Cierra los ojos

Es apabullante la ingente cantidad de información que nos proporciona el sentido de la vista, al que le hemos concedido casi toda la importancia. Nos enamoramos por la vista, nos gusta algo si lo vemos, probamos un alimento si a la vista nos es delicioso, ella nos ayuda a interpretar si lo que nos dicen los demás va en uno u otro sentido. No se nos escapa nada a través de ella.

Cuando un sentido está tan intensificado, los otros por inercia pierden importancia, en la misma medida que el otro la gana. Nuestro oído ha aprendido a discernir, a rechazar, casi sin darnos cuenta. Se ha vuelto algo más vago, ya no todo le importa, se ha vuelto selectivo. Cuando hablamos con una persona, le da igual el sonido del viento, el ruido de los coches que pasan, ese niño que pasa llorando, o el murmullo de otras conversaciones. Todos esos sonidos llegan a su destino, pero para poder atender a lo verdaderamente importante, necesita concentrarse en un solo objetivo.

Nos volveríamos locos si el oído no se comportase así, como los personajes de algunas series de ficcion, que poseen el don de escuchar los pensamientos de los demás. Incluso en esas series terminan otorgando al personaje otra habilidad, la de seleccionar lo que quieren oir.

A pesar de eso, a veces conviene cerrar los ojos unos segundos, conceder un descanso a la vista y disponerse a escuchar los sonidos que se están produciendo a nuestro alrededor. Lo más seguro es que escuchemos cosas que siempre han estado ahí alrededor acompañándonos, pero de las que rara vez nos damos cuenta.

Son las 12:12 de una mañana de domingo. Cierro los ojos y escucho: el ruido de los coches que pasan y el detalle de los neumáticos contra el asfalto, un claxon, alguien que baja un cierre, la puerta de un coche que se cierra, algunos pájaros cantando, la puerta de un portal que se cierra de golpe, una moto que frena, un leve tintineo de algo contra un objeto, unas campanas de la iglesia más cercana, un ligero golpeteo inidentificable, el golpe de una caja, puede que de cartón, el ruido del toldo moviéndose a causa del viento, mi respiración pausada y tranquila.

Cuando abro de nuevo los ojos, todo parece estar más en calma que antes.