Asómate y siente Gran Hermano catorce. Así viví la gala de presentación

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Sí, este año se cambian los números por las letras, todo sea para diferenciar cada edición y hacerla en este sentido menos tradicional, al igual que el pasado año se evitó la mala suerte con ese número 12+1. De cualquier forma los números tampoco acompañan a esta edición, que ayer comenzó muy bien, pero muy lejos de los datos de audiencia de una gala de estreno comparada con la de otras ediciones anteriores. Antes Gran Hermano podía con todo, desde hace un tiempo ya no, pero para los que nos gusta y nos divertimos, mientras se mantenga, eso qué más da.

No seré yo el que juzgue ese arranque que sin embargo era de esperar (para inflar share), una cuenta atrás que finalizaba a las 22:00 de la noche para enseñarnos un poquito del plató, la cancioncita de “Vértigo” con ese “un… dos… tres… catorce” e irse a publicidad para acto seguido hacer lo mismo por segunda vez. Teníamos muchas ganas, pero con esto consiguieron que esas ganas se convirtieran en otra cosa, algoq ue estoy segurísimo, los no fans, los que pasaban por allí, no aguantaron y marcharon a otro lugar.

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Decía Mercedes Milá ayer, casi antes de acabar la gala de presentación, que “hay que justificar la sensación de vértigo”, pero esa justificación se quedó en cierto sentido algo floja. Nos prometieron que cada concursante entraría de forma diferente a la casa, pero en realidad, a excepción de la mujer con tacones en el borde de un tejado a 9 pisos de altura y con casco para protegerse de una posible caída, que es de traca, ni sentí ese vértigo ni me motivaron mucho los cuatro escenarios en los que se centró la atención.

Esa cuerda a varios metros de altura, con un lanzamiento que duraba tan pocos segundos que era imposible sentirse parte de él. Otra cosa hubiera sido ver a Mercedes Milá acompañando en las alturas a esos concursantes, viendo cómo les ponían los mecanismos de seguridad para después lanzarlos, pero nos restaron ese toque de emoción y miedo, por no hablar de la trola que nos metió Mercedes diciendo que se tiraba desde allí arriba, una coña de las suyas que nunca vimos.

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La pelota de plástico con sorpresa dentro bajando por una rampa causaba indiferencia, no sería el único que pensé que eso de “vértigo” se estaba convirtiendo en una tomadura de pelo. Apenas la tirolina tenía algo de emoción, mientras que el confesionario pobre con su balanceo tampoco consiguió su objetivo. Durante un breve momento recordé la entrada de Gran Hermano 8 con la vaquilla y las banderillas y me entristecí un poco porque las cosas no estaban saliendo como yo las imaginaba de emocionantes.

Estaba triste, sí, bastante triste. Mi padre por primera vez se quedó dormido al igual que mi madre, y de repente me quedé viendo Gran Hermano solo. Pero algo estaba a punto de ocurrir al filo de la medianoche que lo cambiaría todo.

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La casa de la broma, ¿no queríamos parto en directo?

Gran Hermano es una mezcla entre el destino y sus concursantes, Gran Hermano es la pura realidad televisada y si es tan cierto eso de que de una boda sale una boda y de que en toda familia o patio de vecinos hay una oveja negra, ayer se demostró que allá donde hay un grupo de gente, siempre ocurrirán cosas extraordinarias. A veces estas cosas extraordinarias sólo necesitan un pequeño empujoncito y… caen por sí solas.

La casa de la broma fue una de esas genialidades. Muy superior a los otros tipos de vértigo, Gran Hermano nos propuso este pequeño e interesante juego en el que sólo uno era concursante y los otros dos actores. Un guiño para todos los seguidores del programa, entraron esos que siempre aparecen en las quinielas: el gótico, la obesa y nuestra querida embarazada. ¿No queríamos ver un parto en directo? Pues magistralmente GH jugó con esta petición, que ya es todo un clásico desde hace más de una década, y la convirtió en una broma con la que reirnos de nosotros mismos y con los demás.

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El confesionario se estrenó antes de lo esperado

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El otro empujoncito llegó por sorpresa y sin esperarlo, como suele ocurrir siempre con los mejores momentos. Llegaba la entrada en la casa del último concursante, Álvaro, todo culto él y emperifollado con su atípica vestimenta, se alzaba por encima de sus compañeros que le animaron a saltar. Pero al super no le dio tiempo ni a mencionar lo que debía hacer cuando Álvaro cogió carrerilla y, sin coger la tirolina, se lanzó al vacío.

En aquel momento no sé lo que sentí, sólo sé que le vi correr, saltar y de repente no aparecía ya en la pantalla. Me partí de risa, me caí del sofá al suelo y no paré de reir en toda la noche durante más de una hora hasta quedarme sin respiración. Mis padres despertaron y no pegaron ojo ya en lo que quedaba de noche, enganchándose de nuevo a la vida en directo. (FELIZ, otra vez GH en compañía)

No hablo ya del pelanas, el pelos, que menudos sustos pegó a todos, sobre todo a Susana cuando salió de entre las bolas y no sé si pensó que era un animal o a Lorena cuando apareció de la nada en el fregadero.

Muchos que me conocen y saben lo mucho que me gusta el programa, me preguntan ya por mi favorito/a. Hasta ahora y sólo con la excepción de Gran Hermano 2 (aunque Fran terminó desencantándome, por eso de que en su pueblo estaba todo ya preparado para votarle y nosotros como audiencia no estábamos acostumbrados a esas cosas aún por aquel entonces), todas mis favoritas siempre fueron chicas. Pero este año la historia de Juan Carlos y su personalidad me hicieron aplaudirle en silencio cuando terminé de ver su vídeo de presentación. Su historia y su fuerza me recordaron a la fuerza de un antiguo compañero de la Universidad. Enseguida me recordó al momento en que lo conocí, la sensación que me provocó verle hablar y darme cuenta de que tartamudeaba y poder ver su evolución durante varios años. También me fijé en mi reacción y en la de aquellos que lo conocían por primera vez. Me gustaba ver la reacción del ser humano ante algo que no espera y cómo actúa después. Y ayer pude verla de nuevo y eso es maravilloso. (Por cierto, alguien se dio cuenta de que tartamudeaba mucho más con cierta chica al lado eh).

He jugado un poco con los peinados de los concursantes, a ver cómo quedaba otro con los pelos y el pelos con el peinado de otro. El resultado es sorprendente.

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Y es que así es Gran Hermano, no es esa casa sin vida que algunos creen, en la que unos vagos van a vivir del cuento para después hacer bolos fuera o abrir su propio negocio, eso son otras historias que no tienen que ver con el programa. Gran Hermano es esa casa que uno mira durante horas y a la que se echa de menos cuando las luces se van apagando dentro de ella, recordando sonidos y situaciones en cada rincón.

Mars One, la futura colonización del planeta rojo en 2023

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Dentro de un mes se cumplirán 34 años desde que el hombre pisó por vez primera otra tierra desconocida fuera de nuestro planeta, sucedió en nuestro satélite, la Luna. Muchas veces me he preguntado por qué no hemos vuelto allí arriba, aunque quizá se deba a que lo que de allí se puede extraer no tiene el suficiente valor científico como para malgastar dinero en un trozo de roca inerte.

La Tierra está expuesta en cualquier momento a ser el objetivo de un meteorito y, en un futuro muy lejano, si sobrevive, a ser engullida por el tiempo, por el astro que ahora nos mantiene con vida, el Sol, pues no es otro que su destino el crecer y hacerse más pequeño cíclicamente durante cientos de millones de años hasta quedar convertido en un agujero negro. Ese momento no lo conoceremos, pero pensando en las generaciones futuras, hay que centrarse en ganar tiempo ante cualquier eventualidad que pueda sacudir el planeta.

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Tomando como idea las aportaciones anónimas a través de internet y gracias a las cuales numerosos estudios de desarrollo, por ejemplo de videojuegos, pueden sacar adelante un trabajo de otra manera imposible de llevar a cabo, así surge Mars One, que planea llevar humanos a Marte en el año 2023 fundando las bases de la primera colonia en el planeta rojo. El proyecto, que cuenta ya con integrantes de varios campos, embajadores en diferentes países del mundo y marcas patrocinadoras de compañías aeroespaciales, de momento es sólo una idea basada en la tecnología actual, que esperan hacer realidad dentro de una década.

Eso sí, el billete de ida y vuelta aquí de momento no existe, es un viaje de no retorno, desde el viaje que duraría entre siete y ocho meses en una nave tripulada, pasando por el aterrizaje y terminando con el asentamiento y la supervivencia. Ojala dentro de 10 años podamos ver cómo se convierte en realidad este gran sueño.

Compulsa

compulsa

Hice mi primera compulsa de documentos hace algunos años, cuando existían las pesetas y ni siquiera había que pagar por hacerlo. El hecho de compulsar tres puñetereos papeles me dejó traumatizado entonces. Dos horas de espera, mientras la secretaria llegaba de un descanso interminable a su puesto de trabajo, mientras en ese tiempo, además de la gente que ya había, seguía acumulándose más y más y algunos, desesperados, se marchaban por aburrimiento… y porque hay otras cosas que hacer. Una vez conseguí entrar después de dos horas y media, me dicen que no me pueden hacer las fotocopias y que tengo que traerlas hechas. No me cago en todo pero sí muestro mi desaprobación hasta que consigo que me las hagan en la máquina que tiene a su izquierda. Con mucho esfuerzo y sin parar de refunfuñar, me compulsa los documentos de mala manera y salgo de allí con la sensación de que aquello y ese sistema es una mierda.

Con esto no quiero menospreciar ni mucho menos el trabajo que sé que muchos secretarios y secretarias realizan diariamente con respeto y profesionalidad, pero esta fue mi circunstancia y no es fácil olvidarla.

Como la compulsa de documentos era tan sencilla, se ha implantado una medida para facilitar aún más el trabajo, vamos, para disuadir a la gente de compulsar documentos. Ahora se trata de duplicar el trabajo, de multiplicar el tiempo y de gastar más papel si se puede. Doble de tiempo porque tienes que ir una primera vez a la secretaría para recoger un impreso de tres papeles que debes fotocopiar y entregar. Multiplicación del tiempo de gestión porque tienes que hacer tú las fotocopias con el consiguiente gasto de papel (tan concienciados que nos quieren hacer con la tala de árboles) y además ir al banco para hacer un ingreso de 20 céntimos, con la cola y la espera que eso conlleva a ciertas horas.

Todo para llegar después de varias horas (cuando ya se han tomado el café bien a gusto) y esperar la cola para que te pongan un puto sello. Quien inventó este procedimiento debe estar bien a gusto tocándose las pelotas en su silla de trabajo, de mi parte que le jodan.

Semejantes diferentes

semejantes diferentes

A menudo se esconden entre nosotros, observan nuestros movimientos y se introducen en nuestras vidas sin que nos demos cuenta, hasta que ya están dentro. Actúan como nosotros, cuando lloramos, lloran, cuando reimos, ríen. Semejantes.

Y cuando menos lo esperas se vuelven diferentes, machacan y aniquilan hasta lograr un objetivo con el que parecen felices.

Siempre me pregunté el por qué de los seres malvados de los cuentos y su ansia por destruir el mundo. Si lo destruyen por completo, ¿al final con qué se quedan?

Tengo una pirámide maya en mi pared

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Medir el tiempo. Cuántas veces nos preguntamos entre la noche y la mañana en qué día estamos, miramos a la pared y consultamos en los oráculos de papel ese día en que tenemos una cita médica, un cumpleaños olvidadizo o una cita importante. El paso del tiempo trae consigo un avance, la tecnología y las nuevas ideas hacen posible que todo lo que antes era de un tamaño gigantesco, al final termine en la palma de nuestra mano, y me vienen a la mente aquellos super ordenadores que ahora tenemos a toque de un click.

Cuatro caras correspondientes a los cuatro ciclos del año civil, las cuatro estaciones. Si uno se dispone a subir por una de esas caras hasta la superficie, contará 91 escalores, y así podría seguir con una, otra y la última de las caras, sumando 91 más 91 más 91 más, un total de 364 escalones, ¿os va sonando la cifra? El último escalón, el situado de frente al lugar de los sacrificios a los dioses, el 365.

365 días, un año. Nunca hubiera pensado que ese calendario que tengo en mi pared, hace un tiempo se esculpiese en piedra y fuese parte de rituales, cuentas y profecías. Porque las pirámides mayas son auténticos calendarios sobre la tierra.

Especial EL FIN DEL MUNDO, 21 de diciembre de 2012: Supersticiones

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2012Cuando esta fecha estaba lejana, no daba tanto miedo como ahora, algo así como ver a un fiero animal desde los seguros barrotes de un zoo. Ahora que se acerca, su fenómeno es incluso más intenso que el que sufrimos con el cambio de 1999 al 2000, cuando todo el mundo esperaba impaciente las sorpresas que nos depararía el cambio de milenio (no estrictamente, claro).

Todavía hay gente que no sabe acerca de la fecha del 21 de diciembre de 2012, os lo aseguro, esta misma mañana me encontré con alguien ajeno a todo esto, mientras que en canales como National Geographic no paramos de ver documentales especiales acerca de nuestro último día en La Tierra y las claves para entenderlo, canal en el que el mismo día 21 ofrecerán una maratón de 24 horas dedicada en exclusiva al fin del ciclo del calendario maya.

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Hoy, cuando apenas faltan 11 días (11, ese número mágico), es el momento de ver teorías y de profundizar en el comportamiento humano ante lo desconocido y precisamente esto último es lo que haré hoy, indagar en uno de los comportamientos del ser humano que nunca se extingue, el de las supersticiones, un tema al que regreso seis años más tarde, cuando este blog estaba creado pero tomando una forma desconocida y mi rincón era otro diferente. Entonces estaba empezando en esto del mundo de internet, experimentando y la segunda parte nunca llegó. Quizá estaba esperando a este momento, más grande, más sabio y más tonto. No me voy a poner a enumerar las supersticiones, que hay muchas y encima cada cual tiene la suya, sería una historia interminable, voy a hablar de mí y de mi entorno y del por qué necesitamos aferrarnos a una superstición.

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Cuando yo era pequeño sufrí, como el resto de la humanidad, este mal que te esclaviza y te ata a unas condiciones invisibles. Comencé por levantarme y poner siempre el pie derecho en el suelo, continué con alguna pequeña rutina pasajera con la que me sentía bien, apagaba las luces en un determinado orden, evitaba pasar siempre por debajo de las escaleras y algo de lo que me avergonzaba y me avergonzaré toda mi vida y que comenzó como un pequeño juego supersticioso, tocar algo de metal al ver a una persona con el pelo pelirrojo.

Un día me di cuenta de las tonterías que estaba haciendo y decidí jugar al juego contrario, qué pasaría si primero dejaba de tocarme el botón del pantalón al ver esa vecina pelirroja. Un día me la crucé y con mucho esfuerzo vencí al miedo. Y no pasó nada malo. ¿Por qué estaba apagando las luces en un orden, por qué no me levantaba como me diese la gana? Aprendí a relacionar mis supersticiones con mis miedos. Cada vez que apagaba esas luces o me levantaba de la cama, estaba persiguiendo una acción de acuerdo con el mundo, con la naturaleza: “Si me levanto con el pie derecho, hoy todo saldrá bien”. Pero los pactos con los seres invisibles de la mente, se quedan en nuestra mente. Hice todo lo contrario y no pasó nada.

espejo

La última de las supersticiones que me quité fue la de las escaleras, quedando libre para siempre. Ocurrió un frío día de otoño en la ciudad, un aviso de un telegrama en la oficina de correos. Eran ya casi las ocho de la tarde, cuando me interné en la calle San Francisco, atestada de gente ultimando compras y regresando de sus trabajos. Era tal la incertidumbre por el asunto del telegrama que, para eludir a tantas personas, decidí meterme por debajo de una escalera de un hombre que estaba colocando la iluminación. No fue hasta media hora después, cuando abrí el sobre en el ascensor, que tú y yo creamos el segundo de nuestros lazos, Yoko. Desde entonces creé lo que yo llamo “superstición en positivo”, es decir, que siempre que puedo, paso por debajo de una escalera en la calle (eso sí, que tonto no soy, siempre que la vea estable). Hemos relacionado el peligro con nuestro miedos, la situación real de una escalera cayendo sobre alguien con nuestros temores, el que se te cruce un gato negro, con el susto que te llevas y más si sale aullando de un contenedor a tu lado cuando pasas a las cinco de la madrugada cuando todo está en silencio (y de esto soy testigo, Cuenca, madrugada para coger el autobús de camino a casa, descampado a oscuras, gato sale lanzado del contenedor aullando enfrente de mi cara y me pega el mayor susto de mi vida, no sé si era negro, pero ya se sabe cuándo dicen que todos los gatos son pardos).

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Durante toda mi adolescencia, he podido ver cómo la gente a mi alrededor es esclava de sus propios miedos. A mi hermana, cuando su entonces novio estaba en el servicio militar, apagar y encender las luces un número determinado de veces, a mi tía despedirse sin decir adiós, siempre evitando esa palabra que parece de despedida eterna… una penitencia que nos cargamos a cuestas sobre el hombro y que, o bien pasa a formar parte de nuestra vida, o aprendemos a deshacernos de ella, pero ante la que cada cual elige lo que hace con ella y el momento.

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Si la carga es ligera y nos hace sentir bien, es tan humilde como comerse un caramelo a escondidas. Pero si es pesada, tarde o temprano termina desapareciendo, cuando un buen día la mente despierta y comprende que no vale tanto sufrimiento una acción que nadie, sino lo inevitable, va a saber recompensar.

Ops, se me olvidó mencionar que todavía llevo una superstición a cuestas de por vida… a los siete años rompí un espejo y su maldición aún perdura. Si sobrevivimos al 21 de diciembre de 2012, quizá tenga que hacer una tercera parte…

Lugar de paso

Cuando echo la vista atrás y pienso en cómo era antes mi barrio, pienso que cualquier persona que se hubiese marchado entonces y regresase por navidad sin haberlo visto cambiar día a día, no lo reconocería y lo primero que sentiría sería añoranza.

Ahora hay una avenida, nuevos edificios, un supermercado, allí, al lado de la fábrica de harina donde antes había un descampado, en el que pasábamos las tardes jugando al béisbol, el que se llenaba de barro en días lluviosos para jugar al pincho, por el que pasear comiéndose un helado en verano, un lugar de risas y juegos, de tardes tranquilas sin ruido de coches, sin miedo a que el balón se escapase hacia cualquier lugar.

Ya no hay risas de niños, tan solo motores rugiendo y gente que pasa con la cabeza agachada camino de cualquier otra parte.

Midtown Comics

No se puede decir que sea un apasionado de los comics, sin embargo tanto su mundo como todo lo que gira en torno a ellos me apasiona. De pequeño no tenía los típicos libros de Superman ni de Batman, sino montones de revistas de Disney que leía una y otra vez. Las que más me gustaban eran las de Patoaventuras, o lo que más tarde en la serie de dibujos animados se llamaría así. Aquellos comics me despertaron un interés por Mickey, Donald, Goofy y todos esos personajes, que aún continúa a día de hoy.

Más tarde, entre la etapa de mi niñez y la adolescencia, me acercaba cada sábado al kiosco para comprar una bolsa de un periódico ya desaparecido hace años y que el dependiente me dejaba llevarme sin tener que pagar el periódico. Dentro de esa bolsa que costaba unas 150 pesetas si mal no recuerdo, venían algunas joyas del comic, aventuras variadas en cada número. Todas esas aventuras deben andar por ahí en las cajas escondidas con Thor, Superman y Lobezno en su interior, entre otros.

Mentiría si dijese que soy más de comics que de libros, de hecho de pequeño solía enfadarme si entre mis regalos se escondía un gran libro con viñetas en lugar de cientos de páginas para leer y disfrutar. Los comics tienen una lectura más ligera y visual, dejan menos campo a la imaginación, y eso es algo que personalmente es lo que menos me gusta de ellos. A pesar de este inconveniente personal, soy capaz de reconocer una buena obra cuando la tengo delante, y si tuviera que elegir un comic de entre todos los comics, el mío sería sin duda Tintín.

Si hay un lugar en el que saben tienen más comics que en ninguna otra parte del mundo, ese lugar es sin duda Midtown Comics, una sede con cuatro tiendas repartidas en pleno Nueva York, la principal de ellas en Times Square. El emporio de los comics, el lugar en el que comprar, vender, participar y disfrutar, el lugar en el que cualquier aficionado o veterano no pueda sentirse extraño al ir a buscar a su superhéroe favorito, ya sea de ahora o de hace setenta años, porque aquí lo viven todo con mucha pasión.

La tienda no se queda atrás en tecnologías e información. Compra-venta de ejemplares impresos, varias redes sociales a través de las cuales seguir sus noticias, un blog, canal de youtube y hasta una aplicación en iTunes para venta de números online en todo el mundo. Y por si esto fuera poco, además dan la oportunidad a nuevos artistas para exponer sus trabajo en la tienda y convertir su superhéroe en una leyenda.

Hoy me he sentido identificado de alguna forma con el reportaje que simultáneamente para varios países ha emitido National Geographic centrado en esta tienda, como homenaje a todos los fans de los comics. No hace mucho me hice con una edición de coleccionistas, el baúl con todas las obras de Tintín, incluído el número inédito que Hergé nunca pudo finalizar y que abrí con sumo cuidado, como si fuera un tesoro.

Algunos comics de Disney siguen apareciendo en alguna estantería de la casa. Desde entonces todo ha cambiado mucho. Ahora ya no es necesario ni siquiera ocupar espacio, basta con hacer un simple click y leerlo en la tablet pasándo sus páginas con un simple arrastre del dedo. Un movimiento, sin embargo, que jamás podrá sustituir la sensación del olor de las páginas impresas, pero que sigue encerrando la misma magia de siempre.

Lo que Sandy se llevó

Tendemos a separar a los elementos de la naturaleza, la fuerza del viento, la volatilidad del fuego, el poder del agua. Todo parece en orden y en calma, como una persona cuerda y tranquila.

Y cuando a la naturaleza se le cruzan los cables, olvida cada elemento por separado y los une a todos para sembrar el caos sobre La Tierra. Un grito desesperado.

Viva el horario infantil

Acabo de llegar a casa, hoy tocaba, con mucho retraso, ver el episodio 1,000 de mi comedia favorita, pero este no podía verlo de espaldas, como acostumbro para aprovechar el tiempo, enterándome de todo lo que se cuece en la comedia, este necesitaba su tiempo especial, así que lo he quitado para verlo en otro momento más tranquilo.

Informativo que salta, un hombre tiroteando con una escopeta a otro que está a un metro de él y mientras las balas impactan en su cuerpo como si le estuvieran dando puñetazos, el pobre hombre hace un gesto reflejo de taparse la cara y el cuerpo como si con ello pudiese evitar lo que se viene encima. Cae al suelo, sin vida, el hombre que disparó, le remata por si acaso. Son las 21:11 de la noche, la hora en que los niños acaban de ver “Pasalaspapas” y similares y se reenganchan mientras juegan con sus padres regresados del trabajo.

Me causan asco y repudio aquellos y aquellas que van de cultos y de defensores de la audiencia, que se escandalizan cuando a las 16:30 de la tarde o a las 22:00 de la noche sale una teta o un culo, que se echan las manos a la cabeza cuando ven a dos personas discutir en la sobremesa sacando trapos sucios y lo llaman telebasura y van a los juzgados a denunciar que esas cosas no deberían salir en horario infantil.

Personas que después en sus casas son los primeros en no dar ejemplo, que discuten con gritos e insultos delante de sus hijos, que llevan dobles vidas con amantes, salidas nocturnas y relaciones fuera de pareja. ¿A quién van a dar ejemplo y denunciar esta panda de sinvergüenzas?

Prefiero mil veces que mis hijos viesen una teta o un culo, una discusión encarnecida en la televisión que no cómo termina la vida de un hombre en plena calle a sangre fría.

No se trata de horario infantil, se trata de lógica humana y de saber un poco de sicología infantil, los niños no son idiotas y ya no vivimos en los años 80, dicen “puta” o “cabrón” antes de saber hablar y por mucho que se les repita o reprenda, lo seguirán diciendo, con más empeño si cabe.

No seamos gilipollas y terminemos ya con esta idea tan asquerosa llamada horario infantil, porque, seamos sinceros, comencemos por respetar dentro de casa, porque si no lo hacemos ahí, cómo vamos a pedir a un televisor que lo haga por nosotros.

fotografía de Rez González

Sor Sonrisa vaga de nuevo por los pasillos con “Dominique”

Mientras la hermana Jude recorre los pasillos del siquiátrico en ‘American Horror Story: Asylum’, hay algo que no para de sonar y que se queda en nuestras cabezas. Esa música no está ahí puesta por casualidad y se trata de todo un éxito musical del año 1963 llamado “Dominique” e interpretado por la monja belga Jeanine Deckers, más tarde apodada como Sor Sonrisa.

El éxito le llevó a sacar un segundo disco que no triunfó y en el año 67 dejó el convento y no sólo eso, sacó a la luz su verdadera condición sexual yéndose a vivir con una compañera monja del mismo lugar. En ese momento el apodo de Sor Sonrisa se quedó dentro del convento al considerar que era propiedad de la congregación (y sus beneficios, claro).

Bajo el nombre de Luc Dominique compaginó labores sociales con la composición de canciones de protesta a favor de los métodos anticonceptivos, luchando contra la iglesia y sus doctrinas, y también con canciones para niños.

Cuando en los años 80 el gobierno belga le solició más de 200,000 euros en concepto de impuestos royalties por su éxito “Dominique” en el pasado, ella apeló a que los derechos ya eran del convento, los cuales se lavaron las manos cuando se trataba de pagar. Para intentar saldar la deuda, lanzó un remake de su éxito pero, sin obtener la recaudación esperada, se sumió en una depresión y se suicidó junto a su pareja un 29 de marzo de 1985 a los 51 años de edad.

“Dominique” vaga encerrada entre los pasillos de la ficción, y quizá también en los de la realidad, martirizando a aquellos que un día la dejaron vendida y le llevaron a su trágico destino.

Laika

Son muchas las ilusiones que unos padres vuelcan en sus hijos. Los tiempos cambian, las oportunidades son diferentes y todo aquello que un día ellos no pudieron llevar a cabo, hacen maravillas para que los que les siguen puedan lograrlo al fin, incluso esas pequeñas victorias que nacen y culminan las toman como logros personales, aunque no sean suyos propios.

Inconscientemente depositamos en nuestras mascotas otra serie de deseos. Les cubrimos bien con una manta cuando hace frío, les colmamos de caricias y jugueteamos con ellos, queremos que sean ajenos a los problemas del ser humano, son una evasión, nuestra evasión.

Hace ya 55 años, una perrita llamada Laika se convirtió en el primer ser vivo que viajaba al espacio. Toda una temeridad de aquellos a los que se les ocurrió la idea de utilizar un animal como conejillo de indias, poco valiente y algo que no comparto. Algo así como “pon tú la mano en el fuego y así si quema me avisas”. Ellos no tienen voluntad para decidir lo que quieren hacer cuando nuestra orden está ya dada.

Y es que cuando de relaciones entre mascotas y humanos se refiere, puede haber puro interés o puro sentimiento y sólo cuando uno es capaz de entender que su mascota no es recipiente de sueños y que nuestros caprichos pueden hacer daño, empieza a crearse una cierta relación de empatía que no necesita expresarse con palabras.

Terminando el sombrero

La vida. Es lo que significa al fin y al cabo el proceso de cruzarse con la gente, de las afindades y los desencuentros que van creando hilos desde que nacemos hasta que morimos. Y una vez dejamos el mundo, aún quedan flecos sueltos a nuestro paso capaces de tejer por sí mismos otras prendas, de colores y formas inimaginables, infinitas.

Halloween

Sí, normalmente hubiera elegido un título más enrevesado para la entrada, pero por qué no ponerlo tan sencillo como lo que es, Halloween. Y es que de un tiempo a esta parte, esa fiesta yanki del otro lado del charco que tanto me gustaba, que veía en las series, películas y fotografías, aquí no existía. Y eso me daba una pena tremenda.

Los colegios tomaron la iniciativa hace unos años y tal día como hoy, al volver del trabajo por la noche, ahora se escucha música dentro de ellos, en el patio, con chavales vestidos de brujas, batman, hadas, duendes, hombres lobo y todo tipo de fauna fantástica. También me encontré con una señora que parecía ir vestida de bruja, pero no, resultó ser una señora normal… Qué suerte tienen ellos ahora que pueden disfrutarlo, aquello con lo que soñábamos algunos de pequeños.

Seguramente de aquí aunos años las calles estén decoradas con calaveras, telarañas y las cejas de JR y miles de niños se echen a la calle y dejen atrás las fiestas de los colegios para llamar a las puertas y decir eso de “truco o trato”.

fotografía de Terry Tyson

National Geographic España, 25 años de magazine

Hace ya 25 años que National Geographic en Español forma parte de mi vida. No hay rincón de la casa que no esté teñido por ese característico color amarillo del marco de su portada. Llevo un retraso de varios años en la lectura, cierto es, pero todos los números están ahí, desde el primero en octubre de 1997, algunos antiguos que tengo sin leer pueblan las estanterías más cercanas a mi cama, otros ya leídos están en sus encuadernaciones de piel, mientras que los más modernos se apilan sobre las estanterías del salón junto a las decenas de mapas, esperando sus tapas como los demás.

Recuerdo que lo compré una tarde con mucha ilusión, me acerqué a la papelería que acababa de abrir en el barrio y allí conocí a la dependienta, que me dio la revista y me invitó a ir allí cada mes, que ella me la guardaría, y así ha sido durante casi 300 meses cruzando sus puertas, como esta misma mañana para comprar el último número.Y ha sido hoy cuando casualmente he caído en la cuenta de que había pasado tantísimo tiempo, mientras leía por encima las páginas del número especial sobre el Universo, al pensar cuán pequeño era nuestro planeta, como un grano de arena en una inmensidad gigante, extensa y profunda.

Esa primera tarde, después de tanto tiempo deseándolo, sabiendo que era una de las revistas más prestigiosas en EEUU y que ahora estaba en mis manos traducida, me sentí especial, como con un tesoro entre las manos. Difícil olvidar la primera portada de los niños indígenas tocando los tambores, abrí sus páginas y comencé a leer, una lectura que comenzó aquel día, que trataba sobre la historia, sobre la ciencia, sobre la fé y los conocimientos y sobre la aventura del ser humano dentro y fuera de su espacio, una lectura que comenzó entonces y que aún no ha acabado.

Valientes

Es como la entrada a otro mundo, como la frontera entre la más absoluta soledad y el extremo bullicio en compañía. En tu soledad están los que te dan palabras de ánimo, palmaditas en la espalda y te dicen lo que hacer, pero en realidad aquella habitación, aquella parte del mundo permanece vacía, solos tú y tu mente, una mente en blanco que piensa en todo y a la vez en nada.

Es la frontera entre no ser nadie y serlo todo, entre ser un completo desconocido y formar parte de la vida de los demás para siempre. La frontera entre tener fuerza y dar fuerza, entre ser tu propio ejemplo y dar ejemplo haciendo lo que mejor sabes, siendo quien eres.

Para todos aquellos valientes, deportistas en la cancha, cantantes sobre el escenario, concursantes dentro de una casa o recorriendo el mundo.

Con un beso de amor verdadero

“Y un día se encontraron atrapados en un lugar en el que la felicidad les había sido robada, nuestro mundo. Así es como sucedió…”

Crecí a mis espaldas con las historias de Pinocho, ese muñeco de madera hecho con tanto mimo por Gepetto, que de repente una noche mágica cobró vida, disfruté de sus aventuras, de esa nariz que crecía con sus mentiras y que nos dejó ese “te va a crecer la nariz como a Pinocho”, y de cuando finalmente un hada lo convirtió en el hijo de carne y hueso que aquel hombre deseaba.

Hansel y Gretel que cayeron en la tentación de la dulce casa de chocolate, el despistado Pulgarcito, la niña que no quería ver la realidad de su mundo y se internaba en aquel país de las maravillas con el sombrerero loco y su té en la eterna fiesta del feliz no cumpleaños.

La imagen de la bruja en el libro de cuentos, gorro puntiagudo, cara demacrada, alargada nariz, una verruga, vestida toda de negro y con una roja y envenenada manzana en sus manos, preparada para vengar su odio hacia la mujer que el espejo consideraba la mujer más hermosa del mundo. Un ataud de cristal velado por siete enanitos, donde yace Blancanieves. Un príncipe roto de dolor que, con lágrimas en los ojos, da a su amada el último beso de amor verdadero.

Allá donde acabaron aquellos cuentos, sólo quedaba vivirlos una y otra vez, generación tras generación, millones de niños creciendo, como yo, con sus historias, sus finales felices y moralejas que uno no lograba entender hasta que pasaba el tiempo. Pero nunca nos preguntamos tras ese “vivieron felices y comieron perdices” qué ocurrió. ¿Qué cúmulo de casualidades hicieron que Pepito Grillo llegase a ser la voz de la conciencia? ¿Por qué Gepetto nunca pudo tener el hijo deseado hasta que apareció Pinocho? ¿De dónde nació esa manzana roja envenenada? ¿Por qué la malvada bruja tenía aquel odio tan grande hacia Blancanieves como para desear su eterno suspiro? ¿Qué hubo antes y que pasó después de las historias que nos contaron y leímos?

No podré agradecer lo suficiente a Adam Horowitz y Edward Kitsis que hayan recogido todos esos cuentos de nuestra infancia, a todos los personajes que tan bien conocemos, como si fuesen parte de nuestras vidas, tanto que no necesitan presentación, hayan decidido contestar a todas esas preguntas que jamás nos hicimos y mezclarlas y entrelazarlas como piezas de un complejo puzle para dar vida a una obra de arte llamada “Érase una vez”.

Ojala pudiéramos recuperar todo lo perdido con un beso de amor verdadero, aunque si uno lo desea muy muy fuerte, quizá, aunque no sea como lo imaginamos, consigamos traer de vuelta de ese mundo de fantasía, un suspiro que bien vale una vida.

Quién eres

De forma inconsciente nos basamos en primeras impresiones, intentamos compensar y completar lo que sentimos al conocer a alguien con experiencias pasadas, sus gestos, sus expresiones, sus palabras, conforman un patrón sobre el que actuamos en consecuencia, buscamos semejanzas con aquellos que ya conocemos y actuamos tal y como lo haríamos con ellos.

Y poco a poco se va creando un tú a tú particular, donde antes estaban las semejanzas comienzan esas maravillosas diferencias que hacen de cada relación, sea cual sea, algo único.

Un poco más despacio, por favor

Dentro de la monotonía que se hace al andar cada día más de dos horas diarias, lo único que salva el trayecto de las mismas calles y los mismos lugares, son la gente con la que me cruzo cada día, la gente y algunas de sus mascotas.

Después de tantos años uno se encuentra por el mismo camino con situaciones peculiares y curiosas que ponen ese tinte de alegría o misterio a algo tan común. Desde historias un poco rozando el misterio y el miedo como encontrarme con unos niños implorando a un vecino que no hay nadie en casa y que sus padres se han marchado y no saben dónde, aquel coche que pasó a las 7 de la mañana en que su conductor me dijo si quería montar, pasando por los niños a los que curiosamente se les pasa la pelota por encima de la verja en el patio del colegio cuando estoy pasando por allí y me entran ganas de lanzársela aún más lejos todavía, hasta situaciones tan embarazosas y tiernas como silvar a un perrillo abandonado y llevarle conmigo todo el camino hasta el trabajo y quedarse esperando a la puerta a que saliese, acurrucado del frío en la alfombra del recibidor.

Este último lo recuerdo como uno de los momentos más bonitos, cuando todo el que subía me decía que abajo había un perro acurrucado…¿qué vio en mí? Todo esto tras haber perdido a Yoko.

Y cuando no hay nada mejor que hacer en esas dos horas de camino, el oído también hace de las suyas y se pone a escuchas a veces las conversaciones de aquellos con los que me cruzo. Hoy estaba escuchando una interesante historia y me he dicho “más despacio por favor”, empezaba en un bar, donde su dueño se encontraba barriendo al final de la jornada como cada día. El hombre no había prestado atención a los papeles, pero aquel día cogió uno que había en el suelo, lo desdobló y… y aquí me he quedado en la historia, porque a pesar de decirme a mí mismo “más despacio por favor”, he tenido que torcer una esquina si no quería ir a un callejón sin salida, así que me he perdio el relato emocionante.

Historias son para matar el aburrimiento.

Encaje y esponja

No sé si puede haber imágenes más fuertes que las vividas en los últimos días en el país, concentraciones que terminan a hostia limpia entre manifestantes y funcionarios a los que pagamos para que nos den de hostias, que ya es el colmo de la estupidez humana, pero la escena que he presenciado esta mañana me ha dejado con cara de asco y repudio.

Los niños son como esponjas, absorven todo tipo de información y, sin que nos demos cuenta, están pendientes de nuestros gestos y palabras con los cinco sentidos, por algo después los hijos salimos casi siempre a los padres.

Tras la salida del colegio, una madre estaba hablando a sus dos hijos pequeños, que no tendrían más de 5 ó 6 años, acerca de lo malo que es el presidente actual, de los despidos y recortes a los funcionarios, una serie de información imposible para un niño de esa edad. Por supuesto no he podido escuchar toda la conversación mientras iba detrás por el mismo camino, pero lo que he escuchado en cierto momento de cada uno de los dos pequeñajos me ha dejado asombrado y asustado: “todos los políticos son una mierda”, “sí, hijo, son todos una mierda”. Todo mientras la madre seguía con su charla como si estuviese hablando con adultos, explicando en lenguaje tierno a sus dos hijos la situación actual y lo que a ella le convenía sobre la presindencia actual y la anterior. Inaudito.

Por qué no dejan que los niños sean niños, bastante tienen ya en el colegio como para que una madre les machaque con sus problemas como si fueran adultos, metiéndoles ideas preconcebidas en la cabeza con las que crecerán sin dar lugar a que puedan opinar libremente porque eso ya estará ahí dentro influyendo en sus decisiones aunque no lo quieran.

Hoy una vez más me alegro por haber tenido y tener la madre que tengo, porque no me saturaba la cabeza con problemas de mayores, por dejarme decidir a cada momento sin hilar mi vida y plasmarla en una tela previamente cortada para que yo encaje en ella a su perfección.

Diario de… multados por defender los derechos de los niños

El pasado mes de junio en Talavera de la Reina, al igual que en muchas otras ciudades españolas, muchos padres y madres se echaron a la calle, organizando concentraciones para defender los derechos escolares de sus hijos, ante tanto recorte que ya está empezando a tocarnos ahí bien abajo.

Unos meses más tarde una de mis antiguas compañeras de trabajo, al igual que otros muchos asistentes a esta concentración, acaban de recibir en sus casas una carta del ayuntamiento penalizándoles con, ¡ATENCIÓN! ¡¡600 € de multa!!

Como si hubieran sido 2€ o unos céntimos, ¿dónde ha quedado el derecho a la libertad de expresión? ¿Dónde está ese supuesto estado de democracia que sólo nos vale para limpiarnos el culo cada 4 años votando a desconocidos que salen rana y hacen lo que les da la gana? (Lo digo para quien vote porque yo desde que tengo derecho no lo he hecho en la vida precisamente para no tener que arrepentirme). Y todo por mirar por los derechos de sus hijos, una multa bestial que bien le servirá al ayuntamiento para comprar buenos coches o arreglar carriles bici que cuando no están recién pintados son manchas en la carretera.

El programa Diario de… de Mercedes Milá supuestamente ya se ha puesto en contacto con algunos afectados y por mi parte les he hecho llegar la denuncia. Parece mentira que en pleno siglo XXI tengamos que recurrir a un programa de televisión para denunciar unos hechos porque nadie más hace caso, ni siquiera los juzgados, donde nadie ganaría nada puesto que la concentración según ellos no fue comunicada con previo aviso. ¿Si la hubieran comunicado les hubieran permitido hacerla? No.

Seguramente no se pueda conseguir ya nada, pero al menos mostrar la realidad de lo que está sucediendo en este país nos sirva para que haya una gota que colme el vaso y alguien acabe con esta pesadilla.

La casa de un hombre es su castillo

El lugar donde uno puede desear, puede hacer y deshacer libremente, opinar, expresar alegrías y arrojar lágrimas sin miedo a nada y sin tener respuesta, formar una familia, rodearse de amigos o estar solo.

A veces, en lugar de un castillo, la casa de un hombre es el foso, uno que ni siquiera es suyo, que comparte y que no quiere, un hogar previo a cruzar el puente soñado.

@fotografía de Mr. Monster (basado en la frase de Thomas W. Coke)

Fotografía Olímpica Londres 2012 – Los Juegos Paralímpicos

Hoy Londres se despierta, digamos, con algo de melancolía, como si le faltase algo. Por sus calles desfilan los últimos deportistas y visitantes de estos juegos que agotan las horas antes de coger un vuelo hacia casa, calles que ya nunca más volverán a ser grises en nuestra mente, porque recordaremos su color, su algarabía, cada uno de sus monumentos dando un toque de distinción a los deportes más comunes.

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Londres seguirá siendo esa joya de la corona, esas cabinas telefónicas contrastando con el color de sus calles, esa gente seria, responsable y ese país de protocolo y del té a la hora en punto, pero las miradas del mundo entero han visto latir su corazón y aunque aún siga conservando ese aire de misterio que le caracteriza, ahora también sabemos que respira.

Escucha la lluvia en el tejado

Cada tormenta, trae consigo la esperanza de que, de alguna manera, al amanecer, todo estará bien, y de que hasta las manchas más perturbadoras habrán desaparecido con el agua de la lluvia, como las dudas sobre la inocencia o las consecuencias de un error, como las cicatrices de una traición o el recuerdo de sus besos.

Así que aguardamos que pase la tormenta, esperando lo mejor, aunque en el fondo de nuestro corazón sepamos que algunas manchas son imborrables y nada podrá hacerlas desaparecer.

El mundo de los corazones locos

Durante medio segundo (bueno, quizá uno si se me ponen pesados) he pensado “qué puedo escribir que me haga sentir mejor”. Sí, todo esto se puede pensar en un segundo. Y la mejor forma es escribir sobre este mundo loco lleno de corazones, la mayoría locos también.

Algún día contaré la historia de la primera vez que me dejaron plantado, historia melancólica y triste, en mitad de una nevada en la ciudad sin ley. Hacía tanto tiempo que no me ocurría otra vez, que había perdido esa sensación de vacío, de hundimiento, como que de repente te dejan sin nada y te conviertes en un cuerpo andante sin rostro, sin contenido, pero todo corazón, hundido pero aún con vida. Y toca volver a llenarse de ilusión como sea. Verdaderamente es aquí donde se demuestra lo que hemos crecido, lo que hemos madurado a través del tiempo.

Aunque la sensación que queda es la misma y el nudo en la garganta no lo quita nadie, creo que algo ha cambiado. La primera vez me costó reponerme bastantes semanas, era la primera vez. Pero ahora busco, quizá como alguien ayer me dijo, “que de pendejo uno se compara con el jodido”, aunque ahora me escudo en una realidad.

Este es un mundo de corazones locos, donde el que tú quieres no te quiere, donde el que quieres lo quiere otro, donde el que te desea tú no deseas. Y así van dando vueltas unos y otros, liándose guiados por extraños hilos en una entramada red en la que no merece la pena buscar ni pedir ya explicaciones cuando suenan esas palabras que saben a despedida: “Ya hablaremos…”.

“Las lágrimas de un hombre no son porque sea débil, sino porque ha sido fuerte durante demasiado tiempo”

Indiferencia

A veces, la indiferencia y el frío hacen más daño que la aversión declarada – J.K. Rowling

El peor pecado hacia nuestros semejantes, no es odiarlos, sino tratarlos con indiferencia, es decir, la esencia de la humanidad -William Shakespeare

Tu desconfianza me inquieta y tu silencio me ofende – Miguel de Unamuno

El silencio es, a veces, una mala respuesta, una respuesta amargadísima – Gar

El más fuerte no es el mejor

Que el más fuerte es el mejor anda rondando, en general, demasiado tiempo la cabeza de la humanidad, tanto que se llegó a la horripilante idea de aquella raza rubia de ojos azules sin que nada que fuese diferente mereciese vivir.

El más fuerte quizá sobreviva mejor, es un hecho innegable, la fortaleza contra la debilidad no se puede rebatir, pero nunca será el mejor. Nunca será el mejor, porque para supervivir necesita hacer daño, necesita dejar de lado la parte racional de su consciencia, perderla, extirparla momentáneamente para hacer lo que hace, porque destroza, sacrifica y no piensa en las consecuencias.

El que sufre y agoniza es superviviente a su manera, vive, disfruta, comparte y trata de dejar hacer lo mismo a los demás. El otro es más fuerte, sí, es un superviviente también a su manera, pero no, no es el mejor.

Fotografía Olímpica Londres 2012 – Días 10 a 11

Recortando distancias, acercándonos al final, demasiado bonitas como para dejar pasar más tiempo entre serie y serie de fotografías, nuevos deportes, nuevas disciplinas olímpicas, nuevos escenarios y nuevas emociones. Por fin España se hace con su primer oro y llega otra vez de una mujer, ellas son las dueñas de la pista, o mejor dicho, del agua, porque siguen lloviendo “chapas al cuello” gracias a ellas y todas llegan por medio acuático, a las dos platas de Mireia Belmonte, sumamos el primer oro de nuestro país en estos Juegos Olímpicos gracias a Marina Alabau en vela y otra plata más pasada por agua y embadurnada con un poco de maquillaje resistente al líquido por el dúo de natación sincronizada formado por Andrea Fuentes y Ona Carbonell, sin olvidar que el jueves las chicas de waterpolo lucharán por otro oro.

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Aunque ellas son las reinas, ellos no se quedan atrás y lo siguen intentando, si bien la jornada 12 nos deja al equipo masculino de waterpolo y al de balonmano fuera de la lucha por las medallas, el primero debido a la mala suerte con dos goles casi propios, uno de mano y otro de cabeza hacia atrás del portero (que ya es complicado) y el segundo igualado contra Francia hasta que encajaron gol en el último segundo por 23-22.

No sé si coincidiréis una vez más en que hay jornadas en las que todo parece estar conectado de una forma cuanto menos extraña, días en que todos los árbitros parecen ir en nuestra contra (uno de ellos amonestado y no podrá arbitrar más, auqnue hubiéramos preferido el gol, decisión que en waterpolo ha marcado un destino y nos ha echado de los juegos) y otros como en la jornada 10 en que todo parecía ir al palo, cualquier gol o canasta. Una jornada para olvidar donde casi justo al mismo tiempo, los equipos de balonmano, waterpolo y baloncesto (este iba incluso con una renta de más de 8 puntos) perdían sus respectivos encuentros.

Estas jornadas tienen como protagonista indiscutible el Estadio Olímpico, ver la prueba de los 100 metros lisos en atletismo en pleno prime time es todo un lujo, un ganador Usain Bolt que parece que va de sobrado, pero nada más lejos de la realidad, un showman de la pista. Comienzan nuevas disciplinas como los saltos o el taekwondo, que nos permiten disfrutar de cosas que no vemos a menudo, mientras van llegando a su final otras cuantas. Por cierto, un talaverano, penúltimo, pero luchando hasta el final en piragüismo, buen esfuerzo.

Esta es la situación de nuestro medallero, 7 medallas de momento.

Estas son las imágenes que nos dejan las jornadas previas al fin.

Todo lo que dices antes

No sé dónde escuché aquello de que todo lo que digas antes de la palabra “pero” no sirve para nada, de hecho el único fin de todo lo que venga antes tiene una única utilidad, suavizar lo que viene después. Cuando alguien te aparta para hablar contigo y te suelta bonitas palabras, a menudo somos nosotros los que nos adelantamos y decimos eso de “sí… pero…”, intentando llegar antes al asunto que nos llevó allí.

Uno de los principales terrenos en los que ocurre esta circunstancia es en el terreno sentimental. Te acercas, miras a los ojos desviando la mirada, pensando cómo decir las cosas, cómo medir las palabras, cómo suavizar un daño que no sabes hasta dónde va a llegar, porque depende de la otra parte. Cómo decir que todo ha sido maravilloso, que es guapa o guapo, que tendrá a todos o todas las que quiera a su alrededor y encontrará el amor, que es una bellísima persona y te lo pasas muy bien con él o ella y te hace sentir genial, pero…

Entonces todo se rompe y comienza la auténtica verdad. Pero… no siento lo mismo por ti, ya no estoy enamorado o enamorada, he conocido a otra persona, no podemos seguir así y quiero terminar con esto.

Hay gente que sabe encarar este tipo de conversaciones si dar rodeos, pero son las menos, aquellas personas que no conectan con los sentimientos de los demás. Una inmensa mayoría utilizamos palabras que no llegamos a sentir del todo para después comenzar a contar la verdad, como una extraña tradición del ser humano, precisamente por eso, por ser humanos, porque empatizamos con quien tenemos enfrente, sabemos que va a sufrir y eso hace que sin darnos cuenta, intentemos hacerle el menor daño posible.

Haz un ejercicio a tu alrededor, observa, escucha, percibe que todo lo que te dicen antes de un “pero” no sirve para nada, no sirve para ti, pero sí para el que te habla, para sentirse mejor consigo mismo aunque crea que con ello también te hace un favor. No es ni mejor ni peor, aprécialo como tal.

Punto muerto

En ciertos momentos la vida se queda en stand by, como si alguien oprimiese un botón y uno no lograse avanzar, ni siquera acertar para retroceder y coger carrerilla para seguir adelante. Un día tras otro se va tornando en ligera monotonía y hasta te terminas acostumbrando tanto a las sorpresas y los sobresaltos que parece que nos quiten el filtro de la emoción y nos quedemos en by pass, esa situación emocional en la que ya puede estar hundiéndose el mundo a nuestro alrededor, que al final lo hacemos y lo sentimos todo de la misma forma.

Suerte que siempre hay algo o alguien que vuelve a oprimir ese botón para darle al play, hacernos funcionar de nuevo y ponernos el filtro de la aventura. Y todos esos que oprimen ese botón casi sin darse cuenta son afortunados.

Me da vértigo el punto muerto, y la marcha atrás.
Vivir en los atascos, los frenos automáticos y el olor a gasoil.
Me angustia el cruce de miradas, la doble dirección de las palabras y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me arruinan las prisas y las faltas de estilo, el paso obligatorio.
Las tardes de domingo y hasta la linea recta.
Me enervan los que no tienen dudas y aquellos que se aferran a sus ideales sobre los de cualquiera.
Me cansa tanto tráfico y tanto sin sentido.

Parado frente al mar, mientras el mundo gira.

fotografia de mary martín