Viva el horario infantil

Acabo de llegar a casa, hoy tocaba, con mucho retraso, ver el episodio 1,000 de mi comedia favorita, pero este no podía verlo de espaldas, como acostumbro para aprovechar el tiempo, enterándome de todo lo que se cuece en la comedia, este necesitaba su tiempo especial, así que lo he quitado para verlo en otro momento más tranquilo.

Informativo que salta, un hombre tiroteando con una escopeta a otro que está a un metro de él y mientras las balas impactan en su cuerpo como si le estuvieran dando puñetazos, el pobre hombre hace un gesto reflejo de taparse la cara y el cuerpo como si con ello pudiese evitar lo que se viene encima. Cae al suelo, sin vida, el hombre que disparó, le remata por si acaso. Son las 21:11 de la noche, la hora en que los niños acaban de ver “Pasalaspapas” y similares y se reenganchan mientras juegan con sus padres regresados del trabajo.

Me causan asco y repudio aquellos y aquellas que van de cultos y de defensores de la audiencia, que se escandalizan cuando a las 16:30 de la tarde o a las 22:00 de la noche sale una teta o un culo, que se echan las manos a la cabeza cuando ven a dos personas discutir en la sobremesa sacando trapos sucios y lo llaman telebasura y van a los juzgados a denunciar que esas cosas no deberían salir en horario infantil.

Personas que después en sus casas son los primeros en no dar ejemplo, que discuten con gritos e insultos delante de sus hijos, que llevan dobles vidas con amantes, salidas nocturnas y relaciones fuera de pareja. ¿A quién van a dar ejemplo y denunciar esta panda de sinvergüenzas?

Prefiero mil veces que mis hijos viesen una teta o un culo, una discusión encarnecida en la televisión que no cómo termina la vida de un hombre en plena calle a sangre fría.

No se trata de horario infantil, se trata de lógica humana y de saber un poco de sicología infantil, los niños no son idiotas y ya no vivimos en los años 80, dicen “puta” o “cabrón” antes de saber hablar y por mucho que se les repita o reprenda, lo seguirán diciendo, con más empeño si cabe.

No seamos gilipollas y terminemos ya con esta idea tan asquerosa llamada horario infantil, porque, seamos sinceros, comencemos por respetar dentro de casa, porque si no lo hacemos ahí, cómo vamos a pedir a un televisor que lo haga por nosotros.

fotografía de Rez González

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