5 céntimos por un caramelo

Recuerdo de pequeño, cuando llegaba al kiosko o la tienda de “la Tere” para comprarme un sobre de pegatinas, un álbum o una revista, que cuando quien me atendía no tenía cambio de pesetas, me lo sustituía por un caramelo o un chicle, algo que nunca me disgustó, al contrario, mientras iba de nuevo de camino a casa, ese caramelo me alegraba el corto paseo de vuelta.

Esta semana, después de muchos años, al comprar la revista en un kiosko, el hombre me regaló un chicle y me dio la vuelta. Se lo agradecí y me despedí. Sólo unos segundos después caí en la cuenta de que la palabra “gracias” me había sobrado, ya que me había sustituído los 5 céntimos de la vuelta por ese chicle. Recordé entonces esa práctica habitual que ya muy pocos conservan, no estaba acostumbrado a recibir algo que no fuese el cambio exacto. Solo que esta vez ese reaglito no me alegró un trecho del camino, no como chicles, aunque traerme de nuevo este recuerdo es en cierta forma impagable.