Libros por el mundo

libros por el mundo

Cuando observo una fotografía, suelo mirar más allá de la simple imagen, intento pensar y expresar lo que me transmite, coincida o no con lo que su autor intentó reflejar, en eso consisten las obras de arte, aquellas con las que cada uno es capaz de ver algo diferente y adecuarlo a lo que le hace sentir.

Otras veces las fotografías me sorprenden por lo que muestran, ya sea un paisaje de ensueño, un edificio impactante o como en este caso, algo tan común como una pila de libros. Y esta pila de libros no tendría el mismo sentido como fotografía si no fuese por la mano que los lleva y los títulos sobre sus manos, un ciudadano de Bangladesh con obras que rozan extremos de estilos, desde el cosmos de Stephen Hawking, las novelas románticas de Danielle Steel, pasando por biografías históricas como la de Adolf Hitler, las novelas de aventuras de Dan Brown o lo último de J.K. Rowling y su vacante imprevista.

Estoy seguro que a los amantes de la lectura como yo, les encantará reconocer en esta fotografía libros que tienen en sus estanterías, saber que son, como los programas famosos de viajes, libros por el mundo.

El viento por la cerradura

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Finalmente los reyes este año no me hicieron mucho caso, pedí algo que quizá requería un poco más de tiempo y que no costaba nada de dinero, pedí el rescate de unos viejos altavoces que teníamos hace una década en casa, hasta el momento no he encontrado ningún otro que suene tan bien y encima con varias vías y que terminaron sustituídos por otros insoportables que han conseguido que no haga uso de la cadena de música en muchos años.

Mientras llegan de vuelta del trastero y ocupan el lugar que merecen, el regalo de este año ha sido un libro que continúa, por decirlo de alguna forma, si bien podría ser un libro aparte, la serie de ‘La Torre Oscura’ de Stephen King, una serie que ya tiene sus añitos, ya que empezó a escribirla en 1974 (para que después nos quejemos del ritmo de los libros de ‘Canción de Hielo y Fuego’, si es que ya no quedan J.K. Rowling que no nos hizo esperar medio siglo para saber el final de Potter).

Stephen King, aunque a mi hermana le repatea y no sé el motivo, es uno de mis autores favoritos. De pequeño no paraba de ver las miniseries de sus libros y recientemente, después de muchos años, le redescubrí con ‘La Cúpula’, que terminará convertida en serie (por un tiempo pensé que estaba cancelado el proyecto pero no, sigue adelante) al igual que ‘La Torre Oscura’. Me quedo ahora con las ganas de leer la mini novela ‘The Colorado Kid’, en parte gracias a esa serie que tiene el don de querer cargármela de lo mala que es, pero que después tiene momentos maravillosos con muy buenos cliffhangers, llamada ‘Haven’.

Le conocí un 31 de octubre de 1999

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Le conocí un 31 de octubre de 1999 por la mañana. Durante muchos días, hasta la noche de nochebuena de ese año, era sólo un libro infantil de color amarillo que había causado sensación en Estados Unidos, pero que en España no conocía casi nadie, ni siquiera los libreros. Pero aquella noche mágica, de madrugada, abrieron la puerta a diez años de fantásticas aventuras, de muchas ilusiones, una puerta que aún sigue abierta. En cierta forma la autora profetizó, sin saberlo, lo que ocurriría, en una de las páginas del primer capítulo.

Cada noche, cada mañana durante las fiestas de navidad, jamás había devorado un libro de esa forma, deseaba levantarme pronto para poder continuar leyendo, sentado en el suelo apoyado sobre el borde de la cama, con la poca luz que entraba por la ventana, antes de que nadie despertase, con la tranquilidad y la calma del amanecer. Terminaba de leer y me pasaba todo el día hablando de lo que había ocurrido, elucubrando sobre lo que pasaría después.

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Cuando apenas me restaban los dos últimos capítulos por leer de Harry Potter y La Piedra Filosofal, me levanté en la noche de reyes. Sobre mi zapatilla había un regalo, lo abrí y salté de emoción al ver que era el libro de Harry Potter y La Cámara Secreta. Con él sobre la cama continué con la lectura del primero, emocionado, sabiendo que al terminar podría continuar con otra nueva aventura.

En mi estantería ya hay ‘Una vacante imprevista’

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Mientras paseaba en la noche por las calles más antiguas de la ciudad camino de mi destino, no dejaba de pensar cómo fue aquella primera vez. La primera vez no se me ocurrió otra cosa que, sin saberlo, entrar en una librería religiosa para pedir un libro que había enamorado ya a más de 13 millones de lectores en todo el mundo. De los dos o tres dependientes que me atendieron, tras preguntarse entre ellos y entrar un par de veces al almacén, ni lo conocían ni lo tenían. A la segunda librería hubo más suerte y el dependiente que me atendió, aunque no sabía exactamente sobre ese libro que le pedía, apareció bajo las escaleras enseñándome las dos portadas de los dos libros que habían salido hasta el momento. Fui uno de los primeros, antes de que se generase un fenómeno, antes de las películas. Aquel dependiente seguramente nunca se acordará de mí, pero yo sí, aunque por sus manos habrán pasados centenares, miles de libros ya vendidos de Harry Potter.

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La historia se vuelve a repetir, debe ser cosa del destino, o más bien como yo digo, de lo inevitable. Una dependienta de la sección de libros de una conocida cadena de hipermercados, me hace repetir el nombre del libro y la autora, algo que me sorprende, porque la pequeña diferencia esta vez es que la autora ya es conocida. No me queda otro remedio que hacer algo que quería evitar a toda costa, “la autora de Harry Potter”, pero tengo que hacerlo y me sonrío a mí mismo. Lo encuentra, pero cae en algo que sabía que caería, la fecha de puesta a la venta. Tras preguntar a su compañero y este a su supervisor (otra vez tres dependientes divagando), no me lo pueden vender hasta mañana, aunque me confiesan que ya lo tienen abajo en el almacén. Por un breve espacio de tiempo querían bajar a por él, pero no lo hacen.

A la segunda hay más suerte, entro en la librería que me consiguió la saga entera de La Torre Oscura y mientras llego al mostrador ya veo el libro de contorno amarillo y fondo rojo y se me hace la boca agua, ya está más cerca de mis manos para devorarlo. Sin andarse con tantos remilgos, la chica que me atiende le pregunta a otra si ya se puede vender y entre risas y muy simpática dice “véndeselo, a quién se lo va a contar a estas horas”. Mientras me lo cobra, me dice que se lo va a leer porque le gustó mucho Harry Potter, aunque no tenga nada que ver. Ya con mi libro en las manos debatimos los cinco, ellas dos y una pareja que allí había, y que descubren gracias a mí que J.K. Rowling ha sacado un nuevo libro (al final terminarán comprándoselo), brevemente sobre la tontería de respetar la venta de un libro un determinado día, de los tiempos de Harry Potter y cuando fijaban incluso una hora a pesar de tener los libros muertos de risa durante quince días en el almacén.

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Desde aquí dejo bien claro que respeto que ciertos productos tengan una fecha de salida, pero no lo comparto. Me encanta que se creen mini presentaciones para ponerlo a la venta, fiestas, y que el día de salida sea como una celebración especial, pero deberían también respetar a los que disfrutamos de la lectura sin necesidad de tanta pomposidad, porque no nos hace falta que nos metan un libro por los ojos, porque no formamos parte de esos compradores a los que cazar, porque queremos ese libro en cuanto el librero lo tiene en las manos, porque en mi estantería y en mi cabeza hay ‘Una vacante imprevista’ que rellenar.

Para los más fans, os daréis cuenta que el libro está dedicado para Neil, su pareja, a quien ya dedicase de forma compartida Harry Potter y el Misterio del Príncipe.

Regreso a la “Vida de Pi”

Que haya pasado casi una década desde que el libro salió a la luz y nadie haya decidido, hasta este momento, trasladarlo a la gran pantalla, sólo puede significar que, o bien los que lo leyeron y podían convertirlo en celuloide prefirieron dejar entre las páginas de un libro su esencia o que los que podían hacerlo, nunca llegaron a leerlo.

La primera vez que vi “Vida de Pi” fue entre las páginas de una de las revistas de Círculo de Lectores. Aunque no confiaba en el título, su argumento ya me pareció alentador. Tenía miedo de aburrirme enseguida, una historia desarrollada en una sola localización, donde no hay conversación posible porque sólo hay un ser humano que ha de sobrevivir con y a los animales que le acompañan. Todo se disipó cuando comencé a pasar las páginas y asistí al comienzo de un gran relato, corto y capaz de conmover y a la vez enseñar para el que quiera ver en ello un aprendizaje de la vida.

Me alegra volver a hablar de este libro que ahora será convertido en película, del que apenas recuerdo algunos retazos, lo que hace que pudiera ponerme a leerlo con la misma incertidumbre de hace años.

El regreso de J.K. Rowling con “Una vacante imprevista”

Hace ya algunos años que Harry Potter nos abandonó. Atrás queda esa última tarde de lectura, que decidí terminar en el lugar que tantos buenos ratos me ha dado entre sus páginas, a pesar de que me congelase de frío, ya no sólo por la temperatura del exterior, sino por los nervios de saber que se acababan 10 años de lectura, que iba a llegar al final de todo después de haber imaginado durante una década entera.

Es muy bonito, y hasta romántico, el saber que algo no volverá, que ha terminado para siempre. Esa simple idea sobrevolando la mente, crea un profundo y complejo universo de emociones en el interior. Harry, Hermione y Ron siguen ahí para siempre, en los fan fics de los más fans, en los dibujos de los niños pequeños.

JK. Rowling no le ha abandonado, es difícil y sería absurdo desprenderse así de repente de un personaje que te ha dado tanto y del que todo el mundo habla (algo que vaticinó la escritora en el primer capítulo de la saga, aún cuando ni siquiera había sdo publicado, me rio yo de los profetas antiguos). Mientras dedica sus esfuerzos a completar Pottermore, un lugar mágico que nos desvela curiosidades sobre el mundo de Potter y sobre la propia escritora, J.K. Rowling ha lanzado ya un nuevo libro que poco tiene que ver con la magia.

La autora desembarca así en el terreno de la literatura para público potencialmente adulto, aunque ni Potter era para niños, por mucho que algunos que se creen expertos se empeñen, ni nadie puede asegurar que este libro no sea devorado por niños.El libro llevará en España el título de “Una vacante imprevista”, la historia que habla de la variedad de situaciones y acciones humanas ante un mismo hecho, la muerte de un concejal y la lucha y loq eu la gente es capaz de hacer para conseguir ese puesto que ha quedado libre. El libro será publicado, como los de Harry Potter, por la editorial Salamandra. El perfecto regalo para estas navidades, porque se pone a la venta el 19 de diciembre.

Y nada mejor como homenaje y para recordar viejos tiempos, que ponerme a leerlo una buena noche del 24 de diciembre por la madrugada, tal y como hice ya hace 12 años con la historia del niño que vivió. Sólo echaré de menos cuando lo haga a mi pequeño ser, mi otra mitad que descansaba a los pies de la cama mientras soñaba entre las páginas.

Midtown Comics

No se puede decir que sea un apasionado de los comics, sin embargo tanto su mundo como todo lo que gira en torno a ellos me apasiona. De pequeño no tenía los típicos libros de Superman ni de Batman, sino montones de revistas de Disney que leía una y otra vez. Las que más me gustaban eran las de Patoaventuras, o lo que más tarde en la serie de dibujos animados se llamaría así. Aquellos comics me despertaron un interés por Mickey, Donald, Goofy y todos esos personajes, que aún continúa a día de hoy.

Más tarde, entre la etapa de mi niñez y la adolescencia, me acercaba cada sábado al kiosco para comprar una bolsa de un periódico ya desaparecido hace años y que el dependiente me dejaba llevarme sin tener que pagar el periódico. Dentro de esa bolsa que costaba unas 150 pesetas si mal no recuerdo, venían algunas joyas del comic, aventuras variadas en cada número. Todas esas aventuras deben andar por ahí en las cajas escondidas con Thor, Superman y Lobezno en su interior, entre otros.

Mentiría si dijese que soy más de comics que de libros, de hecho de pequeño solía enfadarme si entre mis regalos se escondía un gran libro con viñetas en lugar de cientos de páginas para leer y disfrutar. Los comics tienen una lectura más ligera y visual, dejan menos campo a la imaginación, y eso es algo que personalmente es lo que menos me gusta de ellos. A pesar de este inconveniente personal, soy capaz de reconocer una buena obra cuando la tengo delante, y si tuviera que elegir un comic de entre todos los comics, el mío sería sin duda Tintín.

Si hay un lugar en el que saben tienen más comics que en ninguna otra parte del mundo, ese lugar es sin duda Midtown Comics, una sede con cuatro tiendas repartidas en pleno Nueva York, la principal de ellas en Times Square. El emporio de los comics, el lugar en el que comprar, vender, participar y disfrutar, el lugar en el que cualquier aficionado o veterano no pueda sentirse extraño al ir a buscar a su superhéroe favorito, ya sea de ahora o de hace setenta años, porque aquí lo viven todo con mucha pasión.

La tienda no se queda atrás en tecnologías e información. Compra-venta de ejemplares impresos, varias redes sociales a través de las cuales seguir sus noticias, un blog, canal de youtube y hasta una aplicación en iTunes para venta de números online en todo el mundo. Y por si esto fuera poco, además dan la oportunidad a nuevos artistas para exponer sus trabajo en la tienda y convertir su superhéroe en una leyenda.

Hoy me he sentido identificado de alguna forma con el reportaje que simultáneamente para varios países ha emitido National Geographic centrado en esta tienda, como homenaje a todos los fans de los comics. No hace mucho me hice con una edición de coleccionistas, el baúl con todas las obras de Tintín, incluído el número inédito que Hergé nunca pudo finalizar y que abrí con sumo cuidado, como si fuera un tesoro.

Algunos comics de Disney siguen apareciendo en alguna estantería de la casa. Desde entonces todo ha cambiado mucho. Ahora ya no es necesario ni siquiera ocupar espacio, basta con hacer un simple click y leerlo en la tablet pasándo sus páginas con un simple arrastre del dedo. Un movimiento, sin embargo, que jamás podrá sustituir la sensación del olor de las páginas impresas, pero que sigue encerrando la misma magia de siempre.