Mala praxis

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Según reza la enciclopedia del presente y del futuro, la mala praxis es el término que se utiliza para referirse a la responsabilidad profesional por los actos realizados con negligencia. Aunque suele utilizarse más concretamente para referirse a negligencias médicas, lo que ayer me ocurrió no me hizo pensar sino en estas dos palabras y ahora me pregunto si a los comerciales también se les puede aplicar la mala praxis.

El último comercial que entró en casa, porque no volverá otro a pisar por aquí, o eso espero, actuó como se esperaba de él, sobre todo para los que le dan esas pautas de malnacidos. Llegó en un tono amable (aunque por suerte en mi familia tenemos un radar que nos advierte de que alguna gente guarda algo sucio bajo la manga) y llegó a perder los modales cuando no quisimos el producto, gritó, intentó dividir la opinión de mis padres para ponerles en un aprieto. Una persona a la que apenas conoces, la metes en tu casa y en una hora te está gritando porque no le quieres comprar nada. ¿Pero esto qué es?

Estuve a punto de darle un buen par de hostias y llamar a la policía porque esto no se puede tolerar. El sistema de ventas comerciales de hoy es agresivo y lo único que consigue es engañar a la gente con poca personalidad y que se valora poco. ¿No sería más fácil aplicar unas formas más suaves y basadas en la fuerza del producto que vendes más que en la moral del cliente final?

Ayer llegué a casa después del trabajo y mi madre me avisó que habían llamado de nuestra compañía ISP (proveedor de servicios de internet) para ofrecernos una oferta móvil. A su vez me informó de que el comercial le había dicho que ya me había llamado a mí y que yo estaba interesado. Mi madre se dio cuenta de que mi móvil estaba en casa, no me lo había llevado al trabajo, así que se lo dijo al comercial, que eso era imposible porque mi móvil estaba encima de la mesa. Primer engaño y último.

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El comercial iba a llamar en unos minutos. ¿Es ya posible escuchar agradablemente una oferta cuando sabes que han intentado timar a tu madre? La respuesta es NO. Aún así tenía ganas a esa llamada. La oferta móvil no me interesaba en absoluto, pero quería saber hasta dónde podía llegar para conseguir un descuento en la factura total.

Todo transcurrió con normalidad, lo típico, no te dejan apenas hablar, te lo cuentan todo de retahila según lo tienen escrito (por suerte o desgracia ya me sé todos los trucos de una compañía así) y después empieza ese juego de preguntas y respuestas tan interesante.

No acepté la oferta, mi intención era conseguir una rebaja en la factura. Me ofreció lo que yo ya sabía por adelantado, 10€ de descuento, pero le rebatí diciendo que no podía aceptar eso porque lo que me quitaba por una parte me lo ponía por la otra después de un año. “¿Pero es gratis don José, no quiere algo gratis?”, insistía en el año gratis, él tenía que vender, yo tenía que conseguir mi rebaja del 50% y tampoco iba a parar y uno de los dos iba a perder los nervios, sólo adelantaré que no sería yo.

Si hasta un hipnotista profesional hace unos años no podía entender mi mente y su funcionamiento y se extrañó (mira, una buena historia que contar), iba a poder manipularme este. Si de algo puedo sentirme orgulloso de mi carácter es de mi personalidad y de mi postura ante las injusticias y la defensa de mis ideas. Y no se me caen los anillos si he de alabar las cualidades y la forma de pensar de otra persona, de hecho lo hago a menudo y aprendo.

Llevé las riendas de la llamada a posta  intenté sacarle la oferta que le ofrecieron a una compañera, una oferta real, del 50% de rebaja en factura y un servicio adicional gratis durante 1 año. Él insistía en que trabajaba allí y que no había otra oferta y que nadie iba a hacerme una oferta como yo le decía, mientra que yo le insistía en que estaba seguro de que si colgaba ahora la llamada y llamaba al servicio atención al cliente tendrían una oferta mejor para mí.

Así estuvimos entre careo y careo con la misma serenata y entonces llegó ese magnífico momento en que sacó su carta de la manga, esa carta de la mala praxis permitida a un comercial, denunciable para mí, en que abandonó su profesionalidad y gastó el último cartucho intentando insultarme sin llegar a hacerlo, muy sibilinamente, poniendo a mi madre en contra de mí. Le seguí insistiendo en mi oferta, en la única que podía interesarme. Sabía que no me la iba a ofrecer, pero él también supo, ante mi postura con su pérdida de profesinalidad, que tenía ya la batalla perdida.

Perdió las formas y, después de estar durante toda la llamada dirigiéndose a mí por mi nombre terminó diciendo en un tono ridículo “de acuerdo entonces don Rodolfo”. ¿Perdonaaa? Me entró la risa, porque mira que hay comerciales de todo tipo, algunos muy amables y que no llegan a dañar a nadie porque tienen escrúpulos al menos, pero este ya había traspasado la línea entre una relación comercial y una llamada amenazante y denunciable a todas luces. Mi respuesta fue clara y concisa “pudes llamarme como quieras si te apetece, pero hasta aquí hemos llegado, buenas noches”.

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Acto seguido llamé a atención al cliente y les obligué a ponerle una reclamación, por intento de engaño y por traspasar los límites de una relación comercial-cliente perdiendo las formas al final de la llamada. Trabajando donde trabajo, sé que no va a llegar a ninguna parte, ya me las sé todas, pero lo consideré oportuno porque era lo que merecía.

Quiero que este artículo sirva a aquellos que son comerciales, les animo a no seguir esas estúpidas reglas preconcebidas del comercial agresivo, que vende un producto a costa de la intimidación y el engaño, dejando a vndedor y comprador con la extraña sensación de haber perdido un poco de humanidad cada vez, que aprendan a ser más humanos, que vendan con convicción pero que escuchen las necesidades de su cliente, que empaticen con él en lugar de utilizar su entorno, que no jueguen con los sentimientos de la gente, que no se metan en sus vidas, ni con lo que gastan, ni con lo que tienen y menos conla gente que les rodea, siendo capaces de dejar un aire de putrefacción y mierda a su paso.

Quiero que este artículo les sirva a muchos para abrir los ojos de una vez, para hacerles comprender que como consumidores tenemos el poder en nuestra mano, que hay que sentirse a gusto con lo que compras y comprarlo porque te apetece. Que aprendan a no dejarse utilizar ni intimidar, que aprendan a decir NO cuando se traspasan los límites de la cordialidad.

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