Aprender de un viaje

De cada viaje se aprende algo, los que lo viven en primera persona no lo olvidarán jamás, de las personas que conocieron, de las risas que pasaron, de las historias que les contaron y de todo lo que compartieron, amistades que se forjan desde el primer momento porque sabemos que el tiempo no es infinito, que no hay lugar para otra cosa que no sea disfrutar al máximo de cada segundo. Se viven intensamente porque estamos fuera del territorio, de nuestro territorio, al que ya estamos acostumbrados, al que dejamos pasar y en el que decidimos quien entra y quien sale.

Pero fuera de ahí estamos abiertos, porque nada es nuestro, porque nada nos ata y eso nos incita a dejarnos impregnar por todo lo que nos rodea, a ser esponjas que recogen cada experiencia. Y nadie puede evitar que al regresar a casa y exprimir los recuerdos, salgan algunas lágrimas de anhelo.

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