20 años

yoko fotografia

Hoy nacías tú. En algún lugar del mundo, mientras yo continuaba mi vida sin saber de ti, tú nacías y abrías por primera vez tus pequeños ojos para ver este mundo, sin saber que en pocas horas nuestros destinos se cruzarían por una extraña mezcla de casualidades, por lo inevitable.

Cuando lo tenía entre mis manos, cuando aún era lo bastante pequeño para cogerlo en el regazo y acariciarlo, siempre pensé que estaríamos juntos mucho tiempo, quizá veinticinco años. Lo acariciaba mientras dormía apacible, observando esa cara tan dulce y pelirroja, su perfecta narizota negra y redondeada, sus orejas suaves, le molestaba un poco viendo cómo se revolvía cuando le hacía cosquillas en los tres pelos del bigote que le sobresalían del morro y no me resistía a darle unos besos grandotes, pensando todo lo que nos quedaba por disfrutar y por vivir.

Aunque cuando nació aún no sabíamos el uno del otro, nos conocimos un 16 de octubre de 1993, bueno, más bien yo lo conocí a él. Papá y mamá habían viajado a Córdoba y estaba solo en casa con mi hermana mayor. Esa mañana hice algo inusual porque me levanté antes de lo previsto, simplemente me desperté antes, no sé por qué. No era consciente de que ese pqueño descontrol me cambiaría la vida. Normalmente solía levantarme con la hora pegada, el tiempo justo para prepararme el desayuno, arreglarme y salir pitando al instituto. Pero aquella vez fue distinto, me lo tomé con calma, me preparé un desayuno más completo, y en lugar de desayunar de pie como siempre, me senté tranquilamente en la mesa de la habitación para beber el cola cao con leche y unos cereales.

Sólo iba a desayunar, pero como había tiempo por delante decidí poner la tele. Podía haberme levantado más tarde haciendo el remolón en la cama, haber desayunado sin más, podía haber puesto el televisor en cualquier cadena, incluso unos minutos más tarde y entonces todo en mi vida habría tomado otro rumbo, pero ocurrió como debía ocurrir. Estaban terminando los dibujos animados de Telecinco en “Desayuna con alegría”, presentado por Sofía Mazagatos entonces y acto seguido salió una camada de once cachorros pelirrojos, todos en una cesta, recién nacidos el día anterior. Junto a Juan Luis Malpartida, el criador (más conocido también por llevar los animales de El Gran Juego de la Oca de Emilio Aragón en Antena 3), estaba Sofía Mazagatos. De esa camada, cada uno de los perritos iba a quedarse en alguna casa, dos para Sofía, uno para Patricia Pérez, otros para presentadores y presentadoras de la cadena y dos de ellos iban a ser para dos niños, los que estábamos al otro lado de la pantalla. Para ello había que escribir una carta de por qué queríamos tener un perro. No había sorteo de por medio, nada de suerte, aquí jugaba el sentimiento.

No tenía ni idea de que un mes más tarde uno de esos niños era yo. Redacté la carta y la finalicé al llegar del instituto. Una vez redactada contando todas las ganas que tenía de tener un perro, le dije a mi hermana lo que iba a hacer y la dejé en el buzón de correos más cercano. Más tarde Pilar Soto, redactora que la eligió, me contó que se había emocionado mucho al leer la carta y que estaba en los archivos de la cadena, yo desgraciadamente no tengo ninguna copia, aunque me encantaría e intentaré ver si es posible rescatarla de alguna forma, sabr el sentimiento que escribí aquel día y que me llevó a él.

Con tantos niños escribiendo para un programa tan popular, casi lo di todo por perdido desde el momento en que inserté la carta en el buzón, pero allá iba. Las semanas pasaron y un día llegó un aviso de telegrama. En ese momento nada se me pasó por la cabeza, sólo sé que recuerdo ir a la oficina de correos cuando caía la noche, cruzando la calle San Francisco, pasando por debajo de una escalera (no me olvidaré de este detalle), llegar a la oficina, recoger el telegrama y prometerme no leerlo hasta llegar a casa. Quizá era de alguno de los amigos o amigas con los que me carteaba por entonces.

Me pudieron la ganas, lo hice en el ascensor. Cogí el sobre y lo abrí leyendo sus primeras palabras: “Enhorabuena, has ganado el perro…”. Me había hecho tan a la idea de la imposibilidad de que alguien me diese un regalo tan querido que lo había olvidado, incluso durante unos segundos me extrañé y no supe a qué se refería. Los 32 segundos en el ascensor dieron para abrir el telegrama, leerlo, extrañarme y comprender que se refería a aquel día en que escribí. También me dio tiempo a saltar de alegría, recuerdo la sensación como si estuviera allí dentro de nuevo, a salir disparado, llegar a casa y gritar por todas partes localizando a mi madre para decirle que me habían dado al perro.

Otro error de cálculo. El día que envié la carta, la única que sabía el secreto era mi hermana, así que las caras de mis padres eran un poema ya que no entendían nada. Con tranquilidad les expliqué todo y un poco reticentes ya que nunca habían querido que tuviésemos un perro en casa a pesar de llevar varios años insistiendo, no les quedó más remedio que aceptarlo.

En el telegrama me venía un telefono para llamar pero aunque lo hice, ya era demasiado tarde aquel día, tuve que esperar al día siguiente para contarcar con la redactora. Resultó que al escribir la carta, no indiqué ningún número de teléfono, además de casi ningún dato para contactar conmigo, lo que hizo que Pilar Soto tuviera que buscarse la vida para encontrar la dirección de alguna forma hasta dar conmigo. También tenía una mala noticia, y es que la entrega del perro se retrasaría hasta enero, debido a que la niña a la que le habían dado el otro tenía unos problemas personales. Pilar me prometió que los perros estarían muy bien acompañados, correteando entre la redacción y los presentadores de la cadena hasta que pudiésemos grabar el programa.

Sí, había que ir a Telecinco para grabar la entrega. Ocurrió a mediados de enero de 1994, una redactora nos llevó en coche directamente hasta los estudios por los que recorrimos sus pasillos, en los que muchos actores y presentadores se me quedaron mirando confundiéndome con uno de los personajes de Médico de Familia (Iván Santos, que hacía el papel de Alberto), hasta llegar, atravesando el comedor, hasta la zona exterior donde estaba situado el plató de “Desayuna con Alegría”.

Nada más entrar y esperar un rato a que estuvise la otra chica, Sofía Mazagatos vino directa a saludarnos y a coger con cariño a los dos perritos que acababan de llevar a la entrada para que eligiésemos. Había una perrita y había un perrito. No sé muy bien cómo sucedió, miré a uno y a otro y sólo sé que en la cara de él había algo que me enternecía, así que lo cogí.

Prepararon nuestros micrófonos e hiceron algunas pruebas de sonido. Tenía a mi lado a Sofía Mazagatos, que me decía más o menos lo que iba a preguntarme además de contarme que ella se había quedado con dos y alguna que otra historia antes de empezar. Yo no dejaba de acariciar el pelo suave y rojizo de ese cachorro que se acurrucaba en mis piernas. Fue el día en que Yoko y yo nos conocimos por fin. Y así ocurrió…

Por qué no ha funcionado Gran Hermano catorce como se esperaba

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Ayer los votantes (que ni siquiera la audiencia) de Gran Hermano catorce alzaban a Susana como ganadora de esta edición. Una edición que desde ya, y a falta de un debate, se ha convertido en la menos vista de la historia del reality. Tuve claro quién iba a ganar, aunque siempre queda el gusanillo ese de si es verdad lo que piensas, cuando Desi quedó relegada a la tercera posición, una Desi que probablemente tenga mucho más futuro que todos los concursantes juntos y que merecía el premio, por haber sacado del encasillamiento a una edición anodina.

Cuando tenía claro que ganaba Susana pensé que no estaba ni tan mal, pues el programa este año tenía la ganadora que merecía, un MUEBLE. Una chica que ha hecho esfuerzos hasta para enamorarse sin sentir nada, que no ha tenido relevancia, que incluso ha pasado desapercibida muchas semanas. Y yo me quejaba de la ganadora de GH 2, Sabrina. Esa por lo menos se enamoró de verdad, lloró detrás de un sofá y salvó a una gallina haciéndole el boca a boca (la trilogía que le hizo ganar, que ya es para morirse).

Comenzaré diciendo cómo me he sentido como espectador, como el que no se ha perdido ni una sola gala de las cientos y cientos desde que todo comenzó en abril del 2000, seguidor de las ediciones especiales, reencuentros, revueltas y VIP’s. Y esto me cuesta mucho decirlo, pero pienso que hay que hacer un balance y decir la verdad, porque este concurso está hecho para divertirse, no para aburrirse y soportarlo sea cual sea el precio. Excepto en las galas de la expulsión de Miriam y de Juan Carlos, apenas ha habido una en la que no me durmiese durante las entrevistas y he tenido esa fastidiosa sensación de mirar el reloj, ver que eran las 23:00 de la noche, que apenas había pasado una hora y que no pasaba nada interesante, que ya sabía quién se iba a ir y que me quedaban casi tres horas aburridas para irme a dormir. Y de ese tiempo tan sólo una vez me quedé a ver la casa en directo.

Yo, fiel seguidor desde el principio, que adoro a Mercedes Milá, me he sentido mal sintiendo esto, ver cómo de repente mi programa favorito de la televisión me estaba comenzando a aburrir soberanamente. Y he tenido tiempo para pensar en lo que a mí personalmente, y estoy seguro de que a muchos también coincidirán, esta edición me ha fallado. He dejado de sentir ese cosquilleo al escuchar la sintonía.

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Para comprender por qué me ha ido decepcionando poco a poco hay que empezar por el principio. Uno tiende a auto engañarse, sobre todo cuando es fiel seguidor de un programa. Le pasa una, le pasa dos, le pasa diez, pero llega un momento en que por mucho que te quieras engañar, sabes que algo pasa. Se tiraron semanas y más semanas diciendo “asómate y siente el vértigo”, “asómate y siente el vértigo”. Puse las espectativas muy altas, que si una casa de dos pisos, que si iban a vivir por encima del suelo… ideas que, aunque no hubieran sido reales, sí podrían haberse implantado mejor, al menos de una forma tan divertida como el pasado año con esa habitación inclinada.

Todo para nada, para ver a dos personas tirarse desde una altura considerable, a los que ni siquiera vimos la cara ni nos los presentaron desde ahí arriba para sentir un poco el vértigo, ya bastante los conocimos mientras caían en dos segundos sin  la menor ilusión. Otros que entraban en una bola gigante de plástico (ohh qué vértigo) y otros que, para repetir jugada del año anterior, metían en una habitación sobre el suelo que de repente se abría. Todo esto repetido una y otra vez sin pizca de gracia.

Reconozco que al principio los concursantes me interesaron mucho y llegué a pensar que era el mejor casting hecho jamás. No podía estar más equivocado.

Muchos dicen que hicieron mal en estrenarlo contra Tu Cara me Suena y posteriormente contra algo nuevo en televisión como Splash!, ya que era directamente suicidar al programa. No voy a negar que hacer este movimiento supuso que muchos no se enganchasen desde el principio y decidiesen no ver esta nueva edición, pero creedme que esto a un seguidor fiel de GH no le ocurre. Y no voy a ponerme a decir esa gilipollez de que no voy a verlo más. No, lo voy a ver hasta el día del juicio porque sé que pueden hacerlo mejor y lo van a hacer.

Como siempre ha dicho Mercedes Milá, Gran Hermano es grande y si sus concursantes son grandes y hay grandes historias, GH ganará al fútbol, a Cuéntame y a lo que le echen encima. Pero este año ni había grandes historias ni grandes concursantes (algunos sí pero llegaron tarde).

Un arranque un poco flojo y unas siguientes galas penosas hicieron replantearse el concurso. Con concursantes que no tenían nada que aportar, no había vídeos interesantes y las galas ya se centraban en el plató, en el directo y alguna nueva forma de nominar o alguna ocurrencia y poco más.

En mi más sincera opinión, a muchos les sorprendrá, que el principal fallo de esta edición y por lo que creo que ha sido la menos vista, ha sido el no emitir tantos vídeos como otras veces. Los vídeos son vida para el espectador. Gracias a ellos conocemos a los concursantes. ¿Por qué muestras un minuto de los vídeos de la prueba semanal y encima a la vuelta de publicidad cuando casi nadie lo ve, cuando ha habido pruebas divertidísimas? ¿Por qué después pones el mismo vídeo una y otra vez durante media hora dando a conocer el inicio de una historia de amor que realmente interesa poco?

Anoche con la final me reafirmé en esto cuando ví el vídeo de RAKY a su paso por la casa. Mientras lo veía no paraba de mirar a mi madre y preguntarme: “¿qué están haciendo? ¿por qué muchas de esas cosas graciosas de Raky no las he visto nunca en las galas? ¿qué edición he estado viendo que no reconozco a la Raky que me están mostrando ahora?”. Miraba a la vez la cara de Raky y lo sentía por ella, porque quizá esa de los vídeos era ella realmente, la que era un poco “machorra y malhablada”, o quizá era la otra chica con carácter de los directos. Y sentí pena, sentí pena porque con ese vídeo me daba cuenta de que no nos habían mostrado lo suficiente, de que muchas situaciones graciosas las intercambiaron por momentos de amor en los que aprovechaba para ir a hacer pis. Sentí pena porque esta edición basada en jueguecitos, entradas y salidas y mentiras y exceso de información del exterior por subir un poco de audiencia se había ido a la mierda. Y por el camino me había perdido lo mejor de los concursantes, porque apenas había visto nada de ellos.

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Disfrazado de un “lo hacemos proque nos da la gana”, la información del exterior, esa regla inamovible de no trasladarla a los que están en la casa para preservar su “virginidad”, quedaba rota. Bien saben en Gran Hermano y los que lo seguimos, el dolor que ha provocado y puede provocar que se cuele información de fuera. Una casa en la que están encerrados las 24 horas y en la que todo se convierte en una comidilla gigantesca, donde una sola palabra de despedida podía truncarte tu experiencia allí dentro (¿verdad Carola?). Este año sólo ha faltado meter internet allí dentro. Ex novias, repescas que filtraban todo tipo de información de fuera, llamadas telefónicas de familiares aconsejándoles qué hacer, profesoras de Zumba… y tampoco hacían lo suficiente para dejar que la gente de fuera filtrase información a través de los megáfonos, interesaba también esto.

Con lo que molaba la entrevista a un invitado, saber que llegaba intacto al plató, que tú sabías lo que iba a ver pero él no. Esa era la fortaleza de las entrevistas. Si ya no existía ese efecto de “concursante virgen”, ¿qué sentido tenía la entrevista? Por no hablar de concursantes que cuando entraban por la puerta del GH se te pasaba por la mente decir “bueno, ya ha llegado al plató, se puede ir a su casa”, porque algunos se pasaron su estancia en la casa como si fuese cualquier cosa, sin disfrutarla, jugando al billar o durmiendo. Para eso, quédense en su casa.

Y después de ese “lo hacemos porque nos da la gana”, llegó la aplicación famosa donde el público decidía. ¿Entonces en qué quedábamos? ¿Hacemos lo que nos da la gana o dejamos que hagan lo que les dé la gana? Tan incoherente como poner un lema a una edición y olvidarse de seguir una línea con ese lema: “siente el vértigo”, un vértigo que no existió y del que nadie se acordaba hasta la final. Una final que no pudo ser más extraña, con figuras del arte y letras y sustituyendo al fuego y la magia por la infografía y la edición digital, para mi gusto, la peor final de todas. Con lo sencilla y emocionante que fue la final de GH VIP 2 cuando Ivonne salió de su cuarto, se encontró sola en la casa y Jesús Vázquez le preguntó si sabía lo que eso significaba, coste cero y emoción infinita.

Este año se han tratado de encauzar y meter con calzador muchas situaciones, cuando la principal cualidad de todos los GH ha sido dejar que todo surja sin miedo. Esta vez se ha notado y mucho, que no todo fluía de forma natural, que estaba forzado por el miedo a que no surgiesen situaciones interesantes dentro de la casa. ¿Cómo van a surgir si no muestras imágenes de cosas sencillas como una conversación y recortas el tiempo de los vídeos para meter las trrilladas historias de amor de siempre?

Excepto la interesante historia de Dany y Susana y la pareja de él, la mejor entrevista de la historia, la de Juan Carlos en su primera expulsión de la casa, Miriam, Igor y sus respectivos y la alegría y el color que ha aportado Desi a esta edición que sin ella no hubiera sido la misma, no me llevo casi nada más en la maleta de los recuerdos.

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No voy a entrar en expulsiones disciplinarias ni otras decisiones, los duelos finales fueron maravillosos y épicos y este Gran Hermano ha tenido cosas muy buenas. Nunca podrá agradecerse lo suficiente la idea de la prueba de los modelos “posé” con los japoneses y en directo, con esas nominaciones que recordaré toda la vida, nominacines donde cada plano era una obra de arte, nominaciones sangrientas.

Daba la sensación de ir rehaciéndose semana a semana, lo cual siendo el programa que es, donde cualquier cosa puede suceder, no es tan malo, pero sí se ha echado en falta una línea que seguir, la seguridad de que las cosas no se hacen porque sí, que ya estaba planeado, eso que gusta de las grandes series (un saludo a los seguidores de Perdidos). Como si las cosas se hiciesen para perseguir la audiencia y crear conflictos que no existían para frenar la caída, creando una atmósfera irreal, no dejando que surgiese todo con naturalidad.

Excesivas conexiones en directo y pocos vídeos mostrando las vidas de los que jugaban y a los que queríamos conocer. No podría entender a Sindi si no la hubiera escuchado tanto tiempo hablar con Pepe o Marta. Me hubiera encantado tener más tiempo para escuchar a Desi hablar sobre su vida, eso de lo que Mercedes hablaba pero que yo nunca vi en una sola gala. ¿Cómo voy a querer ver a alguien si no me dejas conocerlo?

Anoche, cuando se apagaban las luces de la casa y Mercedes susurraba unas palabras preciosas, volví a sentir la grandeza y volví a llorar, recordando que dentro de esas paredes habían pasado tantas cosas, pero anoche fue diferente, porque además de eso lloraba porque deseaba sentir más de lo que lo hacía.

Mujeres y Hombres y Viceversa cumple 5 años

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Érase una mujer a una escalera pegada

Afortunadamente con Gran Hermano aprendí a decir a los cuatro vientos lo que veo o dejo de ver sin ningún tipo de problema. De repente se abrían las puertas y ya no hacía falta decir las cosas con la boca pequeña por miedo a que alguien te dijese “¿pero ves eso?”, aunque después de haber pasado más de 13 años todavía me encuentro con quien me lo pregunta. Como bien supondréis, mi respuesta es la no respuesta, porque así, entre nosotros, me la suda a estas alturas.

Y sí, veo Mujeres y Hombres y Viceversa. No me he perdido ningún programa desde aquel 9 de junio de 2008 en que se estrenó. Ese día lo vi por pura curiosidad. Intenté informarme de la procedencia del programa, formato basado en el homónimo italiano Uomini e Donne que con gran éxito sigue en las tardes de la RAI temporada tras temporada desde hace más de una década y que a su vez sale de una bonita historia de amor que surgió en un programa de la misma cadena, Amici. Con estas premisas, cómo me lo iba a perder.

La caída de Jenny, uno de los momentos más divertidos de la historia del programa, no sólo por la caída, sino por las intenciones con las que iba hacia su pretendiente

Os contaré un secreto, el segundo día, que además era verano, tenía vacaciones y estaba muerto de sueño, pnsé en dejar de verlo. El programa duraba mucho y a veces se me hacía monótono. Iba a quitar la tele cuando de repente uno de los pretendientes de una de las primeras tronistas, David (que después estuvo de tronista y gancho del público varias temporadas) se puso a hacer el tonto y me hizo algo de gracia. No recuerdo bien qué es lo que hizo en ese momento, pero me volví a sentar en el sofá y desde entonces no he dejado de asistir a cada cita cada día, aunque ahora tenga que ser por internet debido al horario de trabajo incompatible.

mercedes mila en mujeres y hombres y viceversa el crossover

¿Qué sucedería si Mercedes Milá y Emma García se cambiasen de “familia”? Os invito a leer el resultado en The Salingers

El programa me enganchó por completo y en esa época empezaron los blogs de la página de telecinco. Allí entraba todos los días, primero con comentarios breves y leyendo el resto. Más tarde, cada vez elaboraba comentarios más largos y elaborados hasta terminar relatando y poniendo mi punto de vista sobre cada situación de aquella larga hora y media de programa. Comentarios que tengo enfrente de mí, resumidos en una libreta que guardo como oro en paño. Incluso tuvimos la enorme suerte, hasta que el programa se lo prohibió, de hablar con algunos de los tronistas y pretendientes (Vicente, David, Vanessa_D, Marisa…).

Muchos dicen que sólo va gente guapa que no tiene problemas para encontrar pareja. Eso es porque no han visto todos los programas porque ha ido gente de todo tipo. Respecto a lo de guapos y guapas sin pareja, sólo hay que detenerse un momento a mirar su comportamiento y actitud y uno entenderá a la perfección por qué no tienen pareja estable y sólo rollos de una noche.

Enseguida la respuesta de la gente fue abrumadora. Sin pretenderlo me encontré con gente que ansiaba mis palabras diariamente, que se preocupaban si escribía más tarde de lo habitual, gente que necesitaba leerme. Gracias a ellos nació un blog al que tengo mucho cariño y que aún hoy, después de haberlo dejado aparcado desde hace ya exactamente 4 años, sigue recibiendo cientos de visitas diarias, en parte a ese reciclaje de pretendientes y tronistas que no paran de volver una y otra vez, con lo que nunca está del todo desactualizado. Ese blog llamado mujeresyhombresyviceversa.wordpress.com, el no oficial y con el que Telecinco jamás me ha puesto ninguna pega lo cual agradezco enormemente pues sabían de mi pasión por el programa, guarda algunos de esos textos (el rewsto están en los blogs de tronistas por ahí perdidos), algunos de los que estoy realmente orgulloso y que traté de traer aquí, los de las despedidas de algunos tronistas.

Esta canción compuesta por Alexander Rod iba a ser la sintonía del programa hace tres años, con motivo de la nueva temporada del programa, incluso grabaron el vídeo oficial con Miriam y Pipi. Finalmente se desestimó, pero la escuché durante tantos días que para mí es como si fuese su sintonía.

Muchos son los que me preguntan qué es lo que me gusta de un programa que ellos consideran guionizado, al que sólo van chonis y cuerpos de gimnasio, al que sólo van para buscar bolos y dinero. No puedo quitarles la razón del todo, siempre digo que MYHYV es un programa donde hay un 99% forzado. Pero lo que me gusta es que, en el momento menos esperado, sale ese 1% real que nadie puede frenar y que es maravilloso. Me vienen a la cabeza momento impresionantes como aquel, de los primeros, en que Verónica y David tienen que despedirse. Quizá ambos iban por rumbos distintos y con unas metas, pero tanto tiempo juntos terminó por crear una relación única y cuando los sentimientos iban avanzando y chocaban con sus metas, pusieron una barrera en la que se notó que ya había surgido algo que les costaba dejar.

Recuerdo la realidad que nos brindó Fanny, una tronista de la calle, no reciclada, que llegó a coger cariño a Vicente, ese al que nadie quería, demostrando que tenía sentimientos reales e incontrolables, el día en que llegó y contó una historia tan increíble que parecía una excusa, pero que después del paso de los años se ha demostrado que era cierta. Recuerdo el flechazo de David cuando iba buscando pretendientas para su trono y chocó con Ana que trabajaba en una tienda. Allí había química, ellos lo sentían y traspasaba la pantalla.

Tamara puso de moda una palabra llamada “confidencia” que desde entonces no ha dejado de utilizarse y asociarse a un sonido característico en el programa

Es esa realidad del 1% la que me hace querer seguir viéndolo día tras día. El amor no tiene edad y no necesita cambiar su esencia, por eso aquellos que hoy lo vean sin haberlo visto desde el principio, apenas notarán más que unos cambios estéticos sin importancia.Que un programa que crea tanto rechazo entre un sector del público, sea capaz de aguantar 5 años en la televisión sin variar apenas en su mecánica, es todo un éxito.

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La figura de Mari Ganchillo comenzó sin ella. Un buen día Emma propuso a una chica del público que siempre iba y hacía ganchillo que bajase para que le pusisen una mesita y allí se quedaba a opinar sobre el programa. Días más tarde se creó la figura de Mari Ganchillo con una mujer mayor

Han sido cinco años intensos, entre la familia poliamorosa (un saludo a indignadísima si me lee), la Jenny, el insorportable Rafa Mora, a mi odiado Efren y su gran engaño (todavía no sé cómo se llama su madre), mi odiada Tamara que se convirtió en una imprescindible después, a mi querida Verónica, a la dulce Astri. A tantos y tantos tronistas y pretendientes, a una Emma García que redescubrí, a todos ellos mil gracias por divertirnos.

Hoy por primera vez saco a la luz algunas fotografías de esa libreta que es oro, en la que un buen día me puse a escribir pequeños retazos sin saber el enorme valor que tendrían hoy.

Asómate y siente Gran Hermano catorce. Así viví la gala de presentación

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Sí, este año se cambian los números por las letras, todo sea para diferenciar cada edición y hacerla en este sentido menos tradicional, al igual que el pasado año se evitó la mala suerte con ese número 12+1. De cualquier forma los números tampoco acompañan a esta edición, que ayer comenzó muy bien, pero muy lejos de los datos de audiencia de una gala de estreno comparada con la de otras ediciones anteriores. Antes Gran Hermano podía con todo, desde hace un tiempo ya no, pero para los que nos gusta y nos divertimos, mientras se mantenga, eso qué más da.

No seré yo el que juzgue ese arranque que sin embargo era de esperar (para inflar share), una cuenta atrás que finalizaba a las 22:00 de la noche para enseñarnos un poquito del plató, la cancioncita de “Vértigo” con ese “un… dos… tres… catorce” e irse a publicidad para acto seguido hacer lo mismo por segunda vez. Teníamos muchas ganas, pero con esto consiguieron que esas ganas se convirtieran en otra cosa, algoq ue estoy segurísimo, los no fans, los que pasaban por allí, no aguantaron y marcharon a otro lugar.

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Decía Mercedes Milá ayer, casi antes de acabar la gala de presentación, que “hay que justificar la sensación de vértigo”, pero esa justificación se quedó en cierto sentido algo floja. Nos prometieron que cada concursante entraría de forma diferente a la casa, pero en realidad, a excepción de la mujer con tacones en el borde de un tejado a 9 pisos de altura y con casco para protegerse de una posible caída, que es de traca, ni sentí ese vértigo ni me motivaron mucho los cuatro escenarios en los que se centró la atención.

Esa cuerda a varios metros de altura, con un lanzamiento que duraba tan pocos segundos que era imposible sentirse parte de él. Otra cosa hubiera sido ver a Mercedes Milá acompañando en las alturas a esos concursantes, viendo cómo les ponían los mecanismos de seguridad para después lanzarlos, pero nos restaron ese toque de emoción y miedo, por no hablar de la trola que nos metió Mercedes diciendo que se tiraba desde allí arriba, una coña de las suyas que nunca vimos.

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La pelota de plástico con sorpresa dentro bajando por una rampa causaba indiferencia, no sería el único que pensé que eso de “vértigo” se estaba convirtiendo en una tomadura de pelo. Apenas la tirolina tenía algo de emoción, mientras que el confesionario pobre con su balanceo tampoco consiguió su objetivo. Durante un breve momento recordé la entrada de Gran Hermano 8 con la vaquilla y las banderillas y me entristecí un poco porque las cosas no estaban saliendo como yo las imaginaba de emocionantes.

Estaba triste, sí, bastante triste. Mi padre por primera vez se quedó dormido al igual que mi madre, y de repente me quedé viendo Gran Hermano solo. Pero algo estaba a punto de ocurrir al filo de la medianoche que lo cambiaría todo.

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La casa de la broma, ¿no queríamos parto en directo?

Gran Hermano es una mezcla entre el destino y sus concursantes, Gran Hermano es la pura realidad televisada y si es tan cierto eso de que de una boda sale una boda y de que en toda familia o patio de vecinos hay una oveja negra, ayer se demostró que allá donde hay un grupo de gente, siempre ocurrirán cosas extraordinarias. A veces estas cosas extraordinarias sólo necesitan un pequeño empujoncito y… caen por sí solas.

La casa de la broma fue una de esas genialidades. Muy superior a los otros tipos de vértigo, Gran Hermano nos propuso este pequeño e interesante juego en el que sólo uno era concursante y los otros dos actores. Un guiño para todos los seguidores del programa, entraron esos que siempre aparecen en las quinielas: el gótico, la obesa y nuestra querida embarazada. ¿No queríamos ver un parto en directo? Pues magistralmente GH jugó con esta petición, que ya es todo un clásico desde hace más de una década, y la convirtió en una broma con la que reirnos de nosotros mismos y con los demás.

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El confesionario se estrenó antes de lo esperado

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El otro empujoncito llegó por sorpresa y sin esperarlo, como suele ocurrir siempre con los mejores momentos. Llegaba la entrada en la casa del último concursante, Álvaro, todo culto él y emperifollado con su atípica vestimenta, se alzaba por encima de sus compañeros que le animaron a saltar. Pero al super no le dio tiempo ni a mencionar lo que debía hacer cuando Álvaro cogió carrerilla y, sin coger la tirolina, se lanzó al vacío.

En aquel momento no sé lo que sentí, sólo sé que le vi correr, saltar y de repente no aparecía ya en la pantalla. Me partí de risa, me caí del sofá al suelo y no paré de reir en toda la noche durante más de una hora hasta quedarme sin respiración. Mis padres despertaron y no pegaron ojo ya en lo que quedaba de noche, enganchándose de nuevo a la vida en directo. (FELIZ, otra vez GH en compañía)

No hablo ya del pelanas, el pelos, que menudos sustos pegó a todos, sobre todo a Susana cuando salió de entre las bolas y no sé si pensó que era un animal o a Lorena cuando apareció de la nada en el fregadero.

Muchos que me conocen y saben lo mucho que me gusta el programa, me preguntan ya por mi favorito/a. Hasta ahora y sólo con la excepción de Gran Hermano 2 (aunque Fran terminó desencantándome, por eso de que en su pueblo estaba todo ya preparado para votarle y nosotros como audiencia no estábamos acostumbrados a esas cosas aún por aquel entonces), todas mis favoritas siempre fueron chicas. Pero este año la historia de Juan Carlos y su personalidad me hicieron aplaudirle en silencio cuando terminé de ver su vídeo de presentación. Su historia y su fuerza me recordaron a la fuerza de un antiguo compañero de la Universidad. Enseguida me recordó al momento en que lo conocí, la sensación que me provocó verle hablar y darme cuenta de que tartamudeaba y poder ver su evolución durante varios años. También me fijé en mi reacción y en la de aquellos que lo conocían por primera vez. Me gustaba ver la reacción del ser humano ante algo que no espera y cómo actúa después. Y ayer pude verla de nuevo y eso es maravilloso. (Por cierto, alguien se dio cuenta de que tartamudeaba mucho más con cierta chica al lado eh).

He jugado un poco con los peinados de los concursantes, a ver cómo quedaba otro con los pelos y el pelos con el peinado de otro. El resultado es sorprendente.

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Y es que así es Gran Hermano, no es esa casa sin vida que algunos creen, en la que unos vagos van a vivir del cuento para después hacer bolos fuera o abrir su propio negocio, eso son otras historias que no tienen que ver con el programa. Gran Hermano es esa casa que uno mira durante horas y a la que se echa de menos cuando las luces se van apagando dentro de ella, recordando sonidos y situaciones en cada rincón.