para experimentar todo tipo de sentimientos encontrados.

Durante una hora y veinticinco minutos que dura el film, uno va cogiendo cariño y odiando a algunos de sus personajes. No sé hasta qué momento pudieron no predecir lo que pasaría en esa clase, pero ha salido un experimento realmente magistral, con violencia, dolor, bondad, sabiduría, cariño, una vez más se demuestra que allá donde hay seres humanos, estos sentimientos existen y van de la mano, muy cerca unos de otros.

El propósito de esta película no es sólo mostrar y ver, el espectador también aprende algo. Yo personalmente me quedo con dos enseñanzas, la del personaje, ese que todos interpretamos y que nos atrapa sin dejarnos salir, cuando estamos enfadados, cuando decimos lo que otros quieren oir o no decimos lo que queremos por miedo, cuando sabemos que estamos equivocados y aún así seguimos mintiéndonos.

También me quedo con la importancia de reconocer a los demás y lo que genera el que no te reconozcan, una sensación que nos lleva a perder la paciencia. “Entre maestros” ha sido capaz de mostrar un lado increíble de todos los personajes que habitan en él, esa pequeña parte que diferencia a una persona de otra, porque lo que nos diferencia no es sólo nuestro aspecto físico, sino los sentimientos y sabiduría que llevamos dentro y que compartimos con los demás a nuestra forma. Tanto es así, que una vez termina, uno ya los está echando de menos.

Canción fúnebre

El nuevo libro “El canto del cuco” de J. K. Rowling, o lo que es lo mismo, su seudónimo Robert Galbraith, comienza con una muerte, un presunto suicidio al que acuden en masa periodistas y medios de todo el mundo para dar cobertura a la noticia. A J. K. Rowling le encanta jugar con el misterio y hasta en los autores y versos elegidos hay escondido algún que otro pequeño secreto para desvelar.

el canto del cuco

La autora elige como entradilla a su primer capítulo el poema “Canción fúnebre” de la famosa poetisa inglesa del siglo XIX Christina G. Rosetti, con la cual curiosamente no deja de tener un cierto parecido en su vida. Ambas sufrieron problemas económicos debido a situaciones familiares, las dos comenzaron a escribir desde muy pequeñas pero no fue hasta la treintena que escribieron su primer libro y además las dos se centraron en una determinada época de su vida en escribir para el público principalmente infantil (aunque no estoy de acuerdo con la idea de que Harry Potter sea infantil, pero va dirigido a este público).

¿Por qué naciste cuando la nieve caía?

Debiste haber nacido con la llamada del cuco,

o cuando las uvas están verdes en el racimo

o, al menos, cuando las ágiles golondrinas se reúnen

para su lejano vuelo

desde el verano agonizante.

¿Por qué has muerto cuando los corderos están paciendo?

Deberías haber muerto con la caída de las manzanas,

cuando el saltamontes se encuentra en apuros,

y los trigales son rastrojos empapados

y los vientos suspiran

por las cosas buenas que han muerto.

A tale of two cities

oblivion tale of two cities

Hace un par de semanas me puse a ver Oblivion, la última película intepretada por Tom Cruise. Durante los primeros minutos se produjo uno de esas joyas que yo ya llamo “momento LOST”, que también podría describir como “una pequeña nota de color, misterio, recuerdo, sensación o sobresalto que de repente inunda la calma y te hace entrar en un momento de exaltación y euforia”. Por eso lo llamo más corto “momento LOST”, ya que fue esta serie la que me hizo sentir por primera vez esa sensación maravillosa de locura transitoria frente a un televisor.

Jack, otra maravillosa coincidencia lo del nombre, Jack Harper en este caso, entra en su cabaña, en un lugar que aún permanece inalterado ante la invasión alienígena. Un lugar muy parecido a los barracones de Perdidos, otra semejanza más, ambos lugares reducto que parecen anacrónicos y desentonan en el conjunto de la historia y el paisaje global.

Jack pone su mono encima de la nevera y suelta un libro sobre la mesa, encima de otro. En ese momento paro la imagen y, después de tantas coincidencias, surge ese “momento LOST”, cuando me fijo en el título del libro que hay debajo, “A tale of two cities”, historia de dos ciudades, la novela que Charles Dickens publicó en 1859 y que de alguna manera viene a contar la historia de dos sociedades, de dos formas de pensamiento que crecieron apartadas y siguieron sus caminos hasta que el destino las confronta.

oblivion cabaña oblivion mono peluche

Una idea que muchos cineastas y guionistas han tomado ya como universal y que en algunas obras es una auténtica delicia. Mientras que en Oblivion supone la confrontación de dos razas que crecieron en mundos diferentes, su sentido en “Perdidos”, título que además se le dio al primer episodio de la tercera temporada, fue otra confrontación, la de los supervivientes del Oceanic 815 y los Otros, dos vidas que crecieron por caminos separados y que el destino termina uniendo para dar comienzo a una batalla, a una lucha por otro tipo de supervivencia.

Nuestra vida no deja de ser esa novela. Andamos, vamos y venimos, crecemos dando molde a unas ideas, a un espacio. Muchas veces no somos conscientes de que otras vidas crecen, andan, van y vienen y crean sus propios pensamientos y su propio espacio. Entonces un buen día chocas, y de ese choque nacen amores, batallas, se entremezclan las ideas y los espacios y se forma algo nuevo que andará, irá y vendrá y volverá a chocar de nuevo.

El libro secreto de J.K. Rowling, ‘The Cuckoo’s Calling’

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Robert GalbraithHa vuelto a hacerlo. La primera vez fue casi una necesidad. Ocultó su nombre, Joanna Kathleen bajo las iniciales J.K., ya que hace algunos años se pensaba que nadie compraría en el Reino Unido un libro inicialmente enfocado al público infantil (mira que me reviente esto ya, pero así se hizo entonces) escrito por una mujer. Sólo cuando el libro tuvo un éxito sin precedentes, se desveló el oculto secreto y muchos tuvieron que comerse sus ideales con patatas.

Hace unos meses, concretamente a finales de abril, aparecía en Amazon en exclusiva un libro a la venta, un libro de terror y misterio, escrito por un nuevo autor, Robert Galbraith, de la editorial Mullholland Books. En pocas horas se convirtió en el libro más vendido de las listas de ventas de la web y no solo eso, sino que las opiniones de los lectores en los sucesivos días no dejaban de alabar y otorgar sus cinco estrellas a una historia a la que calificaban de terrorífica, un debut excelente de su autor en el terreno de los crímenes y la investigación, un libro de misterio muy bien escrito y con un final grandioso y sorprendente, en el que poder sentir el ambiente, la atmósfera, la tensión y el dolor.

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Hasta uno de los lectores, curiosamente, se acercaba a la realidad, diciendo en su comentario que era un libro tan bien escrito que no le extrañaría nada que unos años más tarde termine saliendo a la luz el nombre verdadero del autor que se oculta bajo este seudónimo

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No hubo que esperar tanto tiempo. La propia escritora confesó haber escrito el libro bajo un seudónimo, Robert Galbraith resultó ser J.K. Rowling.

¿Y por qué este movimiento para la publicación de un libro, que por cierto tiene parte de sus beneficios destinados a labores sociales?

No es la primera vez que J.K. Rowling lo hace, ya trabajó con seudónimos con los libros adicionales del mundo de Harry Potter, también benéficos para Comic Relief, de ‘Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos’, ‘Quidditch a través de los tiempos’ y ‘Los Cuentos de Beedle el Bardo’, más que un seudónimo, escritos bajo nombres de los personajes que ella misma inventó para sus novelas.

Aparte del motivo benéfico, y de que ella misma afirma que fue divertido huir a bombo y platillo de las estrategias comerciales y publicitarias cuando publicas un nuevo libro (recordemos que es poco dada y le gustan más bien poco las entrevistas) y que quería ver los comentarios de la gente pensando que era otra persona, quizá este movimiento tenga también algo que ver con las críticas recibidas por su último libro, ‘Una vacante imprevista’, que no salió muy bien parado en opiniones. ¿Qué hubieran opinado esos mismos críticos y muchos de los lectores si ese mismo libro hubiera aparecido bajo otro nombre? ¿Qué hubiera pasado si ‘The Cuckoo’s Calling’ hubiera llevado el nombre de J.K. Rowling en su portada?

JK Rowling's Crime Novel Cuckoo's Calling Is Reprinted After Overnight Success

Tendemos a opinar y juzgar antes de tiempo, va en nuestra naturaleza. Si un autor nos gusta, compramos su siguiente libro con los ojos cerrados. Muchos críticos y lectores opinan sin saber, sin haber leído las obras, son los que más daño hacen, porque son capaces de orientar al público sobre lo que es bueno o malo, cuando en realidad no tienen ni idea de lo que están vendiendo a la sociedad, solo por el hecho de que un autor les ha parecido prepotente o no soportan que sea un best-seller.

Esta jugada magistral de J.K. Rowling demuestra una vez más que muchos de los que opinan deberían meterse de una vez por todas la lengua en el culo y callar para siempre. ¿A alguien le suena eso de “no juzgues a un libro por su portada”? Aquí tiene más sentido que nunca y siempre es bueno que alguien nos dé un buen baño de humildad.

Happy Birthday Harry Potter, happy birthday J.K.

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Harry Potter es a J.K. Rowling lo que un hijo para una madre, o mejor ejemplo imposible, lo que Pinocho a Geppetto. Ella fue cincelando en su mente cada rasgo hasta tener ese hijo imaginario, del que no sabría hasta cierto tiempo después, la cantidad de alegrías que le daría al traspasar la barrera de la ficción.

En su creación, decidió que ambos compartirían un mismo día de felicidad, el 31 de julio, el día de sus respectivos cumpleaños.

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Hoy miles de fans por todo el mundo felicitan a Harry Potter como si existiera en la realidad, muchos de ellos haciendo su propio dibujo homenaje a uno de los personajes más importantes. Un hecho realmente maravilloso el de que la literatura cobre vida de esta forma.

¡Felicidades Harry Potter, felicidades J.K. Rowling!

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El gato azul: El regreso de Sofía

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Después de algunas semanas en que apenas he tenido tiempo para sentarme a escribir como se merece, aquí os traigo la tercera entrega de esta historia. Escribir un relato o un libro conlleva mucho tiempo. Muchas veces cuando me viene la inspiración hago una sentada de algunas horas y, a veces, sale algo bueno. Otras veces en muy contadas ocasiones, me despierto en mitad de la noche y mi cabeza se inunda de buenas ideas, en ocasiones a consecuencia de sueños o pesadillas (que por qué no, también ayudan y mucho).

Detrás de mí, en la otra habitación, conservo una carpeta con decenas de hojas e historias de ese personaje que algún día espero sacar a la luz y que sólo los que estuvieron conmigo en la Residencia Universitaria Bartolomé Cossio tuvieron la oportunidad de leer en un fragmento que saqué en la primera revista mensual (esa que se nos quedó en el limbo del tiempo después, proyecto de los fanzines que tanto me gustan). Ellos, entre ellos mis amigos, pudieron leer el principio de todo, el primer episodio de la novela.

Ese personaje tiene su pequeña historia, y mientras crece y se desarrolla, otro ocupa mi tiempo, este curioso gato azul del que tengo tantas y tan buenas ideas que a veces no sé por cual comenzar. Muchos, a puerta cerrada, sobre el anterior capítulo le tomaron cariño al gatito que se salvó y el final lo consideraron un tanto trágico cuando pensaban precisamente que ese era el protagonista de la historia. No puedo contarles todo ni a ellos ni a vosotros. Me gusta saber que, cuando escribo, alguien no puede adivinar con tiempo lo que va a suceder en una historia, quiero que cuando una persona se siente a leer lo haga sabiendo que puede ser sorprendido… pero también que otras veces tiene el control, hasta el punto de no saber si lo que imagina será o no lo que ocurra.

Quizá con esta nueva entrega sepan perdonar la tragedia de la anterior. En el capítulo que váis a leer, se mezclan el tiempo presente y un pequeño flashback emotivo. Esa mirada atrás no es ni mucho menos el inicio de la historia, pero sí parte de ella.

El Gato Azul: El regreso de Sofía – por José Francisco Cedenilla

Sofía Tarenzi vio cómo su vida de repente daba un giro inesperado. Hacía apenas unos minutos ocupaba el asiento 42 de un pájaro volador en los cielos de Italia y ahora estaba sentada en el tercer banco de una iglesia. Pensó que se sentía como un mantel blanco colgando de una cuerda y meciéndose contra el viento bajo la luz del sol del atardecer de la Toscana, mientras alguien vareaba sus entrañas con fuertes sacudidas que, si bien eran dolorosas, tenian ese regusto amargo y a la vez dulce de la expiación de los pecados. Mientras enfocaba la vista en la figura de un Cristo crucificado, imponente sobre la cabeza del párroco, y bajaba la mirada hacia el ataúd semiabierto, no podía dejar de admitir que toda su vida se había visto condenada al mismo hecho, alejarse de las personas a las que más quería y quererlas en la distancia hasta perderlas para siempre. Un cariño que ella sentía de verdad, pero que nunca llegaba a transmitir.

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Sus manos, con más hueso que piel, dedos finos y alargados, agarraban los pantalones vaqueros de color negro. Dos anillos de plata colgando de su cuello por una cadena, contrastaban con el color añil de la camiseta. Semblante serio y pensativo, ojos verdes llenos de tristeza, rasgos finos con pómulos que sobresalían y se convertían en su rasgo más característico, acentuado por el negro color de su pelo en media melena, un poco rizado y despeinado, abombado y despegado de su rostro. Las palabras del Señor se habían convertido durante aquella media hora en un mero tránsito entre sus dos oídos, porque su cabeza estaba ocupada recordando el tiempo que pasó a su lado.

Sofía tenía apenas siete años cuando, de la mano de un hombre, cruzó la puerta por primera vez. Una mano grande acarició su cabeza, aquel hombre se agachó, le dio un beso en la mejilla y dejó a su lado una maleta de equipaje donde estaban algunas de las cosas que había recogido de su habitación. Allí se quedó estática durante unos minutos, desorientada. Aquella casa olía a bizcocho recién horneado, a madera, a flores, a primavera, olía a hogar. Mientras miraba hacia el fondo del pasillo, donde había unas escaleras que subirían a algún desván lleno de secretos, una voz ronca y desgastada salía del lugar de donde venía ese dulce olor. La puerta, rota y desgastada, se entornó con un chirrido y una señora mayor se acercó ilusionada a la pequeña niña, llenándola de besos y abrazos.

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Recordaba aquel momento mejor que ningún otro porque algo en su interior se rompió del todo. Fue cuando su abuela Olivia le cogió de la mano, mientras con la otra portaba su maleta, mientras subían juntas las escaleras del fondo hacia ese desván lleno de secretos que se convertiría en su nuevo hogar, fue mientras pisaba cada uno de los escalones y a cada pisada su corazón se iba llenando de un peso insoportable y le costaba más respirar, cuando notó las primeras lágrimas de sentimiento resbalar por sus mejillas y sintió que dejaba algo atrás.

Un pequeño alboroto en la iglesia le hizo despertar de su sueño de recuerdos, cuando el párroco pidió a todos ponerse en pie. A pesar del dolor, sabía que cuando había perdido a alguien en su vida, por suerte siempre aparecía alguien para consolarla, este era su destino.

Ensimismada aún en sus pensamientos, sintió que alguien a su lado le agarraba de la mano y le daba un pañuelo. Apenas se había percatado de que las lágrimas volvían a inundar su rostro. Sin llegar a levantar la mirada mientras se secaba, le dio las gracias. La otra persona le tendió la mano y le ayudó a levantarse mientras le susurraba bajito.

– Hola, me llamo Noel.

Safe & Sound

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Soy uno de aquellos a los que le molesta el final de una película en el cine, cuando salen las primeras letras de los créditos finales, las luces se encienden y no se puede saborear ese último acto, cuando la historia ya ha terminado y comienza la lucha de la reflexión en tu cabeza. Esa última parte se corta con el alboroto por salir del local, el bullicio de gente que comenta con palabras algo que pertenece a la intimidad.

Por eso disfruto a solas los créditos finales de las películas de misterio y drama, para pensar, porque me dejan desahogarme durante el tiempo suficiente, con la música adecuada para que afloren todo tipo de sentimientos encontrados, necesarios para obtener el premio, la moraleja, la razón, la similitud de lo visto con lo vivido, para imaginar un poco más allá.

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Comencé a leer “Los Juegos del Hambre” porque leí sobre su éxito en muchos países, sería un imbécil si nolo hiciese, máxime cuando mi historia preferida de todos los tiempos, la de Harry Potter, se convirtió en tal gracias a un recorte de periódico en el lugar y el momento oportunos, cuando nadie sabía que existía.

Si bien la historia de Suzanne Collins está muy lejos de alcanzar las cotas de la trama de la obra de J.K. Rowling e incluso el primer libro me dejó con una sensación encontrada entre la simplicidad y mi amor por los realities a los que tanto se ataca en él, aún es pronto para evaluarla en su conjunto cuando me restan dos libros a los que echar mano. No soy de los que se lanzan a leer y disfrutar de las típicas historias de amor, pero tanto la autora como el director de la película han conseguido hacer interesante y bastante original un argumento que cada día tiene lugar en nuestras vidas, el de las difíciles elecciones.

La película ha influído muy positivamente a mis ganas de continuar leyendo, porque detrás de la historia de los 74º juegos del hambre se aventura algo de dimensiones que parecen épicas, de conspiraciones en un mundo controlado por el gran hermano que todo lo ve (recordándome aunque sea un pòco a una de mis obras literarias preferidas, “1984”).

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Safe & Sound es la canción de Taylor Swift que suena tras el final del film, en unos créditos que merecen ser escuchados, mientras las letras, los nombres van pasando a ritmo lento por la pantalla, en la cabeza la canción va entonándose como un himno que deja también sentimientos encontrados, algo así como un collage de melancolía y superación.