El mundo de los corazones locos

Durante medio segundo (bueno, quizá uno si se me ponen pesados) he pensado “qué puedo escribir que me haga sentir mejor”. Sí, todo esto se puede pensar en un segundo. Y la mejor forma es escribir sobre este mundo loco lleno de corazones, la mayoría locos también.

Algún día contaré la historia de la primera vez que me dejaron plantado, historia melancólica y triste, en mitad de una nevada en la ciudad sin ley. Hacía tanto tiempo que no me ocurría otra vez, que había perdido esa sensación de vacío, de hundimiento, como que de repente te dejan sin nada y te conviertes en un cuerpo andante sin rostro, sin contenido, pero todo corazón, hundido pero aún con vida. Y toca volver a llenarse de ilusión como sea. Verdaderamente es aquí donde se demuestra lo que hemos crecido, lo que hemos madurado a través del tiempo.

Aunque la sensación que queda es la misma y el nudo en la garganta no lo quita nadie, creo que algo ha cambiado. La primera vez me costó reponerme bastantes semanas, era la primera vez. Pero ahora busco, quizá como alguien ayer me dijo, “que de pendejo uno se compara con el jodido”, aunque ahora me escudo en una realidad.

Este es un mundo de corazones locos, donde el que tú quieres no te quiere, donde el que quieres lo quiere otro, donde el que te desea tú no deseas. Y así van dando vueltas unos y otros, liándose guiados por extraños hilos en una entramada red en la que no merece la pena buscar ni pedir ya explicaciones cuando suenan esas palabras que saben a despedida: “Ya hablaremos…”.

“Las lágrimas de un hombre no son porque sea débil, sino porque ha sido fuerte durante demasiado tiempo”