Tocar las estrellas

Parece tan sencillo en los cuentos, estrellas al alcance de la mano, sólo hace falta estirar un brazo y tocarlas con la yema de los dedos para sentir su calor y su luz, algunas tienen voz y hablan y junto con las otras iluminan las noches oscuras haciendo que el miedo y la incertidumbre de evaporen como si tal cosa.

Space Oddity – David Bowie

Nunca dejará de sorprenderme la facilidad con la que el destino prepara las cosas, este post es para alguien que un día consiguió algo más difícil que lo que relatan los cuentos, tocar una estrella, y que hoy se ha convertido en una de ellas.

Neil Armstrong: “Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”

Aún faltaban muchos años para que yo naciese, cuando la gente se reunía con vecinos y amigos en aquella noche de 1969 frente a los pocos televisores en blanco y negro para ver pisar la luna por primera vez, escuchando esas palabras, ya leyenda, de un hombre que nos abandona hoy, Neil Armstrong, a la edad de 82 años, algo que deja constancia de que los viajes al espacio al menos no son tan nocivos.

Aquella frase, estuviera o no preparada para cuando se pisase el suelo lunar, significó el primer paso de un rumbo, un camino que continúa para el hombre, abriéndose paso por el universo, incluso llegando a sus orígenes. Miramos al cielo y sólo vemos un vacío inmenso salpicado de estrellas, pero allá arriba, invisibles a nuestros ojos porque no brillan, hay satélites que siguen indagando en la vida desconocida, naves que van en busca de respuestas a preguntas.

Al final todo es roca, agua, elementos, y las respuestas que buscamos las tenemos tan cerca como que somos nosotros mismos la composición de aquello que podamos encontrar ahí fuera por muchos años luz que haya de diferencia. Aún así, la ilusión sigue intacta, porque aunque podamos encontrar parecidos allá afuera, nunca se sabe lo que el tiempo y el espacio han podido hacer a su antojo y albedrío.