Todo se hace pequeño cuando nos alejamos

Somos humanos, nadie puede reprendernos por querer vivir de cerca, por sentir de cerca, por querer estar dentro de todo a la vez, de las alegrias y celebraciones y de los problemas y las tristezas, somos parte de ello y ello somos.

Quizá para no sufrir, alguien inventó la excusa, y sin embargo acertada, de que cuando algo nos afecta, intentemos alejarnos de los problemas, porque sólo entonces adquirirán su verdadera dimensión, el sufrimiento se convertirá en cordura y podremos tomar una decisión acertada.

¿Pero realmente existen decisiones acertadas en un mundo donde lo único que tiene sentido de la orientación son las matemáticas, que además son de nuestra propia invención para sentir que hay una base de seguridad en todo lo que hacemos? La decisión que se toma desde fuera no será ni mejor ni peor que la que tomemos desde dentro, al fin y al cabo es una decisión, que al final nos llevará por un camino u otro y nunca sabremos si hemos acertado, porque si lo supiésemos, no tendríamos que tomarla.

Entonces, si alejarse de algo, ya sea triste o alegre, nos conducirá a un camino tan incierto como el que podríamos elegir de la otra manera, ¿por qué no vivir intensamente el conflicto sin importarnos que podamos hacerlo mal o bien?

Todo se hace más pequeño cuando nos alejamos, pero si nos alejamos demasiado, corremos el riesgo de perder la esencia de lo que verdaderamente importa.