Moda

power rangers

He visto esta imagen y me ha sido imposible evitar que el primer pensamiento que me viniese a la cabeza fuesen los Power Rangers, y después de eso, toda esa serie de películas que mi padre nos alquilaba cuando éramos pequeños cuando teníamos el vídeo Beta y después el VHS, desde King Kong pasando por Godzilla y todos sus sucedáneos, mezclando a unos y otros, a cada cual peor hecho, en películas baratillas de serie B que ahora me parecen lo peor del mundo pero que en su tiempo lograban entretenerme. No sé si eran esos efectos especiales de tres al cuarto o la idea de imaginármelos como juguetes, pero fuese como fuese, me dejaban delante de la pantalla con los ojos pegados.

Los Power Rangers y toda esta parafernalia me pillaron con la edad justa en la que uno se deja llevar por el resto de niños. Que si ahora todos vestidos de Power Ranger, tú azul, tú rosa, tú amarillo, el regalo más deseado de las ferias y sus tómbolas, los muñecos campando a sus anchas por los escaparates de las jugueterías… el caso es que echo la vista atrás y aunque sí recuerdo que me lo pasaba muy bien delante de la pantalla, nunca llegué ni a vestirme de uno de los personajes ni a tenerlos como muñecos, a pesar de que los deseaba.

El tiempo pasa y uno se pregunta, como con Médico de Familia, cómo pudo llegar a ver semejantes bazofias. El secreto está muy claro, es la moda la que nos mueve desde siempre, audiencias millonarias para series y películas que no valen tanto pero sobre las que se genera un movimiento que te lleva a rastras sin querer. Y pasa lo mismo en todos los campos, en la literatura, en la moda de vestir, en los objetos y consumibles que utilizamos y comemos todos los días. Todo es objeto de la moda y lo que se escapa de ella está destinado a un segundo plano.

Lo mejor de todo es que cualquiera de nosotros podemos imponer una moda sin o pretendiéndolo. Basta con mezclar una idea en la que crees y confías al cien por cien con un mucho de personalidad en el momento oportuno. Y el ingrediente más importante: la suerte.

Pablo López “Vi”

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Algo más de cinco años han pasado desde aquel verano de 2008 en que la marea azul hizo ganadora a Virginia Maestro, en la que nadie confió excepto Risto Mejide, la única concursante de un reality musical que incluso fue repudiada por el presentador (que la felicitó por obligación), por sus compañeros y a la que se hizo un montaje en vídeo para intentar reducir sus votos (entre otras cosas).

Pero no es el momento de hablar de ella y sus éxitos que han sido muchos. De aquella edición si algo ayudó a Virginia a ganar fue la tremenda cantidad de insolentes y malos compañeros que tuvo, los cuales formaron un grupo endemoniado que sacaban de quicio a cualquiera. Aunque no formaba parte expresa de ese grupo porque era un ser “solitario”, Pablo López tuvo sus más y sus menos en la academia y nunca llegó a caerme bien, en parte porque apenas tenía presencia. Las canciones que le seleccionaban tampoco ayudaron.

pablo lopez

PABLO LÓPEZ “Vi”

A veces es mejor dejar pasar el tiempo, madurar las ideas y sacar adelante aquella con la que te sientes cómodo. Después de ese tiempo llega un Pablo López en esencia que me ha encantado, tanto como para comprar su primer disco que lleva por nombre “Once historias y un piano”. No hay que confundir un buen trabajo musical con las sensaciones personales, sigue sin gustarme como persona, pero como cantante se merece un diez.

Estos días no paro de escucharlo allá donde voy, cada canción es una pequeña obra maestra y cuanto más las escucho más sé que en mi vida se van a convertir en imprescindibles. Las hay melancólicas, otras tristes y esperanzadoras, de las que te hacen recordar pero terminan haciéndote sacar una sonrisa de emoción, mientras que “Vi” es una auténtica locura llena de matices, de tonos y notas, una pieza de piano musical de las grandes, que me hace sentir la música en todo su más amplio sentido, sacando de mí ese extraño sentimiento de que el corazón se te pone así de grande y eres capaz de comerte el mundo.

Relaxing cup of café con leche

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Desde el fin de semana de la candidatura olímpica de Madrid 2020, Plaza Mayor en la capital está llenita de gente buscando “fuuuuuuuuuuuuuunnnn”, sol y nothing like e relaxing cup of café con leche (gente que se ve hasta con sus termos sentada en cualquier sitio).

Me encanta este país, la gente que vota, un gobernante con la nariz muy larga y que le sigue creciendo cada vez que abre la boca, un yerno real con manos largas, un monarca que se va de caza de especies protegidas y cuyo nieto se pega un tiro con un rifle en el pie, así nunca nos aburrimos. Ahora añadimos al repertorio de la comedia a una nueva protagonista para la serie nacional, Anne Bottle, la que se quedó en inglés de primaria cuando le dijeron eso de “la A en inglés se pronuncia como una E”.

Cómo lo absurdo puede llegar a ser divertido es todo un misterio. Dónde está la línea que separa la indignación de la gracia. Pues debe ser muy fina porque se pasa de un lado a otro con una facilidad pasmosa. De la presentación de la candidatura no sabría si quedarme con el presidente prometoynometo, del compañerismo fingido del hijo del que fuera presidente del comité olímpico, con los dos compañeros a los que llamó al escenario para darles una palmadita en la espalda o con el saludo de una deportista paralímpica que, para saludar a los asistentes, no sé con qué intención, se salió de la mesa en la que estaba sentada para mostrar que estaba en silla de ruedas sin necesidad.

Lo que no pudo negar es que a pesar de la primera indignación, crucé la línea hacia el lado del sentido del humor viendo a esta tia haciendo el ridículo. Espero que el mundo no se haya dado cuenta (no mucho al menos) de los lamentables representantes, aunque parece que el jurado que votó tenían unas caras que parecían a punto de mandarnos bien lejos, encestando a cada uno de ellos por cada aro olímpico.

No teníamos canción del verano todavía. ¿Os apetece tomar un relaxing cup of café con leche mientras lo escuchamos? Y niños dee todo el mundo que veis este vídeo, tenéis una oportunidad excelente para desarrollar vuestro inglés básico, descubrir los errores y perfeccionarlos, venga, a estudiar.

Marilia, Marilyn y Superman

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Septiembre. “Trae el casete de Ella Baila Sola, por favor”- le dije.

Mi padre aparecía por la puerta de casa una tarde de septiembre de hace diecisiete años tras llegar del trabajo. Salí corriendo a ver si lo traía. Sí, allí estaba el casete, con aquellas dos chicas en portada sentadas cómodamente sobre un sofá, que apenas me había dado tiempo a descubrir esas semanas a través de una simple canción, sin internet entonces. Ahora sabía que se llamaban Marta y Marilia, aunque al principio las llamaba “lo echamos a suertes”.

Cogí el “loro” de la habitación y lo arrimé al enchufe de la cocina mientras mi madre terminaba de cocinar. Metí el casete y, sin darme cuenta en ese momento, comencé a descubrir realmente la música.

Una voz sonaba en el salón, mi madre diciendo que fuese a cenar. Todos estaban allí, pero yo seguía embelesado frente a los altavoces, con los codos apoyados sobre la encimera y pensativo, divagando sobre cada nota, cada palabra, cara ritmo. Aquellas canciones me hacían sentir algo diferente dentro de mí. Era un conjunto perfecto, lleno de armonía que entraba por mis oídos y ya jamás podría escapar.

Ante la insistencia, apagué la música. Ante la insistencia y porque sabía que aún quedaban muchas canciones por disfrutar. Siempre me ha gustado reservar para más tarde y disfrutar poco a poco de lo que me hace sentir bien.

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Han pasado diecisiete años desde aquel mágico momento y de los muchos más que llegaron desde ese día. La emoción de poder disfrutar del enorme éxito, de descubrir a los demás sus canciones como si fuesen propias, la de compartir con otros fans conciertos, vídeos, fotos y recuerdos, el segundo disco, el tercero que intenté que me vendiesen dos días antes y que tuve en mis manos el fin de semana previo a su salida en una calle de Cuenca. La dolorosa ruptura “infinita”, los trabajos en solitario o acompañando a otros artistas. El tremendo vacío que intenté llenar con otras voces y dúos y el feliz regreso a medias hasta su nueva ruptura. Toda una vida junto a Marta y Marilia.

Escuchar de nuevo su voz, tras una década de silencio, fue como dar marcha atrás al reloj o como si una mano invisible hubiera dado al pause de mi radiocasete y de nuevo hubiera pulsado el play a placer. Cuando parecía que todo estaba perdido y que nunca volveríamos a escucharla, Marilia aparecía de repente para unir a otros que, como yo, conservábamos el bonito recuerdo de nuestra banda preferida.

El primer disco, el segundo, el tercero, el recopilatorio, el de Marta Botía, el de EBS… muy pronto tendrán a su lado un compañero de viaje infatigable con nueve nuevas canciones que comienzan por “Marilyn y Superman”.

marilyn superman

La primera vez que lo escuché no pude evitar sorprenderme. Acostumbrado a una Marilia acompañada con coros y cuyas letras eras muy metafóricas, a las que había que encontrar un sentido e invitaban a reflexionar, ahora me encontraba ante algo distinto y que desencajó mis ideas. Ese “algo” nuevo ya no está construído de frases metafóricas, sino de frases sencillas y directas que incluso puede que a alguno le suenen infantiles, adolescentes  incluso graciosas. Las notas encorsetadas han dejado paso a un estilo más abierto para dar rienda suelta a una voz que ya no tiene coros, que suena limpia y perfecta, con las pequeñas imperfecciones perfectas de esos pequeños desafines que me encantan y que le hacen única.

Estas casi dos décadas me han enseñado a disfrutar de las idas y venidas, de lo que fue, de lo que es, de lo que se marcha y de lo que regresa. Ya no soy el niño que apoyaba los codos sobre la mesa escuchando embelesado, pero cada vez que oigo sus voces de nuevo, me doy cuenta de que sigue ahí, encerrado en algún lugar de mi cabeza, esperando con ilusión volver a pegar el oído en el altavoz mientras alguien me insiste que vaya a probar la cena.

Claro de luna

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Un universo lleno de posibilidades, un pequeño espacio en blanco, vacío pero tan lleno, una puerta al conocimiento y a la imaginación y un lugar desde el que acceder a cosas que de otra forma sería imposible entre las infinitas posibilidades.

La primera vez que accedí a Google hará ya 15 años, sentí el maravilloso poder de tener el mundo en la palma de mi mano. De repente una palabra abría el camino a lo desconocido. Y la primera vez que vi que esas seis letras daban rienda suelta a la imaginación y se convertían en homenajes, recuerdos e ideas me sorprendí.

Desde hace ya tiempo esas pequeñas píldoras de creatividad se abren paso cada día, siempre algo nuevo. Y una de las que más me ha sorprendido ha sido sin duda el claro de luna, el merecido e inesperado homenaje al compositor francés Claude Debussy, una pieza musical surgida del poema de Paul Verlaine que pone fin a estas líneas.

canvas3Your soul is a chosen landscape
Where charming masqueraders and bergamaskers go
Playing the lute and dancing and almost
Sad beneath their fanciful disguises.

All sing in a minor key
Of victorious love and the opportune life,
They do not seem to believe in their happiness
And their song mingles with the moonlight,

With the still moonlight, sad and beautiful,
That sets the birds dreaming in the trees
And the fountains sobbing in ecstasy,
The tall slender fountains among marble statues.

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Los 80: Mercromina para las heridas

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No recuerdo cuándo fue la última vez que mi madre cogió aquel botecito de tapa blanquecina y cuerpo oscuro. No recuerdo cuándo fue la última vez que lo desenroscó y de su interior salía un estrecho tubito empapado en un pigmento rojo, cuando según se acercaba a la zona afectada, el cerebro a uno lo ponía ya en preaviso del escozor que iba a sentir. No recuerdo esa última vez en que, con mucho cuidado, iba pasándolo, casi acariciando la piel por encima.

Eran los últimos meses de los años 80 cuando mi hermana comenzó a estudiar enfermería en Cuenca. Yo apenas tenía 11 años y, aunque vagos, si tengo algunos recuerdos del momento en el que el antiséptico que nos había acompañado desde el principio de nuestras vidas, vivió sus últimos momentos a nuestro lado.

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Fue un dia en que mi padre se hizo una herida. De repente mi hermana le dijo a mi madre:”tráeme el betadine”. Lo recuerdo alto y claro, la palabra “betadine”. Recuerdo a mi madre sacando de su mochila de viaje un frasco de color amarillento, recuerdo unas gasas, impregnadas de una sustancia amarillenta, oscura, casi marrón, al contacto con la piel.

Al día siguiente miré en el armario. El botecito colorado con su tapa blanquecina había desaparecido y no recordaba cuándo fue la última vez que esa sustancia roja limpió mi piel. En aquel momento supe que algo había cambiado y que nunca volvería verlo.

Mercromina, gracias por curarme tantas veces de pequeño, de una forma tan dolorosa y suave.

Los confines de la ciudad antigua

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Cada vez que miro al río Tajo no puedo evitar sentir un cierto aire de nostalgia, de las viejas historias que me contó mi padre, de cuando el río se convertía en playa improvisada de verano y de los días calurosos. Ya me lo imagino en bañador lanzándose de cabeza desde la orilla y recorriendo de orilla a orilla su cauce.

También escuchaba con atención las historias y peligros de sus profundidades, que hicieron, entre otras cosas, que se impidiese el baño hace ya algunas décadas.

El río se sitúa allá en los confines de la ciudad antigua, la ciudad de pocas murallas y los puentes de piedra y de hierro, porque siempre ha sido una ciudad abierta, que algún día crecerá hacia la otra orilla.

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Hoy me he quedado mirando a los coches pasar de un extremo a otro y he caído en la cuenta de que jamás he cruzado hacia el otro lado, ese otro lado que es como un pequeño misterio, para mí tan aficionado a las series, algo así como lo que hay al otro lado de la escotilla por ejemplo.

Tengo que cruzar y averiguar lo que se esconde en ese lugar que siempre he imaginado.