Los confines de la ciudad antigua

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Cada vez que miro al río Tajo no puedo evitar sentir un cierto aire de nostalgia, de las viejas historias que me contó mi padre, de cuando el río se convertía en playa improvisada de verano y de los días calurosos. Ya me lo imagino en bañador lanzándose de cabeza desde la orilla y recorriendo de orilla a orilla su cauce.

También escuchaba con atención las historias y peligros de sus profundidades, que hicieron, entre otras cosas, que se impidiese el baño hace ya algunas décadas.

El río se sitúa allá en los confines de la ciudad antigua, la ciudad de pocas murallas y los puentes de piedra y de hierro, porque siempre ha sido una ciudad abierta, que algún día crecerá hacia la otra orilla.

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Hoy me he quedado mirando a los coches pasar de un extremo a otro y he caído en la cuenta de que jamás he cruzado hacia el otro lado, ese otro lado que es como un pequeño misterio, para mí tan aficionado a las series, algo así como lo que hay al otro lado de la escotilla por ejemplo.

Tengo que cruzar y averiguar lo que se esconde en ese lugar que siempre he imaginado.

La llama olímpica ilumina todos los rincones de Londres

Muy pronto estará en su pebetero, todo un misterio que se desvelará al final de una Ceremonia de Inauguración de tres horas de duración (mañana especial remember en el blog). La verdad es que hubiera sido bonito creer como con Los Reyes Magos de pequeños, que esa llama que recorre todos los rincones del planeta desde su última sede hasta la actual, procede en realidad de la llamada primigenia que se encendió en Atenas, pero la verdad es que se ha apagado ya muchas veces, así que hay que conformarse con lo que simboliza.

Londres vive ahora su mejor momento en lo que a celebraciones se refiere, el logo, los aros olímpicos, las mascotas, el merchandising, envuenta en una nube que les será dfícil olvidar. Pudo haber sido Madrid 2012 pero no lo fue, auqnue todo queda muy cerca, más de lo que creemos, por fin la gozada de ver un partido de waterpolo sin tener que levantarse de madrugada por la diferencia horaria, por fin una inauguración a una hora en prime time como mandan los cánones.

Previa a esa esperada ceremonia llena de secretos (algunos los conocemos pero no podemos desvelarlos aún, digamos que William Shakespeare y la India se sentirían orgulloson y alguno estará pensando qué diablos tienen que ver uno con lo otro pero se entenderá en unas horas), aquí tenemos las imágenes más llamativas de la llama olímpica iluminando los rincones de la ciudad de la niebla y la literatura.

Mantas de colores que pasan por la ventana

Eran largos recorridos, horas a veces angustiosas, en ocasiones de resignación ante la evidencia de que no quedaba más remedio. Mis viajes a Madrid cada dos semanas y de allí a Cuenca, más de cinco horas en que sucedían pequeñas aventuras, de gente conocida que te acompañaba en el viaje, de gitanas que piropeaban mis ojos, pequeños detalles que hacían cada recorrido diferente.

Pero ellas, las mantas de colores, siempre estaban allí, salpicadas de diferentes tonalidades de colores marrón, amarillo, lila, ocre y, ya de camino a mi segunda ciudad, surcadas de flores que giraban mirando hacia el sol, mustias cuando el verano rondaba ya las puertas. Esas mantas de colores siempre conseguían relajarme, hacían que me olvidase por un momento del largo viaje y que mi mente se ocupara de imaginar por aquellos amplios parajes otro tiempo, otro mundo en que millones de años antes otros seres gigantescos surcaban sus tierras.

Aprender de un viaje

De cada viaje se aprende algo, los que lo viven en primera persona no lo olvidarán jamás, de las personas que conocieron, de las risas que pasaron, de las historias que les contaron y de todo lo que compartieron, amistades que se forjan desde el primer momento porque sabemos que el tiempo no es infinito, que no hay lugar para otra cosa que no sea disfrutar al máximo de cada segundo. Se viven intensamente porque estamos fuera del territorio, de nuestro territorio, al que ya estamos acostumbrados, al que dejamos pasar y en el que decidimos quien entra y quien sale.

Pero fuera de ahí estamos abiertos, porque nada es nuestro, porque nada nos ata y eso nos incita a dejarnos impregnar por todo lo que nos rodea, a ser esponjas que recogen cada experiencia. Y nadie puede evitar que al regresar a casa y exprimir los recuerdos, salgan algunas lágrimas de anhelo.

Pekín Express: Aventura en África, siente la llamada

Esto es irremediable, como cada año los pelos de punta, la carne de gallina, se acerca uno de los concursos que más emoción nos ha dado, que cada vez que llega una nueva edición nos trae recuerdos de los que dejamos atrás, desde nuestras queridas gemelitas, pasando por el carácter de Alazne y su mamá, hasta Marta y Manolo, esos no ganadores que en realidad ganaron mucho.

La aventura ahora se aleja de tierras orientales para sumergirse en el lado salvaje de Africa en un recorrido lleno de peligros y nuevas adversidades que afrontar. 20 aventureros bajo otra batuta pero con la misma misión, alcanzar la meta de este recorrido que tanto nos gusta. En septiembre llega la nueva edición, la cuarta de Pekín Express… siente la llamada.

Celebrando el solsticio de verano por el mundo

Uno de los monumentos en los que uno piensa al hablar de la palabra “solsticio” no es otro que Stonehenge en el Reino Unido. Alrededor de las míticas piedras se dan cita numerosos espectadores para celebrar algo que en la antiguedad tuvo una importancia mucho más relevante que una simple fiesta y diversión, el solsticio de verano. Una fiesta pagana de una religión aún no reconocida, la de los druidas.

Tazumal, las antiguas ruinas mayas, es el otro lado del mundo donde el solsticio tiene una repercusión especial. Una ceremonia que pone en la balanza la energía de la Madre Tierra y a la que los asistentes imploran para tener una buena cosecha.

Times Square en Nueva York no se quiere perder ni un solo segundo tampoco. En este lugar no existe una celebración como en el resto de lugares del mundo, no hay tradición, su diversidad cultural hace que la llamada al solsticio sea una oleada humana de gente que se inclina ante el sol dándole las gracias por existir.

Europa se sume en una fiesta sin descanso en la madrugada. Hogueras, festivales de música y sorpresas que nadie sabe dónde le conducirán.

Y mientras las celebraciones recorren el mundo, la Tierra sufre un balance desigual, mientras en el Polo Norte es el día más largo del año, en el Polo Sur la noche se cernirá antes que nunca.

Raquel Sánchez Silva, la gran aventurera

Siempre la había visto de soslayo, zapeando por los canales en alguna mañana al pasar por Cuatro y en diversas colaboraciones. Su presencia en el segundo Pekín Express me disgustó por la marcha de Paula Vázquez. Nunca pensé que este rostro llegaría a convertirse en uno de los que pretendería seguir allá donde fuese, en su ruta por el mundo, en busca de aventuras.

Ver a Raquel Sánchez Silva en la televisión se ha convertido en una fuente de buenas sensaciones. Puede que sea su sonrisa, puede que sea el espíritu aventurero que la impregna, o quizá que transmite hacia la cámara la ilusión y la traspasa y hace que llegue hasta ti, que penetre hondo y ya nunca más se vaya. Su paseo por Pekín Express en la segunda edición fue un entorno de transición, había que acostumbrarse a una nueva imagen para este concurso de aventuras que nos tiene cada temporada en vilo y que de ahora en adelante se queda en manos de alguien que quizá nos sorprenda también a pesar de que su imagen ha quedado tocada por el concurso musical OT. Nunca se sabe. La tercera edición de Pekín Express significó ya la consolidación, aunque poco duraría, dejándonos un sabor amargo.

Su paso a Telecinco para presentar junto a Jorge Javier la edición de Supervivientes 2011 fue algo que nadie esperaba. ¿Qué hacía Raquel en un reality que había perdido el interés año tras año? ¿Por qué confiaba en ese proyecto? La respuesta parece quedar clara ahora, con más de 3 millones y medio de espectadores cada semana, batiendo records en los últimos años del reality que ya parecía sentenciado a su muerte definitiva. Si Raquel confiaba en ese proyecto era por algo y lo hemos descubierto con ella.

Una aventurera de los pies a la cabeza, Raquel ha visitado 30 países, alguno de ellos imaginario (la isla de Perdidos) y ha tenido numerosas experiencias, de las que destacan algunas muy sensitivas como pasar una noche en una Yurta bajo las estrellas en el más absoluto silencio, pasar varias horas en una plaza alejada del mundo, cruzar una sonrisa con completos extraños o sentir la mano de un niño a modo de despedida, sabiendo que jamás volverás a verlo.