Del Cola Cao con grumos al de pepitas de chocolate

No, no soy un adicto al Cola Cao desde que nací (sí de las Tosta Rica, de cuando eran gigantes y ahora que las hay de todas formas y sabores), no soy de esos que se meten una cuchara en la boca y lo dejan ahí hasta que se hace chocolate y lo saborean.

Mi aficción por el Cola Cao llegó a eso de los 7 u 8 años, el día en que mis padres se fueron de viaje y me quedé en casa de mi tía. Allí no me quedó más remedio que comer de lo que me daban y entre esas cosas estaba un buen desayuno de esos que se tomaba mi prima Sara con Cola Cao. A partir de ahí nacieron unos desayunos diferentes, quitando sólo mis años de Universidad y porque en el comedor no nos pusieron los dichosos sobrecitos, pero llegaron, tarde pero llegaron y yo los usé, claro.

Cajas de 3 y 5 Kg con tantos regalos en su interior cada verano que ya he perdido la cuenta: baticaos, karaokaos, ventiladores, Los Olimpicaos y muchos otros. El Cola Cao con grumos con el que uno se podía tirar tranquilamente 10 minutos meneando con la cuchara, explotando con ella contra el borde de la taza las burbujas de chocolate que asomaban y removiendo hasta que todo se diluía, un tiempo que no siempre había y del que nacieron precisamente la Baticao y el Cola Cao instantáneo. Tenía su cosilla, eso de meter varios litros de leche, echar ingentes cucharadas de cacao, batir, meter al frigo y disfrutar por la tarde de una buena merienda con Cola Cao fresquito.

El instantáneo disolvió por completo al de grumitos con el fin del colegio, mucho más rápido, cuando ya no había tiempo, cuando uno se levantaba casi corriendo para ir al Instituto, en apenas unos segundos verter en la leche y tomar. Y al normal le siguió el de cereales, con la misma rapidez pero más alimento y mejor sabor y en que actualmente estoy.

Pero… se ha colado un Cola Cao muy divertido para el que hay que tener tiempo, un buen sábado o domingo por la mañana, el de pepitas de chocolate. A simple vista las pepitas no se ven, el cacao cae en la leche como si nada, te lo tomas y al final hay sorpresa, un montón de pepitas de chocolate te esperan al terminar de beber, así que cuchara y al asunto, saboreando el chocolate, degustando hasta que no queda más.

Cuando hace años me dedicaba a explotar los grumitos por primera vez, no pensé que desde ese día se convertiría en un alimento en mi vida… y seguro que como en la mía, en la de muchos otros, cada uno con su historia personal.

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