Un sobre de suero olvidado

Fase 3 de la recuperación. Tras una noche poco agradable de esas que vienen muy de vez en cuando, en mi caso de muy tarde en tarde, tanto que ya ni recordaba algo parecido, siguió una mañana con fiebre en la que apenas podía tenerme en pie, aunque con el paso de las horas fui ganando fuerzas para ir al médico, a un nuevo médico al que no conocía, en un centro que me encontré totalmente cambiado. La receta fue un suero y una dieta estricta.

Nunca entenderé cómo es posible que en una farmacia no tengan algo tan básico como el suero (no sé si es que esto de los recortes llega también aquí), pero en la siguiente sí que lo tenían. Me lo envolvió tan rápido y me pasó tan desapercibido que no me di cuenta.

Al llegar a casa llegó el momento de preparar un litro de agua mineral, potable. Quité el envoltorio de la farmacia y allí estaba aquella caja con aquellos sobres, los mismos que cuidadosamente le preparaba a Yoko cuando estaba enfermo tantas y tantas veces, cuando no quería probar la comida, para que tuviese alimento.

Me costó preparar el suero, el tiempo que tardé en recuperarme de aquellos recuerdos que irremediablemente acudían de nuevo al ver esos sobres color plateado. No podía quitarme de la cabeza fácilmente mi imagen agachado frente al cazo de beber insistiendo que bebiese cada cierto tiempo y viendo su lengua acercarse al agua mientras le acariciaba la cabeza diciéndole “muy bien”.

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