La música puede morir también

Dexter sigue el ritual. Extiende por toda la habitación el plástico, recubriendo paredes, suelo y objetos para impedir que sean salpicados. También recubre la mesa del asesinato, allí en el centro, la protagonista de todas las miradas. Poco más lejos de ella, un pequeño atril se levanta sobre una pequeña mesilla, con las fotos de las víctimas del que pronto se convertirá en su propia víctima. Con suavidad y delicadeza limpia y observa el material de su cacería de esa noche. Esta es la noche.

Adam Ben Ezra sigue el ritual. Extiende el plástico por toda la habitación, recubriendo suelos y paredes y también esos objetos susceptibles de ser salpicados. También recubre la mesa del  crimen, allí en el centro, la que no es protagonista de todas las miradas pero que tendrá un protagonista muy especial, ese que morirá a cada nota. Un poco más allá hay una pequeña mesilla también cubierta sobre la que no hay nada, sólo un espacio extrañamente vacío. Con delicadeza y suavidad, afina cada uno de sus istrumentos, su material de cacería para ese día, el día en que matará de placer a la música.

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