Nací un 2 de febrero de 1978 y este soy yo

En la noche del 1 de febrero, lo que viene a ser dentro de unas horas desde este momento en que me encuentro escribiendo, yo me debatía en una lucha por salir al mundo, cansado inconscientemente de permanecer encerrado, con la necesidad de estirarme, de respirar, de sentir. A pesar de los dolores y las contracciones, mi madre pensó que para qué ponerse nerviosos y esperó a que acabase el episodio semanal de “Starsky y Hutch” para decirle a mi padre que la llevase al hospital. Lo del gusto por las series y la televisión se me debe haber pegado de forma natural.

Así nací un 2 de febrero de 1978 a las  01:35 de la madrugada, descartándose para mí el nombre que quería ponerme mi hermana mediana y recibiendo los nombres de mi padre y mi madre juntos en un nombre compuesto, con un apellido poco común procedente de orígenes holandeses y otro apellido más común con cuna en tierras argentinas. Bajo un escudo de un árbol y un perro que refleja en gran parte mi admiración por la naturaleza y los animales, Yoko que llegaría inevitablemente a mi vida regalándome media vida de amistad, y otro escudo del que aún no tengo claro qué conclusiones extraer, con una infancia muy feliz que no obstante pudo quedar truncada por un intento de secuestro en el que mi madre sacó uñas, dientes y templanza, una adolescencia muy dura que me hizo crecer antes de tiempo, amigos a los que quizá conocí cuando ya estaba en una etapa hacia el mundo adulto pero que son los mejores amigos del mundo y una vida con muchos sueños por cumplir. Este soy yo.