El calor de un verano que se acerca

Desde hace ya varios días ando descalzo por casa, sin que el suelo me contagie esa especie de frío, que te hace desear poner los pies a salvo en un lugar calentito. La camiseta sobra y para dormir sobra casi todo. El sol abrasador del mediodía hace que afloren esas gotas de sudor en la frente y el cuello mientras dejan la cara sonrojada por la fatiga y la exposición.

De madrugada las calles no descansan, por las aceras se van descubriendo las mesas y sillas, los helados son el postre preferido y los ruidos perduran más allá de las altas horas. Los garajes y lugares con gruesas murallas son el lugar idóneo para coger un poco de aliento y una bocanada de aire frío que de repente despeja tu cuerpo del cansancio y de todos los males, un pequeño alivio para afrontar el resto del camino.

El calor de un verano que se acerca, que invita a soñar con pasar una temporada dentro del congelador, al lado del agua fría y de los cubitos de hielo.

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