21 años

Hoy me he levantado tarde, remoloneando en la cama antes de poner los pies en el suelo. He desayunado tranquilamente y al cruzar la cocina he sentido una sensación de vacío que ya sé que nunca nadie podrá llenar nunca. Fui ingenuo cuando le tuve por fin conmigo, pensaba entonces que estaríamos juntos al menos un cuarto de siglo, pero nuestra ilusión se quedó en poco más de la mitad de tiempo. Hubiera cumplido hoy 21 años.

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No nos conocimos al uso, no recuerdo qué estaba haciendo yo tal día como hoy cuando él nació, sólo sé que gracias a que dos días más tarde me levanté antes de lo normal y desayuné tranquilamente viendo la televisión antes de ir al instituto, nuestros destinos se cruzaron a través de una pantalla. Es natural cabrearse cuando no salen las cosas como uno quiere, cuando un suceso se topa en tu camino por haber elegido ese día ir por otro sitio o cuando lo eludes y das gracias por no haber estado allí en ese momento, tantísimas cosas que pasan a diario y que son causa de nuestras decisiones combinadas con las de los demás y la propia naturaleza, que es infinito. Yo aprendí aquel día que todo ocurre por algún motivo, y que dentro de ese infinito de posibilidades, hubo, hay y habrá buenas y malas por siempre, porque son… las cosas que pasan.

Todo lo que ocurrió después fue una maravillosa locura que no cambiaría por nada del mundo y que repetiría una y otra vez si pudiera echar el tiempo atrás. En todo este tiempo que ha pasado, nuevas vidas han llegado a la familia. Hace poco me sentaba con mi sobrina Sofía aprovechando que se quedó unos días en casa, para mostrarle las fotografías. Nunca llegó a conocerle y le hablé de él, de cómo sus primos le daban de comer yogur cuando se lo acababan. Se quedó mirando fija las fotos, como pensativa. Yo también pensé cómo sería si aún viviese.

Te quiero, mi cincuenta por ciento.

De la semilla a la flor

Los que habeis seguido el blog, sabeis que desde hace unos meses estuve cultivando un brote del alba, vamos, unas petunias. En mi casa parece haber una terrible maldición que acaba con toda forma de vida que no sea animal o persona, más que nada porque la mayor parte del día da el sol de lleno y, el tiempo de primavera ha sido tan corto, que apenas sí le dio a la planta para completar su ciclo.

Desde el pasado domingo y durante siete días, decidí crear en yokoyyo.com una semana temática para mostrar definitivamente el proceso de crecimiento de la petunia, desde los preparativos hasta la flor. Entre bambalinas detrás de la cámara era un placer fotografiar con todo detalle el inicio de una nueva forma de vida, desde la tierra inerte y las semillas, el tierno brote tan indefenso, los tallos blanquecinos que empezaban a abrirse camino.

Durante unos días temí por la planta, sus tallos se volvieron rojos y los capullos en flor que estaban a punto de abrirse de repente se tornaron mustios. Justo aquella noche en que parecía no haber solución, hice un último intento dándole un empuje y regándola de noche. Fue un placer levantarse por la mañana y descubrir que la flor se había abierto por fin, de un color entre azulado y morado muy intenso, con pequeñas motitas brillantes.

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Por desgracia este sueño duró apenas unas horas. Con la caída de la noche, la flor se cerró y nunca más volvería a abrirse, a pesar de los intentos por recuperarla. Durante varios días estuve como un médico intentando reanimar a un paciente que parece perdido y finalmente no sobrevivió. Los tallos se volvieron de color oscuro y la flor cerrada se secó por completo. Una pequeña momia, un ser inerte que permanecía de pie, apoyado en la tierra en la que creció.

A través de las siguientes fotografías dejo el legado de su existencia, breve pero intensa. Porque hay pequeños detalles en la vida que no deben dejarse pasar desapercibidos.

Pulsando sobre cada una de ellas podréis ir a la entrada completa de cada etapa del proceso de crecimiento con más fotografías. Y ya aprovecho para convocaros a la siguiente semana temática, esta vez centrada en la diversión, que comienza ya mismo.

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Brote del alba

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Siempre he tenido especial admiración por ver cómo la vida se abre paso. Una simple semilla que guarda en su interior un pequeño big bang al que solo hay que poner bajo unas condiciones para que toda la información que lleva dentro comience a darle forma.

Dentro de esta lata hay semillas de brote del alba. He pasado muchos días riéndome un poco con mi sobrino, haciéndole creer que están dentro de la lata porque son plantas carnívoras y en realidad se lo ha creído.

Por muchos años que pasen, esa admiración no desaparece. Llegó el momento de plantar las semillas.

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Sergio

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La historia volvió a repetirse. Tiempo revuelto con tormentas, de nuevo me pilló en el trabajo y esa llamada inesperada de mamá: “salimos corriendo hacia Fuenlabrada que tu hermana está ingresada”. Y tras algunas complicaciones sabía que tenía que ser ese día, un 11 de febrero, el número 11 otra vez, siempre.

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Me levanté antes de las seis de la mañana y cogí el primer tren que salió. Fui el primero en llegar, tras pelearme con unas calles que había recorrido previamente gracias al mapa virtual de google. Habitación 3D-25. Les desperté sin querer. Allí estaba Sergio con apenas unas horas de vida en su nueva burbuja llamada mundo, disfrutando de sus primeras horas de sueño.

Si pudiéramos revivir el momento de cada fotografía de nuestro álbum

Lo que daríamos a veces por hacer un poco de magia y poder revivir como si fuese un making of algunas de las fotografías de nuestro álbum.

Yo me trasladaría a la Talavera de la Reina antigua, al menos más antigua de la que yo conozco claro, a ese paseo en blanco y negro con el carrito donde iba mi hermana mayor, o a las ferias en las que mi padre se divertía tirando con la escopeta junto a sus amigos, cuyos hijos fueron amigos míos después, o al momento en que mis padres se hacían fotografías apoyados junto al puente de hierro que cruza el Tajo.

Reviviría aquellos momentos frente a la puerta de la casa de mi abuelo, junto a mi prima y su columpio azul, o cada cumpleaños con sus bizcochos de chocolate y un montón de gente rodeándome mientras apago las velas.

Volvería para verle a él, mi pequeña criatura, mi cincuenta por ciento, y volveríamos a realizar ese primer paseo en que era un pequeño canijo pelirrojo con las patitas delgadas, del que había que tirar para que andase porque le daba miedo.

Sin duda, volvería.

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00:35

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Alguien se encargó de pintar con rotulador un par de líneas sobre un pergamino, en el que se dibujaba una cigüeña portando un bebé con una tela en el pico, marcando las 00:35 sobre un reloj analógico pintado, mientras yo no paraba de llorar en aquella sala del hospital.

Mi madre siempre ha sido muy fuerte, pero tan fuerte que es demasiado resistente y cabezona. A pesar de estar medio desmayada o con muchos problemas, siempre tiene un temple de hierro, es imposible que alguien se entere porque pone una barrera entre sus problemas y lo demás, su vida ha estado entregada a nosotros desde que nacimos y siempre nos ha sacado adelante sin hacernos partícipes de sus malestares.

Su punto cabezota fue lo que marcó el inicio de mi vida. Pude haber nacido antes, pero ocultó las contracturas del parto a mi padre y terminó de ver el episodio de “Starsky y Hutch” antes de decirle que la llevase al hospital, que ya era hora de que yo viniese al mundo.

No sé si es por esto que me gustan tanto las series, que puede ser, al final llegué al mundo a las 00:35 de una noche del 2 de febrero, lo dice el papel que una mano desconocida pintó aquella noche antes de acurrucarme y sentir el contacto de esa persona tan fuerte.

De dónde vienen esos vientos de música

Sólo los que me conocen muy muy bien pueden entender que esta canción en su propia voz después de tanto tiempo suponga un momento muy especial. Cuando todo terminó temí no volver a escuchar la magia, pero afortunadamente el Universo infinito con cada uno de sus hilos volvió a moverse a favor del viento trayendo de nuevo la melodía.

El reloj de mi ordenador marca el año 2014… parece que haya pasado apenas un ratito cuando, jugando de pequeño, soñaba con el año 92 y las olimpiadas que parecía no llegar nunca. Ahora el tiempo pasa tan rápidamente que no me doy ni cuenta, con metas definidas pero inciertas. A veces creo saber de dónde vienen esos vientos de música, pero es todo una ilusión. Esos vientos vienen de alguna parte, van a ningún lugar y entre medias se pierden en el vacío. Esos vientos son una chispa de magia que de repente se encienden en mi cabeza.