Todo eso que me ayuda a vivir

Sí que lo valoramos, esa frase que dice que no aprendemos a valorar algo hasta que lo perdemos es mentira, simplemente nos acostumbramos a vivir con ello. No creo que nadie sea capaz de decir que no sabe apreciar una de sus manos o una de sus piernas si cualquier día en un mal paso del destino lo perdiese. Claro que se aprecia y la prueba de ello está en que desde el primer segundo el que lo ha sufrido se da cuenta de que ya no podrá volver a coger las cosas del mismo modo, ni andar de la misma manera, simplemente estaba acostumbrado a tenerlo. Y así pasa con todas las cosas, seguramente si buscamos a fondo, por mucho que nos hayamos acostumbrado a eso que hemos perdido, encontraremos momentos en que lo valoramos al máximo.

Hay alrededor de nosotros cosas más sutiles, mientras observamos un horizonte lleno de objetivos, pequeñas cosas que nos hacen sacar una sonrisa o sentir felices por un breve espacio de tiempo, vidas y situaciones que parecen insignificantes, que llevan su propio ritmo, más rápido o más lento, pero que se cruzan en nuestro camino porque tienen que estar ahí, cruzándose eternamente. Y quizá el que lo vive no se da cuenta, pero el que observa desde el otro lado sabe que todo tiene un sentido, un sentido que no tiene por qué ser necesariamente el de cambiar el rumbo de una vida, sino formar parte de ella.