Meter las narices donde…

Seguramente cualquiera hemos vivido una situación parecida. Estar haciendo algo o mirando algo y que de repente otra persona invada tu espacio personal y, como se dice popularmente, meta las narices donde no le llaman. La sensación de rabia se incrementa un factor cuando además esa persona es desconocida para nosotros.

Hacía mucho tiempo que nadie invadía ese espacio personal, pero que encima lo haga un dependiente de una tienda y además por partida doble mientras su compañera, que además no es novata, me está atendiendo correctamente, es ya lo último.

¿Se puede ser más impertinente que molestar a una compañera y casi darle a entender que no está haciendo bien su trabajo, mientras me hace una reserva, poniéndose detrás del mostrador frente a su compañera y agarrando la pantalla para ver qué estaba escribiendo? Si ya os digo que encima es en una cadena de tiendas donde la atención al cliente es lo que prima sobre todas las cosas y todos van de traje, ya me diréis.

No contento con esto y viendo que tardaba demasiado, al rato se metió detrás del mostrador para ver qué seguía haciendo y dándole unas indicaciones que sun compañera sabía hacer perfectamente, puesto que ella misma se las ha explicado.

Aguantar a tipos impertinentes como este tiene lo suyo.

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