Tenis in my mind

Aún conservo mi primera raqueta de tenis, e incluso el recuerdo del día que fui a comprarla. Es de color amarillo, uno de mis colores favoritos junto con el azul, y su cordaje ya está débil, no aguantaría muchos más partidos.

Fui con mis hermanas a la tienda de deportes aprovechando que nos acabábamos de hacer socios del club Los Alcores donde había tantas pistas de tenis y cada uno salimos de allí con una raqueta de la misma marca y diferente color para poder practicar todos los fines de semana con papá, entre nosotros y con los primos. Incluso mamá hizo algunos intentos de jugar. Las primeras bolas se escapaban por debajo de la raqueta por golpear demasiado tarde, hacía falta sincronización y coordinación. Muy pronto llegó el primer golpeo con un revés a dos manos, mi golpe preferido y el que mejor se me da a día de hoy. Sentir la bola golpear en el cordaje e imprimirle toda la fuerza para pasar al campo contrario, es una sensación indescriptible.

Tras esto pasarían innumerables tardes jugando sobre todo contra mi prima Sara, haciendo a la vez de recogepelotas, eso que nos cansaba y cabreaba tanto por el cansancio que suponía. Muchos trofeos inundaron las estanterías de casa por competiciones ganadas por papá, al que estoy intentando animar que vuelva a jugar de nuevo aunque no sea por competición.

Cuántas veces me olvidaba de coger mi propia raqueta y la dejaba olvidada en casa para coger esa raqueta campeona. Tras muchas bolas salidas de la pista (sobre todo de la pista central) llegaron los frontones, donde mis saques y reveses eran demoledores con puntos directos, haciendo honor a los genes que llevo dentro. Finalmente llegó el voleyball, mi deporte favorito, y dejé olvidada la raqueta, para centrarme más en golpear el balón, pero nada cambiará los buenos momentos de este deporte que llevo dentro.

Por no hablar ya de cómo dejaba Yoko las pelotas…

Cajón Desastre

Esta sintonía me trae recuerdos lejanos y que creía olvidados desde hace casi 20 años ya…

Cajón Desastre

Con tan solo 10 años, cada sábado por la mañana me despertaba el primero en casa. Mientras los demás dormían, cruzaba la casa para enchufar la antena sin hacer mucho ruido y volvía ilusionado pasito a pasito con los pies casi descalzos a enchufar la tele de mi habitación, me volvía a meter en la cama y me arropaba de nuevo con las mantas dispuesto a disfrutar de mi programa favorito.

El primer bloque estaba dedicado a los más peques. Aunque yo ya no pertenecía a ese bloque había cortos de dibujos animados muy graciosos como el señor Hiccup que siempre estaba hipando y otros muchos, recuerdo vagamente a un tigre, a un dibujito muy simple, pero todo como envuelto por un halo que me impide recordar ningún dato más, hace mucho tiempo de ello.

El segundo bloque estaba dedicado a los niños, ese era el mío, emitían muchas series de dibujos animados. Recuerdo El Mago de Oz, el chico que se convertía en hombre lobo, el pato vampiro… quizá la que recuerdo con más cariño es El Mago de Oz, toda una aventura que seguí con mucho interés con Doroty y su perro Totó y un montón de aventuras. En este bloque también había concursos desarrollados sobre una pista, siempre la misma, pero que daba mucho juego.

El tercer bloque era para los mayores, o lo que yo entendía por mayores, es decir, a los adolescentes a partir de 15 años. Este también lo veía, sacaban muchos gags de humor, uno de los que recuerdo también vagamente pero que sí recuerdo que me provocaba una risa fácil era “Mary Comunicando”, donde la presentadora, Miriam Díaz Aroca hizo uno de sus mejores papeles humorísticos haciendo de operadora telefónica que recibía unas llamadas de lo más curiosas y divertidas. Al final del programa siempre había un grupo musical invitado. Y una cuenta atrás…

Tal fue el éxito del programa que decidieron programarlo desde las tardes del verano y posteriores estaciones de lunes a jueves, en una iniciativa sin precedentes, con nuevas series aunque prescindiendo del apartado infantil de preescolar y dedicándose más a un público joven. Así estuvo varios años en antena hasta que llegó su triste despedida y que siempre recordaré.

La presentadora, los actores que habían dado vida al programa y otras muchas personas del equipo técnico se metieron en el cajón mientras Miriam Díaz Aroca entonaba la canción.. “nada es verdad ni es mentira, te lo puedo asegurar, todo es del color del cristal con que se mira”. Una vez acabada la canción y mientras cerraban la tapa, pronunciaron todos juntos por última vez esa cuenta atrás desde 10 que tan famosa se hizo. Cuando la tapa quedó cerrada por completo, se hizo el silencio y la oscuridad y sonó por última vez la sintonía original del programa mientras de fondo y ahora solitario permanecía como un recuerdo guardado en el desván ese destartalado cajón desastre.

Hey :)

Es difícil a veces obtener una sonrisa, pero un pequeño gesto lleno de voluntad y ganas puede conseguirlo. Cualquier bebé al que acerquemos de repente y por sorpresa un muñeco mientras lo acompañamos de cualquier sonido como un “hey”, no dudará en sonreir. Aparentemente es un gesto bobo y sin sentido, pero incluso haciéndolo con un niño o cualquier persona que esté en una mala situación, podremos conseguir de ella o él una breve sonrisa.

Como si de pronto se activase por la sorpresa inesperada algún mecanismo que por un momento nos sacase de nuestro mundo pensativo.