Dos años después de la tormenta

Era un sábado de madrugada, casi las 6 de la mañana. Medio dormido, me arreglé como siempre. Ese fin de semana tocaba trabajar. Con mucho sueño pero bien fresquito, salí a la calle camino del trabajo, un buen paseo de media hora. Las nubes surcaban el cielo amenzantes y no fue hasta llegar al descampado que empezaron a rugir, mientras los relámpagos hacían de las suyas. Aquella batalla en el cielo, aunque en ese momento no lo sabía, era un fiel reflejo de otra batalla que se luchaba en casa de mi hermana a esas horas. Embarazada y a punto de dar a luz, aquella noche enfurecida fue la que Sofía eligió para nacer.

Y en el momento en que nació, salió el sol. En el trabajo tenía todas las persianas subidas para que entrase algo de luz y justo sobre las once y media el cielo se despejó y aparecieron los primeros rayos de sol del día. La batalla en el cielo había acabado y la calma y la paz volvieron a ser el reflejo de lo que sucedía en otra parte distante.

Ahora, Sofía es todo lo que su nombre significa, sabiduría. Es un fiel reflejo de su madre cuando era pequeña, con sus mofletes y su pelo rizado. Hoy celebra su cumpleaños entre libros, muñecas y globos.

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