Todo lo que dices antes

No sé dónde escuché aquello de que todo lo que digas antes de la palabra “pero” no sirve para nada, de hecho el único fin de todo lo que venga antes tiene una única utilidad, suavizar lo que viene después. Cuando alguien te aparta para hablar contigo y te suelta bonitas palabras, a menudo somos nosotros los que nos adelantamos y decimos eso de “sí… pero…”, intentando llegar antes al asunto que nos llevó allí.

Uno de los principales terrenos en los que ocurre esta circunstancia es en el terreno sentimental. Te acercas, miras a los ojos desviando la mirada, pensando cómo decir las cosas, cómo medir las palabras, cómo suavizar un daño que no sabes hasta dónde va a llegar, porque depende de la otra parte. Cómo decir que todo ha sido maravilloso, que es guapa o guapo, que tendrá a todos o todas las que quiera a su alrededor y encontrará el amor, que es una bellísima persona y te lo pasas muy bien con él o ella y te hace sentir genial, pero…

Entonces todo se rompe y comienza la auténtica verdad. Pero… no siento lo mismo por ti, ya no estoy enamorado o enamorada, he conocido a otra persona, no podemos seguir así y quiero terminar con esto.

Hay gente que sabe encarar este tipo de conversaciones si dar rodeos, pero son las menos, aquellas personas que no conectan con los sentimientos de los demás. Una inmensa mayoría utilizamos palabras que no llegamos a sentir del todo para después comenzar a contar la verdad, como una extraña tradición del ser humano, precisamente por eso, por ser humanos, porque empatizamos con quien tenemos enfrente, sabemos que va a sufrir y eso hace que sin darnos cuenta, intentemos hacerle el menor daño posible.

Haz un ejercicio a tu alrededor, observa, escucha, percibe que todo lo que te dicen antes de un “pero” no sirve para nada, no sirve para ti, pero sí para el que te habla, para sentirse mejor consigo mismo aunque crea que con ello también te hace un favor. No es ni mejor ni peor, aprécialo como tal.