Por qué no ha funcionado Gran Hermano catorce como se esperaba

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Ayer los votantes (que ni siquiera la audiencia) de Gran Hermano catorce alzaban a Susana como ganadora de esta edición. Una edición que desde ya, y a falta de un debate, se ha convertido en la menos vista de la historia del reality. Tuve claro quién iba a ganar, aunque siempre queda el gusanillo ese de si es verdad lo que piensas, cuando Desi quedó relegada a la tercera posición, una Desi que probablemente tenga mucho más futuro que todos los concursantes juntos y que merecía el premio, por haber sacado del encasillamiento a una edición anodina.

Cuando tenía claro que ganaba Susana pensé que no estaba ni tan mal, pues el programa este año tenía la ganadora que merecía, un MUEBLE. Una chica que ha hecho esfuerzos hasta para enamorarse sin sentir nada, que no ha tenido relevancia, que incluso ha pasado desapercibida muchas semanas. Y yo me quejaba de la ganadora de GH 2, Sabrina. Esa por lo menos se enamoró de verdad, lloró detrás de un sofá y salvó a una gallina haciéndole el boca a boca (la trilogía que le hizo ganar, que ya es para morirse).

Comenzaré diciendo cómo me he sentido como espectador, como el que no se ha perdido ni una sola gala de las cientos y cientos desde que todo comenzó en abril del 2000, seguidor de las ediciones especiales, reencuentros, revueltas y VIP’s. Y esto me cuesta mucho decirlo, pero pienso que hay que hacer un balance y decir la verdad, porque este concurso está hecho para divertirse, no para aburrirse y soportarlo sea cual sea el precio. Excepto en las galas de la expulsión de Miriam y de Juan Carlos, apenas ha habido una en la que no me durmiese durante las entrevistas y he tenido esa fastidiosa sensación de mirar el reloj, ver que eran las 23:00 de la noche, que apenas había pasado una hora y que no pasaba nada interesante, que ya sabía quién se iba a ir y que me quedaban casi tres horas aburridas para irme a dormir. Y de ese tiempo tan sólo una vez me quedé a ver la casa en directo.

Yo, fiel seguidor desde el principio, que adoro a Mercedes Milá, me he sentido mal sintiendo esto, ver cómo de repente mi programa favorito de la televisión me estaba comenzando a aburrir soberanamente. Y he tenido tiempo para pensar en lo que a mí personalmente, y estoy seguro de que a muchos también coincidirán, esta edición me ha fallado. He dejado de sentir ese cosquilleo al escuchar la sintonía.

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Para comprender por qué me ha ido decepcionando poco a poco hay que empezar por el principio. Uno tiende a auto engañarse, sobre todo cuando es fiel seguidor de un programa. Le pasa una, le pasa dos, le pasa diez, pero llega un momento en que por mucho que te quieras engañar, sabes que algo pasa. Se tiraron semanas y más semanas diciendo “asómate y siente el vértigo”, “asómate y siente el vértigo”. Puse las espectativas muy altas, que si una casa de dos pisos, que si iban a vivir por encima del suelo… ideas que, aunque no hubieran sido reales, sí podrían haberse implantado mejor, al menos de una forma tan divertida como el pasado año con esa habitación inclinada.

Todo para nada, para ver a dos personas tirarse desde una altura considerable, a los que ni siquiera vimos la cara ni nos los presentaron desde ahí arriba para sentir un poco el vértigo, ya bastante los conocimos mientras caían en dos segundos sin  la menor ilusión. Otros que entraban en una bola gigante de plástico (ohh qué vértigo) y otros que, para repetir jugada del año anterior, metían en una habitación sobre el suelo que de repente se abría. Todo esto repetido una y otra vez sin pizca de gracia.

Reconozco que al principio los concursantes me interesaron mucho y llegué a pensar que era el mejor casting hecho jamás. No podía estar más equivocado.

Muchos dicen que hicieron mal en estrenarlo contra Tu Cara me Suena y posteriormente contra algo nuevo en televisión como Splash!, ya que era directamente suicidar al programa. No voy a negar que hacer este movimiento supuso que muchos no se enganchasen desde el principio y decidiesen no ver esta nueva edición, pero creedme que esto a un seguidor fiel de GH no le ocurre. Y no voy a ponerme a decir esa gilipollez de que no voy a verlo más. No, lo voy a ver hasta el día del juicio porque sé que pueden hacerlo mejor y lo van a hacer.

Como siempre ha dicho Mercedes Milá, Gran Hermano es grande y si sus concursantes son grandes y hay grandes historias, GH ganará al fútbol, a Cuéntame y a lo que le echen encima. Pero este año ni había grandes historias ni grandes concursantes (algunos sí pero llegaron tarde).

Un arranque un poco flojo y unas siguientes galas penosas hicieron replantearse el concurso. Con concursantes que no tenían nada que aportar, no había vídeos interesantes y las galas ya se centraban en el plató, en el directo y alguna nueva forma de nominar o alguna ocurrencia y poco más.

En mi más sincera opinión, a muchos les sorprendrá, que el principal fallo de esta edición y por lo que creo que ha sido la menos vista, ha sido el no emitir tantos vídeos como otras veces. Los vídeos son vida para el espectador. Gracias a ellos conocemos a los concursantes. ¿Por qué muestras un minuto de los vídeos de la prueba semanal y encima a la vuelta de publicidad cuando casi nadie lo ve, cuando ha habido pruebas divertidísimas? ¿Por qué después pones el mismo vídeo una y otra vez durante media hora dando a conocer el inicio de una historia de amor que realmente interesa poco?

Anoche con la final me reafirmé en esto cuando ví el vídeo de RAKY a su paso por la casa. Mientras lo veía no paraba de mirar a mi madre y preguntarme: “¿qué están haciendo? ¿por qué muchas de esas cosas graciosas de Raky no las he visto nunca en las galas? ¿qué edición he estado viendo que no reconozco a la Raky que me están mostrando ahora?”. Miraba a la vez la cara de Raky y lo sentía por ella, porque quizá esa de los vídeos era ella realmente, la que era un poco “machorra y malhablada”, o quizá era la otra chica con carácter de los directos. Y sentí pena, sentí pena porque con ese vídeo me daba cuenta de que no nos habían mostrado lo suficiente, de que muchas situaciones graciosas las intercambiaron por momentos de amor en los que aprovechaba para ir a hacer pis. Sentí pena porque esta edición basada en jueguecitos, entradas y salidas y mentiras y exceso de información del exterior por subir un poco de audiencia se había ido a la mierda. Y por el camino me había perdido lo mejor de los concursantes, porque apenas había visto nada de ellos.

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Disfrazado de un “lo hacemos proque nos da la gana”, la información del exterior, esa regla inamovible de no trasladarla a los que están en la casa para preservar su “virginidad”, quedaba rota. Bien saben en Gran Hermano y los que lo seguimos, el dolor que ha provocado y puede provocar que se cuele información de fuera. Una casa en la que están encerrados las 24 horas y en la que todo se convierte en una comidilla gigantesca, donde una sola palabra de despedida podía truncarte tu experiencia allí dentro (¿verdad Carola?). Este año sólo ha faltado meter internet allí dentro. Ex novias, repescas que filtraban todo tipo de información de fuera, llamadas telefónicas de familiares aconsejándoles qué hacer, profesoras de Zumba… y tampoco hacían lo suficiente para dejar que la gente de fuera filtrase información a través de los megáfonos, interesaba también esto.

Con lo que molaba la entrevista a un invitado, saber que llegaba intacto al plató, que tú sabías lo que iba a ver pero él no. Esa era la fortaleza de las entrevistas. Si ya no existía ese efecto de “concursante virgen”, ¿qué sentido tenía la entrevista? Por no hablar de concursantes que cuando entraban por la puerta del GH se te pasaba por la mente decir “bueno, ya ha llegado al plató, se puede ir a su casa”, porque algunos se pasaron su estancia en la casa como si fuese cualquier cosa, sin disfrutarla, jugando al billar o durmiendo. Para eso, quédense en su casa.

Y después de ese “lo hacemos porque nos da la gana”, llegó la aplicación famosa donde el público decidía. ¿Entonces en qué quedábamos? ¿Hacemos lo que nos da la gana o dejamos que hagan lo que les dé la gana? Tan incoherente como poner un lema a una edición y olvidarse de seguir una línea con ese lema: “siente el vértigo”, un vértigo que no existió y del que nadie se acordaba hasta la final. Una final que no pudo ser más extraña, con figuras del arte y letras y sustituyendo al fuego y la magia por la infografía y la edición digital, para mi gusto, la peor final de todas. Con lo sencilla y emocionante que fue la final de GH VIP 2 cuando Ivonne salió de su cuarto, se encontró sola en la casa y Jesús Vázquez le preguntó si sabía lo que eso significaba, coste cero y emoción infinita.

Este año se han tratado de encauzar y meter con calzador muchas situaciones, cuando la principal cualidad de todos los GH ha sido dejar que todo surja sin miedo. Esta vez se ha notado y mucho, que no todo fluía de forma natural, que estaba forzado por el miedo a que no surgiesen situaciones interesantes dentro de la casa. ¿Cómo van a surgir si no muestras imágenes de cosas sencillas como una conversación y recortas el tiempo de los vídeos para meter las trrilladas historias de amor de siempre?

Excepto la interesante historia de Dany y Susana y la pareja de él, la mejor entrevista de la historia, la de Juan Carlos en su primera expulsión de la casa, Miriam, Igor y sus respectivos y la alegría y el color que ha aportado Desi a esta edición que sin ella no hubiera sido la misma, no me llevo casi nada más en la maleta de los recuerdos.

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No voy a entrar en expulsiones disciplinarias ni otras decisiones, los duelos finales fueron maravillosos y épicos y este Gran Hermano ha tenido cosas muy buenas. Nunca podrá agradecerse lo suficiente la idea de la prueba de los modelos “posé” con los japoneses y en directo, con esas nominaciones que recordaré toda la vida, nominacines donde cada plano era una obra de arte, nominaciones sangrientas.

Daba la sensación de ir rehaciéndose semana a semana, lo cual siendo el programa que es, donde cualquier cosa puede suceder, no es tan malo, pero sí se ha echado en falta una línea que seguir, la seguridad de que las cosas no se hacen porque sí, que ya estaba planeado, eso que gusta de las grandes series (un saludo a los seguidores de Perdidos). Como si las cosas se hiciesen para perseguir la audiencia y crear conflictos que no existían para frenar la caída, creando una atmósfera irreal, no dejando que surgiese todo con naturalidad.

Excesivas conexiones en directo y pocos vídeos mostrando las vidas de los que jugaban y a los que queríamos conocer. No podría entender a Sindi si no la hubiera escuchado tanto tiempo hablar con Pepe o Marta. Me hubiera encantado tener más tiempo para escuchar a Desi hablar sobre su vida, eso de lo que Mercedes hablaba pero que yo nunca vi en una sola gala. ¿Cómo voy a querer ver a alguien si no me dejas conocerlo?

Anoche, cuando se apagaban las luces de la casa y Mercedes susurraba unas palabras preciosas, volví a sentir la grandeza y volví a llorar, recordando que dentro de esas paredes habían pasado tantas cosas, pero anoche fue diferente, porque además de eso lloraba porque deseaba sentir más de lo que lo hacía.