A eso no lo llames amor, a eso llámalo me estoy acostumbrando

Fue aquel un tiempo extraño, de sentimientos imposibles sacados como de otro mundo, tanto que nos hacían despegar los pies del suelo. No había tiempo, no había espacio, sólo dos seres en un universo infinito viajando incansable, irracionalmente, lo más cercano a la felicidad absoluta.

Y viajando por ese extraño universo, no recuerdo en qué momento topamos con un extraño planeta y su gravedad, la que nos hizo poner de nuevo los pies en el suelo. Casi sin darnos cuenta, aquel espacio vacío comenzó a teñirse de color y ante nuestros ojos, las cosas comenzaron a recobrar su aspecto, la tierra se tornó en tierra, el cielo volvió a tener nubes, nuestros abrazos dejaron de desprender calor y los besos empezaron a perder la magia.

Y sin embargo, te sigo queriendo.