Calles desiertas bajo el sol del verano

verano calles desiertas

La ciudad desierta, con sus calles vacías, el asfalto suplicante y una sombra acuciada por el tiempo. Y desde la sombra se escucha el sonido de algún motor, de las ruedas castigando la superficie, el sonido de una voz que sale de alguna terraza regañando a un niño que llora, risas en la otra calle y pisadas de chanclas sobre el suelo.

De vez en cuando una brisa se digna a darme un poco de aire, mientras un coche pasa por delante con las ventanas abiertas, risas y voces que intentan entonar la canción que llevan puesta a todo trapo.

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Ruido de llaves abriendo una puerta, alguien que está fregando los platos de después de la comida y su tintineo al soltarlos llega hasta mis lejanos oídos. Mis ojos empiezan a cerrarse con esta armonía de sonidos, dibujándome una sonrisa mientras los párpados pesan como piedras y en un leve intento por mantenerlos abiertos, el cansancio puede más. Me sumerjo en uno de los mayores placeres de la vida.

La antigua y la nueva Talavera de la Reina

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Tenía una clara misión, después de meses dándole vueltas, después de interminables paseos hasta allí, entre la niebla, en la noche, con lluvia, con sol, a lo lejos se dibujaba el nuevo puente de cuerdas de mi ciudad, pero no sabía cómo abarcar la temible tarea de fotografiar a un titán de acero. Algo tan grande requería tiempo.

Fue un viernes por la tarde, cuando el cielo de la ciudad se partió en dos, nubes grises a un lado anunciando tormenta y un pequeño velo por el otro que cubría levemente los rayos del sol de la tarde, dejando una iluminación casi perfecta.

Durante los siguientes días compartiré estas fotografías que, como todas, tienen su pequeña aventura. Después de tantos años crucé por caminos que nunca había pisado antes, descubrí la magia de aquella Talavera de la Reina más natural, antigua, agreste, la de los campos cultivados y aves comiéndose el sembrado, la de caminos de tierra a los que aún no ha llegado el asfalto. Queda poco de ella, pero ahí está y fue un placer pasar un rato  con ella las horas hasta la caída del sol.

Y además del puente queda tanta ciudad por recorrer…

@fotografía de José Francisco Cedenilla (Puente de Castilla La Mancha)

La parada de autobús que perdió su encanto

La parada de verano dejó de existir, pero los autobuses seguían yendo y viniendo de aquí a Los Alcores, otras rutas, otras historias, pero nunca tan divertidas como las primeras. El verde se transformó en gris asfalto y los arbustos los cambiamos por coches y aceras, un lugar donde hacer una acampada improvisada no tiene mucho sentido y lo peor de todo, cambiamos la parada de verano por una parada de autobús, literalmente.

Perdió su encanto, sólo hay que verlo y peor es sentirlo. Un ejemplo claro de que algunas cosas es mejor no tocarlas, porque pierden su esencia. El problema viene cuando quien hace el cambio, no ha participado de las risas ni de los viajes, decisiones que no dependen de los que realmente viven y sienten las cosas

El infeliz siempre tiende a ser la causa de la infelicidad de los demás.