Asómate y siente Gran Hermano catorce. Así viví la gala de presentación

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Sí, este año se cambian los números por las letras, todo sea para diferenciar cada edición y hacerla en este sentido menos tradicional, al igual que el pasado año se evitó la mala suerte con ese número 12+1. De cualquier forma los números tampoco acompañan a esta edición, que ayer comenzó muy bien, pero muy lejos de los datos de audiencia de una gala de estreno comparada con la de otras ediciones anteriores. Antes Gran Hermano podía con todo, desde hace un tiempo ya no, pero para los que nos gusta y nos divertimos, mientras se mantenga, eso qué más da.

No seré yo el que juzgue ese arranque que sin embargo era de esperar (para inflar share), una cuenta atrás que finalizaba a las 22:00 de la noche para enseñarnos un poquito del plató, la cancioncita de “Vértigo” con ese “un… dos… tres… catorce” e irse a publicidad para acto seguido hacer lo mismo por segunda vez. Teníamos muchas ganas, pero con esto consiguieron que esas ganas se convirtieran en otra cosa, algoq ue estoy segurísimo, los no fans, los que pasaban por allí, no aguantaron y marcharon a otro lugar.

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Decía Mercedes Milá ayer, casi antes de acabar la gala de presentación, que “hay que justificar la sensación de vértigo”, pero esa justificación se quedó en cierto sentido algo floja. Nos prometieron que cada concursante entraría de forma diferente a la casa, pero en realidad, a excepción de la mujer con tacones en el borde de un tejado a 9 pisos de altura y con casco para protegerse de una posible caída, que es de traca, ni sentí ese vértigo ni me motivaron mucho los cuatro escenarios en los que se centró la atención.

Esa cuerda a varios metros de altura, con un lanzamiento que duraba tan pocos segundos que era imposible sentirse parte de él. Otra cosa hubiera sido ver a Mercedes Milá acompañando en las alturas a esos concursantes, viendo cómo les ponían los mecanismos de seguridad para después lanzarlos, pero nos restaron ese toque de emoción y miedo, por no hablar de la trola que nos metió Mercedes diciendo que se tiraba desde allí arriba, una coña de las suyas que nunca vimos.

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La pelota de plástico con sorpresa dentro bajando por una rampa causaba indiferencia, no sería el único que pensé que eso de “vértigo” se estaba convirtiendo en una tomadura de pelo. Apenas la tirolina tenía algo de emoción, mientras que el confesionario pobre con su balanceo tampoco consiguió su objetivo. Durante un breve momento recordé la entrada de Gran Hermano 8 con la vaquilla y las banderillas y me entristecí un poco porque las cosas no estaban saliendo como yo las imaginaba de emocionantes.

Estaba triste, sí, bastante triste. Mi padre por primera vez se quedó dormido al igual que mi madre, y de repente me quedé viendo Gran Hermano solo. Pero algo estaba a punto de ocurrir al filo de la medianoche que lo cambiaría todo.

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La casa de la broma, ¿no queríamos parto en directo?

Gran Hermano es una mezcla entre el destino y sus concursantes, Gran Hermano es la pura realidad televisada y si es tan cierto eso de que de una boda sale una boda y de que en toda familia o patio de vecinos hay una oveja negra, ayer se demostró que allá donde hay un grupo de gente, siempre ocurrirán cosas extraordinarias. A veces estas cosas extraordinarias sólo necesitan un pequeño empujoncito y… caen por sí solas.

La casa de la broma fue una de esas genialidades. Muy superior a los otros tipos de vértigo, Gran Hermano nos propuso este pequeño e interesante juego en el que sólo uno era concursante y los otros dos actores. Un guiño para todos los seguidores del programa, entraron esos que siempre aparecen en las quinielas: el gótico, la obesa y nuestra querida embarazada. ¿No queríamos ver un parto en directo? Pues magistralmente GH jugó con esta petición, que ya es todo un clásico desde hace más de una década, y la convirtió en una broma con la que reirnos de nosotros mismos y con los demás.

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El confesionario se estrenó antes de lo esperado

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El otro empujoncito llegó por sorpresa y sin esperarlo, como suele ocurrir siempre con los mejores momentos. Llegaba la entrada en la casa del último concursante, Álvaro, todo culto él y emperifollado con su atípica vestimenta, se alzaba por encima de sus compañeros que le animaron a saltar. Pero al super no le dio tiempo ni a mencionar lo que debía hacer cuando Álvaro cogió carrerilla y, sin coger la tirolina, se lanzó al vacío.

En aquel momento no sé lo que sentí, sólo sé que le vi correr, saltar y de repente no aparecía ya en la pantalla. Me partí de risa, me caí del sofá al suelo y no paré de reir en toda la noche durante más de una hora hasta quedarme sin respiración. Mis padres despertaron y no pegaron ojo ya en lo que quedaba de noche, enganchándose de nuevo a la vida en directo. (FELIZ, otra vez GH en compañía)

No hablo ya del pelanas, el pelos, que menudos sustos pegó a todos, sobre todo a Susana cuando salió de entre las bolas y no sé si pensó que era un animal o a Lorena cuando apareció de la nada en el fregadero.

Muchos que me conocen y saben lo mucho que me gusta el programa, me preguntan ya por mi favorito/a. Hasta ahora y sólo con la excepción de Gran Hermano 2 (aunque Fran terminó desencantándome, por eso de que en su pueblo estaba todo ya preparado para votarle y nosotros como audiencia no estábamos acostumbrados a esas cosas aún por aquel entonces), todas mis favoritas siempre fueron chicas. Pero este año la historia de Juan Carlos y su personalidad me hicieron aplaudirle en silencio cuando terminé de ver su vídeo de presentación. Su historia y su fuerza me recordaron a la fuerza de un antiguo compañero de la Universidad. Enseguida me recordó al momento en que lo conocí, la sensación que me provocó verle hablar y darme cuenta de que tartamudeaba y poder ver su evolución durante varios años. También me fijé en mi reacción y en la de aquellos que lo conocían por primera vez. Me gustaba ver la reacción del ser humano ante algo que no espera y cómo actúa después. Y ayer pude verla de nuevo y eso es maravilloso. (Por cierto, alguien se dio cuenta de que tartamudeaba mucho más con cierta chica al lado eh).

He jugado un poco con los peinados de los concursantes, a ver cómo quedaba otro con los pelos y el pelos con el peinado de otro. El resultado es sorprendente.

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Y es que así es Gran Hermano, no es esa casa sin vida que algunos creen, en la que unos vagos van a vivir del cuento para después hacer bolos fuera o abrir su propio negocio, eso son otras historias que no tienen que ver con el programa. Gran Hermano es esa casa que uno mira durante horas y a la que se echa de menos cuando las luces se van apagando dentro de ella, recordando sonidos y situaciones en cada rincón.

Tico y Rigodón

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Un buen día de mediados de la década de los años 80, me senté a ver la tele cómodamente en el sofá. Un león llamado Willy Fog se metió en un lío de un par de cajones (que diría cierto personaje de ficción) apostando por un imposible y comenzando una aventura que lo llevaría a dar la vuelta al mundo en 80 días.

Para mí aquella fue la historia original, aunque con el tiempo descubriría que estaba basada, esa y las siguientes aventuras por llegar varios años después con 20,000 leguas de viaje submarino y viaje al centro de la tierra, en novelas de Julio Verne. Era la época en que los animales eran un canalizador para el público infantil, para llevarnos la literatura y las mejores historias a nuestro pequeño plano de realidad imaginaria.

Así que para mí Willy Fog no era una persona de carne y hueso, era un león, igual que Dartaçan no era sino un perro mosquetero. Y sin querer hicieron que me interesase por esas historias cuando crecí.

Hace apenas un par de semanas comencé una nueva aventura de la mano de Studio Ghibli y Level 5 con Ni No Kuni y la Ira de la Bruja Blanca. No pensaba yo que a estas alturas de la película algún personaje de videojuego iba a sacarme unas risas, pero hubo uno que lo consiguió y se llama Drippy.

Inmediatamente sus ocurrencias, la soltura al hablar como si todo lo que le viniese a la mente lo soltase sin pensar, su agilidad mental y falta de tacto, me recordaron de alguna forma a ese querido personaje con acento andaluz que acompañaba sin descanso al francés Rogodón en sus aventuras como mayordomo de Willy Fog en su vuelta al mundo.

Tico es ese personaje que sabe que existe algo malo merodeando a su alrededor, pero cuyo carácter hace que ese miedo se disipe, que los fantasmas y peligros al final se conviertan en pequeños ratoncitos indefensos.

Preguntas que se quedarán sin respuesta

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La verdad que lo más difícil de afrontar ahora que llegamos a estas horas finales del mundo conocido, es la cantidad de enigmas que se quedarán sin resolver en nuestras vidas. ¿Qué hubiera sido de mí si…? ¿Cómo acabará Dexter? Por lo menos nos llevamos a la tumba el final de Lost y Mujeres Desesperadas ¿Por qué pregunto por el telefonillo “¿quién es? si siempre recibo la misma respuesta: “soy yo” y encima no puedo seguir preguntando “qué vienes a buscar” para que me digan “a ti” y pueda decir “ya es tarde” y me cuestionen “por qué”?

Aquí está una pequeña muestra de preguntas que se quedarán sin respuesta, aunque pensándolo bien, si la vida sigue más allá del 21 de diciembre de 2012, no sé si la tendrán algún día.

¿Por qué siempre preguntas en los locales ¿disculpe, dónde está el baño? si siempre está al fondo a la derecha?

En Francia, si alguien quiere tostadas francesas, ¿pide tostadas francesas o sólo pide tostadas?

¿Por qué los kamikazes llevaban casco?

¿Qué clase de sustancia psicotrópica toman los enanitos de Blancanieves para que después de 12 horas de trabajo salgan de la mina cantando y silbando?

¿Por qué las lunas de otros planetas tienen nombre, pero la nuestra se llama luna?

¿Por qué abrimos la boca cada vez que miramos al techo?

¿Por dónde le entra el agua a los cocos?

¿Qué hay que hacer si uno ve un animal en peligro de extinción comiendo una planta en peligro de extinción?

Si los caballos sufren la peste equina y los cerdos la peste porcina, ¿por qué el hombre sufre enfermedades patológicas?

¿A qué árbol pertenece el fruto del trabajo?

¿Por qué siempre a la tercera va la vencida? ¿Por qué no a la segunda? ¿O la cuarta?

Cuando un jugador se va por la banda, ¿el portero se va por los mariachis?

Cuando llueve el cielo está cubierto de nubes, entonces ¿cómo pasan las gotas a través del cielo?

Si los vegetarianos comen vegetales, ¿qué comen los humanitarios?

¿Debería cortarme las venas o dejármelas largas?

¿Dónde están los codos de una silla de brazos?

¿Adán y Eva tenían ombligo?

¿Por qué en las películas americanas nadie cierra el coche con llave?

Si los virus no tienen sexo ¿porque nos joden tanto?

Si los hombres son todos iguales, ¿por qué las mujeres eligen tanto?

¿Por qué los establecimientos abiertos las 24 horas tienen cerraduras?

¿Por qué el sol aclara el pelo, y sin embargo oscurece la piel?

¿Por qué para apagar Windows hay que ir al botón de Inicio?

Si el amor es ciego… ¿por qué la lencería es tan popular?

Cuando a uno lo sacan de sus casillas, ¿adónde va?

¿Los grupos heavy no deberían de grabar ‘discos duros’?

¿Por qué los relojes que tienen manecillas no tienen piececillos?

¿Por qué la cadena del tapón de la bañera siempre está rota?

El incesto entre hermanos gemelos, ¿es un acto de amor propio?

¿Es cierto que la verdad absoluta no existe?

¿Por qué cuando nos cuelgan el teléfono nos quedamos mirándolo como si él tuviera la culpa?

Si un policía arresta a un mimo, ¿debe decirle que tiene derecho a permanecer en silencio?

Si los fabricantes de carteles y pancartas hacen una huelga, ¿hay algo escrito en sus carteles?

En el caso de que haya más allá, ¿habrá menos acá?

Si una palabra está mal escrita en el diccionario, ¿cómo lo sabríamos?

Si homicidio es matar a un hombre, suicidio… ¿es matar a un suizo?

Cuando un abogado se vuelve loco, ¿pierde el juicio?

¿Un guirigay es un extranjero marica?

Si los sándwich de miga son simples porque tienen una capa de relleno, ¿los triples no deberían ser dobles?

¿Por qué cierran con llave los baños de las gasolineras, acaso tienen miedo de que la gente los limpie?

¿A qué huelen los pelos de la nariz?

Cuando un coche está circulando, ¿el aire dentro de las ruedas está girando?

¿Por qué las magdalenas se ponen duras y las galletas blandas?

¿Por qué cuando llueve levantamos los hombros? ¿Acaso nos mojamos menos?

¿Dónde está la otra mitad de Oriente Medio?

¿Qué cuentan las ovejas para poder dormir?

Cuando una mujer está encinta… ¿está también en compact?

¿Qué tiempo verbal es “no haber pasado”? ¿Preservativo imperfecto?

¿Por qué los apartamentos se llaman así si están todos juntos?

¿Por qué las ovejas no encogen cuando llueve y los jerséis de lana sí?

¿Por qué los aviones no están hechos del mismo material que la caja negra?

Cuando sale al mercado una nueva marca de comida para perros y con mejor sabor, ¿quién la prueba?

¿Por qué no hay comida para gatos con sabor a ratón?

Si nadar es tan sano y estiliza la figura, ¿por qué las focas están tan gordas?

¿Cómo sabemos si se apaga la luz de la nevera cuando la cerramos?

Cuando afirmo que soy un mentiroso, ¿estoy mintiendo?

¿Por qué nunca vemos esta noticia en un periódico: “Adivino gana la lotería”?

¿Por qué apretamos más fuerte los botones del mando a distancia cuando tiene pocas pilas?

¿Por qué se lavan las toallas? ¿No se supone que estamos limpios cuando las usamos?

¿Por qué puede estar la misma revista en el baño durante años y nos da igual?

¿Por qué bragas es plural y sujetador es singular?

Para reproducirse un disco ¿antes debe quedar encinta?

Si cárcel y prisión son sinónimos, ¿por qué no lo son carcelero y prisionero?

¿Por qué ‘separado’ se escribe todo junto y ‘todo junto’ se escribe separado?

¿Por qué cuando tienes que escribir tu contraseña sale con asteriscos si la estoy escribiendo yo?

¿Si las cortinas se corren, tienen orgasmos?

¿Porque se le llama día del trabajador al día que menos gente trabaja?

¿Por qué se esterilizan las agujas para las inyecciones letales?

Si nada se pega al teflón, ¿cómo lo pegaron a la sartén?

¿Por qué llamamos ‘bebida’ a la bebida, incluso antes de beberla?

Si estás en un callejón sin salida, ¿no se puede salir por la entrada?

¿Qué hora debería marcar el reloj de un astronauta cuando esta en la luna?

Si volar es tan seguro… ¿por qué se le llama al aeropuerto “Terminal”?

El misterio de la tortuga perdida del sexto e

Dos pisos más abajo, algo así como unos 6 metros bajo tierra, alguien ha perdido a una tortuga. La pequeña se encontraba sola esta mañana en el portal, dentro de una jaula, con agua y comida, allí, en medio de las escaleras. La pusieron al lado de la pared para que no estorbase al paso y ahora ni hay agua, ni hay comida, ni está la jaula y tampoco la tortuga.

Sólo queda este cartel que me encontraba por sorpresa, el primero que veo en mi vida en el que alguien busca una tortuga como rescate, por eso me llamó más la atención y me pareció curioso, enterándome después de la terrible historia.

¿Alguien se ha llevado la jaula? ¿El dueño ya tiene la tortuga y se ha olvidado de quitar el cartel? Aunque lo más probable de todo, ¿ha abierto la tortuga la puerta de la jaula, se la ha atado a cuestas y ha huído?

Parece que fue ayer

Salimos en dirección a la Iglesia de San Andrés Apóstol en el coche de Jesús, yo de copiloto y Bea detrás, los tres hablando de los que haríamos y del presente, sí, a pesar de no habernos visto desde hacía muchos años, cuando lo normal es que se hable en pasado.Nada más arrancar, ya pasamos al lado de la peluquería (esa que Bea dice que está al lado de un “puti”, que no lo está) en la que las chicas se pondrían guapas unas horas después para la boda, esa en la que tendrían que decir que se casaba el director de agricultura de Castilla La Mancha para que las dejasen un peinado “inagotable”, vamos, de esos que duran una etenidad.

“Hay que ver, que parece que nunca nos hayamos ido, parece que fue ayer”, sonó en la voz de Bea por primera vez. Sería esta una frase que pronunciaríamos varias veces. Así continuamos hablando durante todo el camino, no sé ellos, pero imagino que como yo contentos por estar juntos de nuevo y poder disfrutar de más tiempo. Ya de paso recordamos esta canción que le dejé a Bea hace algunos días, esa que escuchábamos en la sala de audio de la Residencia del Cossío y que decidimos que sería nuestra canción, tan cierta como que nos define a cada segundo, nosotros somos esos chavales que andábamos por el casco viejo de Cuenca de fiesta y ahora allí estábamos, algunos con hijos y de boda.

(lágrimas de alegría)…

La subida a la iglesia fue espectacular, nunca había ido más allá del Alcázar, callejuelas estrechas y empinadas, peores que las de Cuenca, que ya es decir (aún tengo un dedo mal y con tirita puesta cuando me marché), en que el coche encaja prácticamente pon algunos centímetros de diferencia y la gente va ocultándose en las puertas y recovecos para no ser atropellada, como si fuese un videojuego, igualico.

De repente un claro entre tanta estrechez y allí estaba Almu a la salida de la iglesia. Achuchón de aquellos de los viejos tiempos y de nuevo esa sensación d que todo se desbarata, de que el reencuentro imaginado desde hacía tanto tiempo, al final es más sencillo de lo que parecía, y de nuevo un “parece que fue ayer”, como si definitivamente el día anterior nos hubiésemos visto y nos juntásemos de nuevo para la merienda de los fines de semana.

Reencuentro con Nico, el novio de la boda, el protagonista, el gruñón más simpático, religioso donde los haya, dándome un abrazo efusivo (pocas horas más tarde me haría llorar) y emocionado por que estuviese allí.

Una vez dentro, todos participamos de la decoración que aún faltaba, yo dejándome la dentadura partiendo celo para las flores, movimiento de bancos, últimos retoques y las reinas de la fiesta, las mariposas decorativas, un éxito sin precedente, tanto que las chicas no paraban de pensar desde que las vieron en la forma de secuestrarlas. Tan fácil como al final de la boda tirar de ellas. Un divertido rato de risas con las dos señoras mayores que “nunca habíamos visto una decoración tan bonita y mira que hemos visto bodas” que se dedicaban a ser los ojos del cura, que conocían lo que le gustaba y lo que no, fotos y confidencias, además de nuevas incorporaciones, una amiga de pilates de Jesús que se unía a la family de forma temporal.

Entonces aparecieron Gema y Sandra H., que dijeron que llegarían más tarde, estaban igual que siempre, como si el tiempo se hubiera detenido (una vez más) y en lugar de contar los años de ausencia, todo continuó de forma natural, como si nos hubiéramos visto hace una semana nada más.

Al salir ya era de noche, el tiempo de nuevo había pasado volando y nos costó mucho guardar silencio en la zona cercana donde estaban los coches y donde había reunido un grupo de visitantes escuchando las viejas historias de la ciudad y sus monumentos. Pero es que somos así, si ya solos somos un mundo, juntos somos como una bomba de relojería que explota constantemente.

Es muy difícil expresar ese sentimiento que se resume en las palabras “parece que fue ayer”, una mezcla de necesidad de mostrar afecto sin mostrarlo, de expresar felicidad absoluta sin expresarla, quizá lo que más se le puede asemejar es el estar en el lugar que más te gusta del mundo, una playa en la noche mirando el horizonte estrellado, un bosque verde correteando entre los árboles, un lugar precioso y respirar la brisa mientras cierras los ojos, lo más parecido a sentirse a gusto sabiendo que estás con la gente que quieres.

No éramos todos los que estabamos, algunos podría verlos unos minutos al día siguiente y a otros algún día los veré, pero aún quedaba lo mejor, toda una noche por delante, con cosas de esas que sólo nos pasan a nosotros y algunas emocionantes aventuras por el parking…

Mis amigos y yo

No sé cuántas veces soñé con ese momento cada vez que nos separamos, los nervios del reencuentro, imaginar cómo sería, quizá un abrazo intenso, lágrimas, comenzar a contar todas las historias de estos últimos años…

Toooodo se desbarató. De repente, en un sólo segundo, todo cambió. Aquel abrazo intenso se convirtió en un abrazo normal y un par de besos, las lágrimas se sustituyeron por sonrisas cómplices y, excepto algún pequeño paréntesis, no malgastamos el tiempo contando los últimos años. Como Bea me dijo: “Parece como si jamás nos hubiésemos separado, como si no hubiera pasado el tiempo, como si fuera ayer la última vez que nos vimos”.

Y nada tan cierto como eso, de repente es como si estuviésemos otra vez conviviendo en el mismo hogar, pateando las calles de Cuenca, esta vez las cuestas de Toledo, desayunando juntos, compartiendo espacios, redescubriendo las viejas bromas y nuestro particular sentido del humor que nos conectaron a todos de una forma inexplicable hasta el día de hoy y más allá.

No estábamos todos (la que podíamos haber liado si eso llega a suceder), pero sí una buena parte. Disfrutamos de los preparativos de la boda de uno de los nuestros y de una velada muy especial que terminó como sólo pudo terminar en nuestro caso, porque estas cosas sólo nos pasan a nosotros. Como diría alguien: “!Que se sepa quienes somos!”.

Correr por el parking desierto del Alcázar a las casi 3 de la madrugada, con un hipo de la leche mientras la música clásica suena por los altavoces, no tiene precio. Por cierto, el ron me lo metieron en mi granizado de limón, no hay otra explicación posible.

Continuará…

El Ecce Homo que revolucionó todo un país

Va, mínimo, camino de ser tan popular como la mismísima Giocconda, gracias a esta revolución en que un simple fresco se ha convertido en noticia fresca y en burla en todo el país. Nos situamos en la iglesia del Santuario de Misericordia en Borja, una localidad de Zaragoza, donde en uno de sus murales hay un Ecce Homo que debido al paso del tiempo estaba perdiendo la pintura. Cecilia Jiménez, una señora residente en la localidad, ha sido la encargada de convertir ese Ecce Homo en una pintura muy pero que muy fresca, tanto que podría competir contra Pocoyó o los Teletubbies, porque en lugar de la imagen que debería ser, lo ha convertido en algo que no se sabe si es “Kiko ay mi Kiko”, el niño de la Pantoja o un esquimal con la cara emborronada.

La anciana asegura que no lo hizo sin permiso y que cualquiera que entrase en la iglesia podía ver cómo pintaba. Al margen de todo esto, el mural ya es toda una sensación en internet y ha dado pie a que muchos decidan convertirse en verdaderos artistas recreando en el rostro, desde el propio Kiko Rivera hasta prsonajes de otros cuadros e incluso de Barrio Sésamo y tomando buena nota para hacer de otras grandes obras mejores obras si cabe 😛

Y nadie duda de las buenas intenciones de esta buena mujer, al menos una pintura menos se quedará sin sufrir el desgaste del tiempo. En los tiempos que corren no está ni tan mal, que faltando el pan sobren las sonrisas.