Mi otro cincuenta por ciento

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Éramos él y yo y cada uno a su vez la sombra del otro, durante más de trece años moviéndonos a la vez, mi nombre no existía sin el suyo ni el suyo sin el mío y un día me quedé sin sombra.

El pequeño ser de pelo rojizo y orejas largas que se movía al lado de mis pies, burro como él solo, amante de las causas imposibles. No puedo evitar recordar el hoy de hace doce años, cuando los dos nos quedamos dormidos en el sofá y despertando en el amanecer de un nuevo siglo o ese día de enero de la mayor nevada en la ciudad y su cara al ver todo el paisaje blanco, un paseo inolvidable de nuestra corta pero intensa historia.

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Mi cincuenta por ciento está aquí, mi otro cincuenta por ciento se encuentra dividido, entre los paisajes que recorrieron sus pies, en los yogures que se acaban con el sonido característico de la cuchara, en el tintineo de una correa, en la manta que cubre mi cama, en el recorte del mueble de la cocina a cuyo pie descansaban su agua y su comida.

Un día me di cuenta de que las cosas no son eternas y me arrepentí el no haberlas aprovechado más cuando vivían, aún si lo hice, porque nunca parece suficiente cuando el tiempo se acaba.

Mi cincuenta por ciento

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Hace algunos años cogí uno de estos discos que regalaban con una revista científica, uno que te ayudaba a hacerte tu propia carta astral en función del día en que naciste. Sé que cada una de las palabras, cada párrafo inconexo, a pesar de ser tan genérico, daba en el clavo en su genérico modo.

Acuario, un poco desordenado pero con la mente muy ordenada, tremendamente imaginativo y creativo, lleno de ideas, amante de la literatura y las artes, amante de la naturaleza y los animales, un poco burro cuando la mente se fija en un objetivo, demasiado perfeccionista, sexualmente muy activo, algo que hace que no tenga pareja estable, capacidad y habilidades para las relaciones sociales, un sentido de la justicia tan acentuado como el de los héroes de comic, los amigos son una parte esencial en mi vida…

La mesa desde la que escribo está desordenada y lleva así algún tiempo, parte de la ropa que me voy a poner descansa sobre la silla de la habitación, tengo una carpeta llena de relatos, algunos han visto la luz y otros son hojas llenas de ideas y cuando creo algo, soy capaz de decidir si vale mucho o si es una mierda y aunque parezca perfecto, mi mente nunca descansa para cambiarlo. Soy de los que nunca se casará, de los que se cansa fácilmente de una relación en pareja, nunca la he tenido, no me gustan las ataduras, quiero libertad para acostarme con quien quiera y me encanta disfrutar del sexo con una persona que me atraiga. Cualquier injusticia me hierve la sangre y a mi manera perseguiré la forma de conseguir que todo cambie, no siempre lo consigo, pero otras muchas sí. Conocí tarde a mis amigos, pero en cuanto los tuve delante supe que eran ellos y lo seguirán siendo, hay algo especial que nos une, invisible. Soy alérgico a las gramíneas y aún así no me importa que los síntomas regresen si con ello puedo disfrutar de la naturaleza sin prisas. Le tuve a él, mi otro cincuenta por ciento, tan importante en mi vida que esto lleva su nombre.

Polar Express

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“Los trenes son maravillosos. Es importante saber a dónde van, pero lo más importante es decidirse a subir a ellos”

Sí, es una película para ver en nochebuena, justo en esos instantes en que la bandeja con los mazapanes y los polvorones descansa sobre la mesa con un paño encima, después de cenar, antes de que llegue el sueño, cuando la ilusión está a punto de caramelo.

Aunque ya tiene unos cuantos años encima, ayer la vi por primera vez, no fue en nochebuena y eso le restó ese poquito de magia, pero no importó. Polar Express encierra en su interior una moraleja eterna, con la que crecemos cada uno de nosotros, ese niño interior que con los años se va perdiendo en algún lugar, que sin darnos cuenta dejamos olvidado y no sabemos dónde.

Y aunque no sepamos dónde, sucede en algún momento, ese momento crucial en que frente a nuestros ojos pasa un tren, una oportunidad para ir hacia algún lugar, para confiar en su destino, del que bueno o malo, siempre se aprende. Está entonces, justo en ese instante, justo en ese momento, la decisión de dejar que nos lleve a otro mundo con otras historias. Sólo hay que desear subirse a él e iniciar la aventura.

Olas en la noche

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Me encanta el mar, mi sueño principal se reduce a contemplarlo, a vivir cerca de él, a poder pasear con los pies descalzos por la arena, cuando amanece, cuando cae el sol, con la compañía de mi otra mitad que se fue. Espero algún día poder unir esa mitad y mi sueño, porque parece que cuando uno llega lo otro se va.

El sonido de las olas del mar son mi terapia, esa que consigue calmarme, por eso hoy no regalo ni pasteles ni serpentinas, ni deseos de paz, ni la blanca nieve. Regalo el sonido que me calma, regalo olas de mar.

Bajo las estrellas

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Qué fue de aquellas noches en que acordábamos mirar a la Luna a una determinada hora, para que por mucha distancia que hubiera, nada nos impidiera estar juntos. Nuestro objeto común a miles de kilómetros de distancia fuera del planeta, pequeñitos nosotros, amigos, en un planeta perdido en la galaxia, mientras nuestros ojos se entrecierran, parpadean, mientras los copos de nieve acarician las pestañas.

Bajo las estrellas, millones de seres pequeñitos viven sus historias, de amor y de guerra, entre el amor y la guerra. Pero ese cielo enorme e infinito, qué tiene con sus chispas de color salpicándolo a placer, para desproveernos de una parte y dejar volar la otra a cualquier lugar, libre, fuera de todo amor, fuera de toda guerra.

La fábrica de los sueños

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Los sueños están hechos de manecillas que viajan lentamente alrededor de un reloj gigante de polvo de estrellas, de burbujas que encierran los recuerdos de nuestros seres queridos, entre las que elegimos al azar, sin querer, para que despierten y nos lleven al lugar donde fuimos felices.

Los sueños están hechos de cosas grandes que se hacen pequeñas al acercarse hasta que desaparecen, de castillos con espejos brillantes que marcan una fina línea entre el sueño y la realidad.

Alguien llega y se acerca, gigante, en tu sueño, de repente se va haciendo más y más pequeño hasta que su cara roza la tuya.

Cruzas el espejo y te das cuenta de que los sueños están hechos de manecillas que viajan alrededor de un reloj gigante de luces en la noche, de burbujas de un mar sin calma que encierra los recuerdos de aquellos seres queridos que despiertan en tu mente y te llevan a esos lugares en los que fuiste feliz.

Los sueños están hechos de cosas pequeñas que se hacen grandes al acercarse, hasta que desaparecen en su inmensidad, de un mundo con espejos brillantes que marcan una fina línea entre la realidad y el sueño. Poco a poco tus ojos se van cerrando y cruzan de nuevo hacia esa otra fábrica de sueños.

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21 de diciembre de 2012, el fin del decimotercer baktún, el principio de un nuevo ciclo

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La brocha de un antropólogo, de un arqueólo o la de un paleontólogo va dejando al descubierto la osamenta humana, los utensilios más comunes, también los más extraños y los huesos de aquellos seres gigantes que un día poblaron La Tierra. No puedo evitar pensar en el día en que la humanidad desaparezca. Ahora somos nosotros los que desenterramos cuerpos y las historias que les acompañan, imaginamos sus rostros, desvelamos sus misterios, lo que ese día comieron por última vez, cómo caminaban, cómo cazaban, cómo se comportaban, sus miedos, sus deseos, su cultura, todo basado en una completísima historia convertida en puzle y cubierta por un manto de tierra.

Y el día en que todo acabase, cuando pasasen miles de años, cuando en lugar de ocupar la parte en la superficie seamos aquellos que están enterrados, si otros seres nos descubriesen, intentarían imaginar nuestras vidas, nuestros últimos momentos, nuestra última comida, lo que pensábamos.

El día de ayer, el día de hoy, es como celebrar una nochevieja y un año nuevo pero más a lo grande, a través de un calendario que nunca se repite, el de la cuenta larga que se empleó en la época precolombina y que comienza a contar desde el 11 de agosto del año 3114 a.C.lo que se corresponde en números arábigos con el 0.0.0.0.0. o lo que es lo mismo, el primer día del primer baktún.

Ayer 20 de diciembre de 2012 llevando esa misma cuenta, estábamos en el último día del decimotercer baktún, que se corresponde con el 12.19.19.17.19 y hoy 21 de diciembre de 2012 se celebra el inicio de un nuevo ciclo, el del decimocuarto baktún, que se corresponde con el 13.0.0.0.0. Lo podemos ver en la siguiente representación, con los glifos que se utilizaban para representar los días y que son los que aparecen dibujados en las piedras y los códices. Los números eran representados mediante puntos y líneas.

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La cuenta larga está basada en el sistema decimal de base 20, así, si quisiéramos representar el número 25 a partir de la fecha de la cuenta larga, lo representaríamos como el 0.0.0.1.5. Sin embargo la cuenta no es tan simple, ya que a partir del siguiente periodo, la cuenta era de 18 unidades cada 20 días, con lo que la numeración 0.0.1.0.0 en lugar de corresponderse con el día 400 se correspondería con el 360.

A los días les llamaban kin, a los periodos de 20 días les lllamaban uinal, 18 uinal se correspondían con un tun, 20 tun equivalían a un katún y 20 katún formaban un baktún, es decir, 144,000 días. Esto refleja que hoy celebraríamos el día 1,872,000 desde que comenzó la cuenta. Así tendríamos 13 baktún. 0 katun. 0 tun. 0 uinal. 0 kin. Mañana sumaríamos un nuevo kin a la cuenta.

El calendario maya

Los periodos no acaban aquí, ya que varios baktún daban lugar a otro nombre y en muchas inscripciones mayas, la cuenta continúa haciendo referencia a determinados días adentrándose en fechas pasadas y futuras. Por lo tanto hoy no es ni mucho menos un día de destrucción, sino de celebración, el final de una cuenta para comenzar con otra, algo así como en el calendario civil cuando pasamos de 1999 a 2000, un clima de expectación, pero nada más allá de una celebración especial relacionada con los números.

Hoy los glifos hablan por sí solos desde los ecos del pasado remoto, traduciéndose este 21 de diciembre de la siguiente forma:

13 baktunes, 0 katunes, 0 tunes, 0 uinales, 0 kines, 4 ahau, 8 cumkú. Se manifestó la imagen, se colocaron las tres piedras. Plantaron la piedra el dios Remero Jaguar y el dios Remero Espina de Mantarraya. Esto ocurrió en el primer-cinco-cielo: la piedra del trono de jaguar, plantó la piedra el dios Negro-Primer Rojo. Esto ocurrió en el lugar de la Tierra, la piedra del trono de serpiente y entonces ocurrió que puso la primera piedra el dios Na Itzamhi, la piedra del trono del lirio acuático. Esto ocurrió en el cielo acostado, el primer lugar de las tres piedras. Se completaron 13 baktunes. Esa fue su acción, Señor del Cielo Elevado.

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