Humanos sin querer, salvajes por instinto

Nadie nos ha preparado para observar todo lo que nos rodea preparados para encontrar irregularidades que escapen a nuestra comprensión. Damos por hecho que una persona que anda en línea recta y va a cruzar una carretera, terminará cruzándola o parando para mirar, damos por hecho que cuando un animal se asusta, echará a correr en alguna dirección.

Lo hemos aprendido por instinto, porque llevamos escrito, como si fuese un libro de instrucciones, que cuando hace frío vamos a buscar el calor, que cuando alguien llora sentiremos afecto, que las risas y los bostezos se nos contagiarán de una forma natural. Buscamos en los gestos y las acciones cosas conocidas, les damos un sentido y lo amoldamos a nuestra experiencia para que nada se desencaje dentro de nuestra vida.

Pero qué hacemos cuando algo se sale de la norma y se escapa del “lo que debería ser”. Intentamos capturarlo, recordar para contarlo, los pequeños momentos que duran un instante, que por un breve espacio de tiempo confunden a esa maquinaria perfecta llamada adn y nos permiten confiar en que aún pueden suceder cosas maravillosas que no están escritas.

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