Parece que fue ayer

Salimos en dirección a la Iglesia de San Andrés Apóstol en el coche de Jesús, yo de copiloto y Bea detrás, los tres hablando de los que haríamos y del presente, sí, a pesar de no habernos visto desde hacía muchos años, cuando lo normal es que se hable en pasado.Nada más arrancar, ya pasamos al lado de la peluquería (esa que Bea dice que está al lado de un “puti”, que no lo está) en la que las chicas se pondrían guapas unas horas después para la boda, esa en la que tendrían que decir que se casaba el director de agricultura de Castilla La Mancha para que las dejasen un peinado “inagotable”, vamos, de esos que duran una etenidad.

“Hay que ver, que parece que nunca nos hayamos ido, parece que fue ayer”, sonó en la voz de Bea por primera vez. Sería esta una frase que pronunciaríamos varias veces. Así continuamos hablando durante todo el camino, no sé ellos, pero imagino que como yo contentos por estar juntos de nuevo y poder disfrutar de más tiempo. Ya de paso recordamos esta canción que le dejé a Bea hace algunos días, esa que escuchábamos en la sala de audio de la Residencia del Cossío y que decidimos que sería nuestra canción, tan cierta como que nos define a cada segundo, nosotros somos esos chavales que andábamos por el casco viejo de Cuenca de fiesta y ahora allí estábamos, algunos con hijos y de boda.

(lágrimas de alegría)…

La subida a la iglesia fue espectacular, nunca había ido más allá del Alcázar, callejuelas estrechas y empinadas, peores que las de Cuenca, que ya es decir (aún tengo un dedo mal y con tirita puesta cuando me marché), en que el coche encaja prácticamente pon algunos centímetros de diferencia y la gente va ocultándose en las puertas y recovecos para no ser atropellada, como si fuese un videojuego, igualico.

De repente un claro entre tanta estrechez y allí estaba Almu a la salida de la iglesia. Achuchón de aquellos de los viejos tiempos y de nuevo esa sensación d que todo se desbarata, de que el reencuentro imaginado desde hacía tanto tiempo, al final es más sencillo de lo que parecía, y de nuevo un “parece que fue ayer”, como si definitivamente el día anterior nos hubiésemos visto y nos juntásemos de nuevo para la merienda de los fines de semana.

Reencuentro con Nico, el novio de la boda, el protagonista, el gruñón más simpático, religioso donde los haya, dándome un abrazo efusivo (pocas horas más tarde me haría llorar) y emocionado por que estuviese allí.

Una vez dentro, todos participamos de la decoración que aún faltaba, yo dejándome la dentadura partiendo celo para las flores, movimiento de bancos, últimos retoques y las reinas de la fiesta, las mariposas decorativas, un éxito sin precedente, tanto que las chicas no paraban de pensar desde que las vieron en la forma de secuestrarlas. Tan fácil como al final de la boda tirar de ellas. Un divertido rato de risas con las dos señoras mayores que “nunca habíamos visto una decoración tan bonita y mira que hemos visto bodas” que se dedicaban a ser los ojos del cura, que conocían lo que le gustaba y lo que no, fotos y confidencias, además de nuevas incorporaciones, una amiga de pilates de Jesús que se unía a la family de forma temporal.

Entonces aparecieron Gema y Sandra H., que dijeron que llegarían más tarde, estaban igual que siempre, como si el tiempo se hubiera detenido (una vez más) y en lugar de contar los años de ausencia, todo continuó de forma natural, como si nos hubiéramos visto hace una semana nada más.

Al salir ya era de noche, el tiempo de nuevo había pasado volando y nos costó mucho guardar silencio en la zona cercana donde estaban los coches y donde había reunido un grupo de visitantes escuchando las viejas historias de la ciudad y sus monumentos. Pero es que somos así, si ya solos somos un mundo, juntos somos como una bomba de relojería que explota constantemente.

Es muy difícil expresar ese sentimiento que se resume en las palabras “parece que fue ayer”, una mezcla de necesidad de mostrar afecto sin mostrarlo, de expresar felicidad absoluta sin expresarla, quizá lo que más se le puede asemejar es el estar en el lugar que más te gusta del mundo, una playa en la noche mirando el horizonte estrellado, un bosque verde correteando entre los árboles, un lugar precioso y respirar la brisa mientras cierras los ojos, lo más parecido a sentirse a gusto sabiendo que estás con la gente que quieres.

No éramos todos los que estabamos, algunos podría verlos unos minutos al día siguiente y a otros algún día los veré, pero aún quedaba lo mejor, toda una noche por delante, con cosas de esas que sólo nos pasan a nosotros y algunas emocionantes aventuras por el parking…

Mis amigos y yo

No sé cuántas veces soñé con ese momento cada vez que nos separamos, los nervios del reencuentro, imaginar cómo sería, quizá un abrazo intenso, lágrimas, comenzar a contar todas las historias de estos últimos años…

Toooodo se desbarató. De repente, en un sólo segundo, todo cambió. Aquel abrazo intenso se convirtió en un abrazo normal y un par de besos, las lágrimas se sustituyeron por sonrisas cómplices y, excepto algún pequeño paréntesis, no malgastamos el tiempo contando los últimos años. Como Bea me dijo: “Parece como si jamás nos hubiésemos separado, como si no hubiera pasado el tiempo, como si fuera ayer la última vez que nos vimos”.

Y nada tan cierto como eso, de repente es como si estuviésemos otra vez conviviendo en el mismo hogar, pateando las calles de Cuenca, esta vez las cuestas de Toledo, desayunando juntos, compartiendo espacios, redescubriendo las viejas bromas y nuestro particular sentido del humor que nos conectaron a todos de una forma inexplicable hasta el día de hoy y más allá.

No estábamos todos (la que podíamos haber liado si eso llega a suceder), pero sí una buena parte. Disfrutamos de los preparativos de la boda de uno de los nuestros y de una velada muy especial que terminó como sólo pudo terminar en nuestro caso, porque estas cosas sólo nos pasan a nosotros. Como diría alguien: “!Que se sepa quienes somos!”.

Correr por el parking desierto del Alcázar a las casi 3 de la madrugada, con un hipo de la leche mientras la música clásica suena por los altavoces, no tiene precio. Por cierto, el ron me lo metieron en mi granizado de limón, no hay otra explicación posible.

Continuará…

Tocar las estrellas

Parece tan sencillo en los cuentos, estrellas al alcance de la mano, sólo hace falta estirar un brazo y tocarlas con la yema de los dedos para sentir su calor y su luz, algunas tienen voz y hablan y junto con las otras iluminan las noches oscuras haciendo que el miedo y la incertidumbre de evaporen como si tal cosa.

Space Oddity – David Bowie

Nunca dejará de sorprenderme la facilidad con la que el destino prepara las cosas, este post es para alguien que un día consiguió algo más difícil que lo que relatan los cuentos, tocar una estrella, y que hoy se ha convertido en una de ellas.

Érase una vez (II) – Si a alguien me parezco más que a nadie en el mundo

Esta mañana me levanté como cada día, el cerebro ya se encargó de llevar a cabo las tareas rutinarias de antes de las 7 de la mañana, desayuno y ducha, aunque después de las 7 parece que soy yo el que toma el control de la situación para vestirme, echarme gomina en el pelo y peinarme y dejarme “to wapo”.

Todas las luces apagadas dispuesto a salir y una voz suena de repente: “nos vamos a Madrid”. Vuelta a deshacer el camino, aún sobra tiempo, siempre sobrará tiempo y si no se crea. Dos besos de felicitación de cumpleaños en la más absoluta oscuridad pero aún faltaba algo, total, mi cerebro no me había avisado de lo que hace este día diferente a los demás. Un regalo que tenía preparado a medias, con ilusión lo saco y se lo entrego cuando aún está tumbado y le digo “no te me duermas con él en las manos”.

Ella de fondo me recuerda que ha dejado algo de comida en el frigorífico. Mientras abro la puerta y salgo, todavía sigue enumerando nombres de comida.

No puedo negar que soy como él, que hago lo mismo que él, que sus gestos son los míos y sobre todo que somos físicamente un calco casi exacto, de mirada penetrante y ojos grandes, nariz prominente, bonita sonrisa y un porte de modelo.

Feliz cumpleaños papá.

Érase una vez (I) – Podrían pasar por actores de Hollywood

No me canso de mirar de vez en cuando aquellas fotografías antiguas en blanco y negro que se conservan en uno de los álbumes más viejos de la casa. La vida de cualquier persona no deja de ser como ese cuento de hadas que cualquier niño podría abrir por la primera página y comenzar a leer sintiéndose identificado y sorprendiéndose, aún cuando la historia fuese lo más normal del mundo.

Para abrir este, mi cuento personal, me quedo con esta, una de las fotografías que más me gusta de todas, aunque el paso del tiempo no perdone y más de 30 años desde entonces ahora son más bajitos y menos estilizados, así seran mi padre y mi madre. Podrían hacerse pasar por actores de Hollywood de los años 60. Destacan sus rasgos faciales totalmente angulosos y estilizados, el porte y el brillo de sus ojos, rasgos a los que les he de dar gracias porque ahora forman parte de mí.

La casi sonrisa o media sonrisa tímida ante la cámara, que tanto reconozco, o esa prominente nariz, boca y labios. Aún no les pregunté quién les había peinado o si eran ellos mismos quienes tomaban la iniciativa y ya iban preparados para la sesión fotográfica. Si todo fue idea suya, lo hicieron más que bien.

Este es sólo el principio del cuento, aún quedan fotografías en lugares que también fueron parte de mi vida en el futuro, galerías de tiro en ferias inolvidables, el tiempo en la lejanía y tantas historias…

Todo lo que dices antes

No sé dónde escuché aquello de que todo lo que digas antes de la palabra “pero” no sirve para nada, de hecho el único fin de todo lo que venga antes tiene una única utilidad, suavizar lo que viene después. Cuando alguien te aparta para hablar contigo y te suelta bonitas palabras, a menudo somos nosotros los que nos adelantamos y decimos eso de “sí… pero…”, intentando llegar antes al asunto que nos llevó allí.

Uno de los principales terrenos en los que ocurre esta circunstancia es en el terreno sentimental. Te acercas, miras a los ojos desviando la mirada, pensando cómo decir las cosas, cómo medir las palabras, cómo suavizar un daño que no sabes hasta dónde va a llegar, porque depende de la otra parte. Cómo decir que todo ha sido maravilloso, que es guapa o guapo, que tendrá a todos o todas las que quiera a su alrededor y encontrará el amor, que es una bellísima persona y te lo pasas muy bien con él o ella y te hace sentir genial, pero…

Entonces todo se rompe y comienza la auténtica verdad. Pero… no siento lo mismo por ti, ya no estoy enamorado o enamorada, he conocido a otra persona, no podemos seguir así y quiero terminar con esto.

Hay gente que sabe encarar este tipo de conversaciones si dar rodeos, pero son las menos, aquellas personas que no conectan con los sentimientos de los demás. Una inmensa mayoría utilizamos palabras que no llegamos a sentir del todo para después comenzar a contar la verdad, como una extraña tradición del ser humano, precisamente por eso, por ser humanos, porque empatizamos con quien tenemos enfrente, sabemos que va a sufrir y eso hace que sin darnos cuenta, intentemos hacerle el menor daño posible.

Haz un ejercicio a tu alrededor, observa, escucha, percibe que todo lo que te dicen antes de un “pero” no sirve para nada, no sirve para ti, pero sí para el que te habla, para sentirse mejor consigo mismo aunque crea que con ello también te hace un favor. No es ni mejor ni peor, aprécialo como tal.

Londres 2012 – Vivir el sueño

Toda una vida de preparación y esfuerzo, tuya y de esas madres que se despiertan antes que tú para preparate el desayuno y la comida con toda dedicación, porque les nace de dentro y desean lo mejor para ti, porque confían en tus capacidades y siempre te dan el aliento, aliento cuando están cerca y aliento cuando están lejos, siempre presentes para curar los momentos de debilidad.

Muchos años que son como el día que transcurre hasta que llega la noche y cerramos los ojos para vivir unos intensos minutos, incluso segundos, de auténtico sueño, donde nos dejamos llevar, donde vivimos el momento y somos lo que deseamos ser y nos enfrentamos a nuestros miedos.

Esto es un homenaje a las madres que nos han dado la vida y siguen dándola por nosotros.