La parada de autobús que perdió su encanto

La parada de verano dejó de existir, pero los autobuses seguían yendo y viniendo de aquí a Los Alcores, otras rutas, otras historias, pero nunca tan divertidas como las primeras. El verde se transformó en gris asfalto y los arbustos los cambiamos por coches y aceras, un lugar donde hacer una acampada improvisada no tiene mucho sentido y lo peor de todo, cambiamos la parada de verano por una parada de autobús, literalmente.

Perdió su encanto, sólo hay que verlo y peor es sentirlo. Un ejemplo claro de que algunas cosas es mejor no tocarlas, porque pierden su esencia. El problema viene cuando quien hace el cambio, no ha participado de las risas ni de los viajes, decisiones que no dependen de los que realmente viven y sienten las cosas

El infeliz siempre tiende a ser la causa de la infelicidad de los demás.

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