… y todo recto hasta el amanecer

todo recto hasta el amanecer

Siempre se empieza de la misma forma y siempre que se puede se acaba de la misma forma. Se pone el sol, la ducha te espera, un rato de relax, el único estímulo relajante de lo que te queda de noche. Crema hidratante y desodorante. Hora de ponerse guapo.

Sin pretenderlo sacas hasta tres o cuatro pantalones y camisetas. ¿Camiseta ajustadita? ¿De cuello de pico?¿Camisa? Cuesta decidirse. ¿Por qué cuesta tanto decidirse? Porque quieres estar guapo y nunca se sabe si esa noche podrás encontrar algo especial, y estar arreglado y sentirte bien ayuda mucho.

Cuando encuentras y le das el visto bueno al espejo, le guiñas un ojo y terminas lo que empezaste. Gomina y perfume. Mientras esos nervios indescriptibles van por dentro, los nervios de las ganas por comenzar ya. Dicen que la oscuridad y la noche encierran misterios. Es cierto, misterios y aventuras emocionantes.

La noche y su oscuridad encierran caminos, risas, gritos, música, besos, sexo, sonrisas. Y al final acaba todo de la misma forma, de la mejor forma. Puede que al lado de una persona que acabas de conocer o puede que con tus amigos, mientras desnudo en la cama echas un vistazo y miras a la ventana y te preguntas cómo pasó pero lo jodidamente maravilloso que fue todo o quizá por una calle dando gritos, recordando todo lo que dio de sí la fiesta junto a unos amigos que no paran de gritar y saltar mientras te diriges a la cama, todo recto, hasta el amanecer.

fotografía de cedequack (la sombra de Peter Pan)

Segunda estrella a la derecha…

segunda estrella a la derecha

Hay un lugar en el que los problemas no existen, en el que tienes el poder de hacerte eterno y eterno hacer el tiempo, donde ser el dueño de tu vida y hacer que permanezca viva por siempre jamás en ese estado de felicidad rebosante del que no quieres despertar nunca.

Hay un lugar que el tiempo no conoce, que los mapas, los terrestres y todos los del vasto universo conocido, no dibujan, que no tiene fronteras ni caminos.

Allí reside tu felicidad, allí residen tus anhelos y todos tus sueños.

Quédate quieto y cierra los ojos un instante, breve, sintiendo que el mundo se mueve a tu alrededor mientras tú miras cara a cara a la oscuridad. Alza la mirada hacia el cielo nocturno y busca en la inmensidad que se despliega ante tus ojos. Sólo tienes que mirar, segunda estrella a la derecha…

Un guión de cartones y muñecos

muñeco de carton

Desde que apenas tenía 3 años de edad y escribí mi primer poema, que de repente me encontré en una vitrina en uno de los pasillos del colegio recibiendo después un premio (una historia que ya contaré), no he parado de crear, imaginar, historias de todo tipo, aunque menos de lo que quisiera.

Maldigo esas dichosas épocas en que la inspiración desaparece por motivos personales e impiden dar rienda suelta a la creación, pero cuando esta vuelve es apasionante. Ese papel en blanco se inunda de tinta y uno no sabe cuándo terminar.

En estos últimos 7 años he dejado aparcado el formato de papel tradicional. Atrás queda aquella época en que la imaginación tenía que reconducirla mediante papel, boli, lápiz, recortables, tizas e historias inventadas que quedaron perdidas en el aire porque fueron solo habladas. Como no tenía ordenador, imaginaba lo que sería escribir con uno, crear imágenes y tener todo un mundo nuevo al alcance de la mano. Cuando lo tuve delante sin embargo, comprobé que esas posibilidades también había que canalizarlas para crear algo bueno, si bien he de confesar que cuantas más posibilidades tuve a mi alcance, más moría un poco la salud de la imaginación, las firguras de papel, las cajas de galletas convertidas en diversos objetos y casas, cuando de repente un trozo de papel cobraba vida propia y se convertía en llave para un concurso improvisado o una simple silla colocada del revés sobre otra daba para varios episodios inventados de una serie que se llevó el viento.

Ahora todo está más al alcance, incluso tengo la posibilidad de compartir con el resto del mundo algo que antes se quedaba entre cuatro paredes o entre las hojas de una carpeta, pero no dejo de recordar los momentos en que, cuando era pequeño, me ponía enfrente de un trozo de cartón y un par de muñecos y coches y las palabras fluían en un guión en directo por los que ahora daría todo por tener entre mis manos.

fotografía de Ángeles

Los 80: Mercromina para las heridas

mercromina2

No recuerdo cuándo fue la última vez que mi madre cogió aquel botecito de tapa blanquecina y cuerpo oscuro. No recuerdo cuándo fue la última vez que lo desenroscó y de su interior salía un estrecho tubito empapado en un pigmento rojo, cuando según se acercaba a la zona afectada, el cerebro a uno lo ponía ya en preaviso del escozor que iba a sentir. No recuerdo esa última vez en que, con mucho cuidado, iba pasándolo, casi acariciando la piel por encima.

Eran los últimos meses de los años 80 cuando mi hermana comenzó a estudiar enfermería en Cuenca. Yo apenas tenía 11 años y, aunque vagos, si tengo algunos recuerdos del momento en el que el antiséptico que nos había acompañado desde el principio de nuestras vidas, vivió sus últimos momentos a nuestro lado.

herida

Fue un dia en que mi padre se hizo una herida. De repente mi hermana le dijo a mi madre:”tráeme el betadine”. Lo recuerdo alto y claro, la palabra “betadine”. Recuerdo a mi madre sacando de su mochila de viaje un frasco de color amarillento, recuerdo unas gasas, impregnadas de una sustancia amarillenta, oscura, casi marrón, al contacto con la piel.

Al día siguiente miré en el armario. El botecito colorado con su tapa blanquecina había desaparecido y no recordaba cuándo fue la última vez que esa sustancia roja limpió mi piel. En aquel momento supe que algo había cambiado y que nunca volvería verlo.

Mercromina, gracias por curarme tantas veces de pequeño, de una forma tan dolorosa y suave.

A tale of two cities

oblivion tale of two cities

Hace un par de semanas me puse a ver Oblivion, la última película intepretada por Tom Cruise. Durante los primeros minutos se produjo uno de esas joyas que yo ya llamo “momento LOST”, que también podría describir como “una pequeña nota de color, misterio, recuerdo, sensación o sobresalto que de repente inunda la calma y te hace entrar en un momento de exaltación y euforia”. Por eso lo llamo más corto “momento LOST”, ya que fue esta serie la que me hizo sentir por primera vez esa sensación maravillosa de locura transitoria frente a un televisor.

Jack, otra maravillosa coincidencia lo del nombre, Jack Harper en este caso, entra en su cabaña, en un lugar que aún permanece inalterado ante la invasión alienígena. Un lugar muy parecido a los barracones de Perdidos, otra semejanza más, ambos lugares reducto que parecen anacrónicos y desentonan en el conjunto de la historia y el paisaje global.

Jack pone su mono encima de la nevera y suelta un libro sobre la mesa, encima de otro. En ese momento paro la imagen y, después de tantas coincidencias, surge ese “momento LOST”, cuando me fijo en el título del libro que hay debajo, “A tale of two cities”, historia de dos ciudades, la novela que Charles Dickens publicó en 1859 y que de alguna manera viene a contar la historia de dos sociedades, de dos formas de pensamiento que crecieron apartadas y siguieron sus caminos hasta que el destino las confronta.

oblivion cabaña oblivion mono peluche

Una idea que muchos cineastas y guionistas han tomado ya como universal y que en algunas obras es una auténtica delicia. Mientras que en Oblivion supone la confrontación de dos razas que crecieron en mundos diferentes, su sentido en “Perdidos”, título que además se le dio al primer episodio de la tercera temporada, fue otra confrontación, la de los supervivientes del Oceanic 815 y los Otros, dos vidas que crecieron por caminos separados y que el destino termina uniendo para dar comienzo a una batalla, a una lucha por otro tipo de supervivencia.

Nuestra vida no deja de ser esa novela. Andamos, vamos y venimos, crecemos dando molde a unas ideas, a un espacio. Muchas veces no somos conscientes de que otras vidas crecen, andan, van y vienen y crean sus propios pensamientos y su propio espacio. Entonces un buen día chocas, y de ese choque nacen amores, batallas, se entremezclan las ideas y los espacios y se forma algo nuevo que andará, irá y vendrá y volverá a chocar de nuevo.

Los confines de la ciudad antigua

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Cada vez que miro al río Tajo no puedo evitar sentir un cierto aire de nostalgia, de las viejas historias que me contó mi padre, de cuando el río se convertía en playa improvisada de verano y de los días calurosos. Ya me lo imagino en bañador lanzándose de cabeza desde la orilla y recorriendo de orilla a orilla su cauce.

También escuchaba con atención las historias y peligros de sus profundidades, que hicieron, entre otras cosas, que se impidiese el baño hace ya algunas décadas.

El río se sitúa allá en los confines de la ciudad antigua, la ciudad de pocas murallas y los puentes de piedra y de hierro, porque siempre ha sido una ciudad abierta, que algún día crecerá hacia la otra orilla.

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Hoy me he quedado mirando a los coches pasar de un extremo a otro y he caído en la cuenta de que jamás he cruzado hacia el otro lado, ese otro lado que es como un pequeño misterio, para mí tan aficionado a las series, algo así como lo que hay al otro lado de la escotilla por ejemplo.

Tengo que cruzar y averiguar lo que se esconde en ese lugar que siempre he imaginado.

Derrotado

beto-malfacini-borelli

Surge una mezcla indisoluble a medias entre el cansancio y la rabia, la sensación de que no se puede recuperar ni echar el tiempo atrás para arreglar los errores cometidos o para dar más de lo que se dio.

La sensación de una derrota sólo se experimenta y sale a la luz en su verdadera esencia cuando lo hemos dado todo, cuando hemos puesto lo mejor en el empeño por conseguir una meta que creemos inalcanzable, cuando se da un baño con el tiempo y el esfuerzo y se mezcla con las ilusiones.