Pataditas en el aire

Un simple papel estrujado de alguien que se equivocó al escribir, una pequeña piedra que se salió de su camino, las hojas que caen con la llegada del otoño empapando el suelo de tinta de colores.

Allá donde hay un objeto en el suelo, siempre habrá un pie que se encargue de darle una patadita en el aire, haciendo que el papel vuele lejos, que la piedra vuelva a su lugar o se separe más del camino  y que la orgía de colores que forman las hojas al caer de los árboles pinten algo más que el suelo.

Yo soy yo y mis circunstancias

Porque aunque sea como los demás, no me parezco a nadie. Porque aunque beba, coma, rie o cante, nunca lo haré como los demás. Porque lo que yo siento ahora se debe a un cúmulo de casualidades, de circunstancias, a un momento concreto,  específico y a un estado de ánimo que repercute en lo que veo, miro y presiento.

Por eso una canción se convierte en la canción de mi vida, por eso un olor me hace recordar un momento vivido, por eso me distingo del resto de personas. Por eso no tienes que pensar más en por qué me puede gustar esto o lo otro, ni parecerte extraña mi elección. Nuestros caminos han sido diferentes y también las condiciones que nos han llevado hasta donde estamos. Si hubiéramos compartido todo desde el principio nada más nacer y tan sólo nos hubiéramos separado un momento en la vida, ese momento bastaría para cambiar lo que somos y distinguirnos el uno del otro.

Meter las narices donde…

Seguramente cualquiera hemos vivido una situación parecida. Estar haciendo algo o mirando algo y que de repente otra persona invada tu espacio personal y, como se dice popularmente, meta las narices donde no le llaman. La sensación de rabia se incrementa un factor cuando además esa persona es desconocida para nosotros.

Hacía mucho tiempo que nadie invadía ese espacio personal, pero que encima lo haga un dependiente de una tienda y además por partida doble mientras su compañera, que además no es novata, me está atendiendo correctamente, es ya lo último.

¿Se puede ser más impertinente que molestar a una compañera y casi darle a entender que no está haciendo bien su trabajo, mientras me hace una reserva, poniéndose detrás del mostrador frente a su compañera y agarrando la pantalla para ver qué estaba escribiendo? Si ya os digo que encima es en una cadena de tiendas donde la atención al cliente es lo que prima sobre todas las cosas y todos van de traje, ya me diréis.

No contento con esto y viendo que tardaba demasiado, al rato se metió detrás del mostrador para ver qué seguía haciendo y dándole unas indicaciones que sun compañera sabía hacer perfectamente, puesto que ella misma se las ha explicado.

Aguantar a tipos impertinentes como este tiene lo suyo.

El día en que la tormenta de polvo invadió Sydney

6:30 de la mañana de un 23 de septiembre de 2009.

Una de esas escenas que sólo se pueden ver una vez en la vida. De repente Sydney queda envuelta en una tormenta de polvo. Una niebla de color naranja invade cada rincón sin poder ver más allá de unos metros de distancia, dejando a la ciudad sumida en un estado de latencia perpetua. Durante unas horas fue ciudad fantasma, ciudad de susurros, de miedos y misterios.

Quiénes son las carpeteras

Primero fueron los pueblos, las ciudades, los teléfonos abiertos por los ayuntamientos para llamar incansablemente hasta que el que después inexplicablemente iba a ser el “hijo predilecto” del lugar estuviera seguro entre aquellas cuatro paredes de la casa más famosa de España, cuando se impusieron restricciones y se acusó de derroche de dinero público para tonterías, le siguieron las dichosas plataformas que salían por cada causa justa y necesaria, donde la gente se iba uniendo como si de un redil de ovejas se tratara para ofrecer apoyo a un concursante.

Todo esto ha pasado a la historia, ya no hay plataforma ni pueblo que valga, Gran Hermano 12 nos ha traído algo maravilloso, un especímen que muchos dicen que está en extinción, aunque otros piensan que este es su comienzo. Con ellas podría realizarse un amplio estudio sociológico, quizá uno de los más difíciles por su complejidad, porque aunque todo el mundo las conoce, en realidad nadie sabe dónde se esconden. Puede que tengas una al lado y que no te deje entrar en su habitación, o quizá puerta con puerta. Cuando vamos por la calle seguramente nos cruzamos con decenas, centenares de ellas cada día auqnue no dejan ver su verdadero rostro, porque su verdadero ser se descubre cada tarde, cada noche, frente a la cadena de música, frente a la revista Vale o frente a un programa de televisión. Entonces se transforman y se convierten, como los gremlins, en seres crueles y vengativos capaces de hacer lo que sea necesario con tal de alcanzar su objetivo.

La inmensa mayoría que ha estado cerca de alguna, las definen como chicas en edad adolescente, ya sea física o mental, que forran las carpetas con las imágenes de sus ídolos, que siempre suelen tener un atractivo destacable. Siguen toda su vida, sus amores y desamores, ya sean verdaderos o burdos montajes, ellas no son capaces de distinguir la realidad de la ficción.

A esta definición agregan que carecen de vida social, la cual compensan imaginándose historias de amor inexistentes y haciendo de la vida de los que adoran la suya propia hasta enloquecer. En su ánimo por proteger a sus ídolos, destrozan al resto quien sea que pueda hacerle la más mínima competencia.

Sí, tranquilo/a, ya sé que ahora eres capaz de reconocerlas, que recuerdas haberte topado con una de ellas en tu propia clase o que ya has caído en la cuenta de que tu hermana es una de ellas. Quizá alguna ya se esté descargando la foto de portada de esta entrada para ponerla en su ordenador o imprimirla. Tranquilo/a también por esto, no es una enfermedad incurable, sólo el tiempo quita la gilipollez y esperar es la mejor medicina para las carpeteras. Mientras se curan, eso sí, seguirán jodiendo a base de bien.

De Yoplait a Danone

 

Cómo pasé de una a otra marca, cómo llegaron de repente los yogures de la otra para sustituir para siempre a la anterior, desconozco el momento en que ocurrió, pero no olvido la sensación.

Yoplait era como esa única empresa de telefonía que ya estaba instaurada en nuestras vidas. Para comer, para merendar, sus yogures estaban siempre en la nevera, caldosos, de sabor a fresa que me gustaban sobre todo, aunque también probé los de limón, macedonia y melocotón, sin olvidar los naturales, esos los veía más para personas mayores, azucarados y sin azúcar, de esos que antes jamás me gustaban y ahora sin embargo les encuentro su aquel.

Un buen día llegaron a casa los Danone, mucho más esponjosos, decía la locutora de radio Encarna Sánchez que un buen yogur era tal cuando metías dentro la cucharilla y esta se quedaba en el mismo lugar sin ladearse. Los Yoplait eran acuosos. Supongo que por eso llegaron a casa los de Danone, de la mano de Encarna Sánchez, que hacía posiblemente publicidad de ellos en su programa de radio de las tardes.

 

Sea como sea e independientemente de la publicidad, bienvenida fue, porque descubrí una nueva forma de disfrutar de un yogur sin estar pendiente de que se me cayese la cantidad de líquido que los otros contenían, se acabaron los yogures acuosos, estos eran consistentes y además con mejor sabor. Desconozco si hoy día se siguen comercializando los Yoplait, yo al menos no los he visto ya en ningún comercio.

Con el tiempo fueron surgiendo nuevos sabores, nuevas formas, pero desde entonces siempre hay un Danone en la nevera listo para ser… explorado en profundidad xD

Hacer de lo desconocido la normalidad

Cuando las cosas nos superan, cuando el miedo o simplemente lo desconocido entra en nuestra casa por sorpresa, sin invitarlo ni esperarlo, nos sentimos indefensos, como si hubieran violado un código de conducta, invadido nuestro espacio vital.

Tendemos a evitarlo, a odiarlo, a despreciarlo, pero en otras ocasiones no queda más remedio que enfrentarse a ello cada día.

Y de la continua exposición surge lo inevitable, de repente nos damos cuenta al echar la vista atrás que sólo esa exposición a los miedos, ha hecho que la superemos, que aprendamos a verla desde un punto de vista diferente, que hagamos de ese algo desconocido la normalidad.