Cuando la vida te da limones, haz limonada

Aprovechar el momento sin malgastarlo, aprovechar el día sin tener que confiar en un mañana, no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy, cuando la vida te da limones, haz limonada. Al final todo viene a significar esas famosas palabras CARPE DIEM.

En situaciones normales, en estados de poco estres, cuando a alguien le dices que cierre los ojos y piense en el primer recuerdo que le venga a la cabeza, a menudo recurre a esos momentos Carpe Diem, cuando de pequeño jugaba a la pelota cerca de casa en la arena, unas risas en una noche de nochevieja con los amigos, el beso o la caricia de una madre perdida cuando nos arropaba… de repente nuestra mente se evade del presente y a menudo va en busca del pasado, concretamente al lugar donde uno se siente seguro, en el que es feliz.

Y cuando se abren los ojos volvemos también a menudo a esa realidad que parece no decirnos nada, con su monotonía a cuestas, insípida porque parece haber perdido su momento Carpe Diem, porque parece que la vida ya no dé esos limones para hacer limonada, sino palos que te obligan a levantarte para seguir recibiendo más.

Busco esa rendija por la que poder escapar, en busca de ese momento que me haga ser feliz, por corto que sea. Sé que es posible. ¿Que si existe el arrepentimiento en Carpe Diem? Bueno, quizá exista de alguna forma, pero seguro que con el tiempo se evapora como el zumo de los limones, dentro de la limonada.