Internet reset

Tiempos difíciles desde que el FBI en EEUU cerrara un conocido servidor de descargas, entre otras cosas por delitos merecidos eso sí. Varios años acostumbrados a tener todo al alcance, cosas con las que jamás hubiéramos podido soñar antes, como esa serie en inglés que ninguna puñetera productora sacaba a la venta en nuestro país, algo inédito, una canción, un tema que sólo sonó en la radio, dibujos animados de nuestra infancia que ya no se comercializan, poder tener en un clik ese capítulo que te habías perdido ayer por la tele porque no tuviste tiempo de verlo. Uno no sabe si tirarse de los pelos o llorar de impotencia por no haberse hecho antes con ese material que no existe en otra parte.

Y es que ahora que ya no tengo acceso a ello, me pregunto si ya que miran tanto la propiedad intelectual, las productoras se van a dignar a sacar a la venta series como “La Flor de los 7 colores”, “Memole” o “Farscape”, algunas de las que nunca han editado y que no hemos tenido posibilidad de adquirir. ¿Acaso se vulneran esos derechos cuando estás dispuesto a comprarlas pero nadie te las pone a la venta? La respuesta es clara. Los servidores de almacenamiento virtual compartido nos sirven para hacernos con esos contenidos que no tenemos al alcance o simplemente con un episodio ya emitido en televisión pero que nos perdimos, los cuales después, en la mayoría de ocasiones, quedan para el recuerdo en unos cuantos DVD o se borran de nuestro disco duro.

Internet está viviendo estos días un intento de reset. De un mundo de posibilidades y velocidad impensables hace un tiempo, que ha ido creciendo con el usuario, la velocidad permanece y avanza pero las posibilidades comienzan a cerrarse, obligándonos a retroceder, a dar marcha atrás más de 8 años de avances para regresar a los tiempos del emule o el Pando, los tiempos de los P2P.

Ante la intervención del FBI, muchos servidores están capando sus posibilidades y con ello las nuestras, evitando el uso compartido de archivos en descarga directa. Mientras, las leyes tanto fuera como en nuestro país, seguirán poniendo obstáculos para el intercambio de información, evitando así la comunicación entre usuarios, algo así como si a la salida del cine un policía te multase por contar a otra persona lo que has sentido al final de la película, como si nos metiesen en una cárcel virtual impidiendo dar un disco físico a un amigo donde le he grabado unos capítulos.

Al fin y al cabo, nadie sale ganando nada con este intercambio, porque son cosas que destruyes una vez vistas, porque nadie te da la posibilidad de tenerlas. ¿Acaso si necesito ya la temporada 4 de “Fringe” doblada porque la están emitiendo en la tele puedo llamar a la Warner para que me la fabriquen? Si quieren hacer un rest a internet y que se respeten las obras, antes tendrán que ponerse las pilas y conocer lo que hace y lo que quiere la gente.

I’m Leaving

No necesito un arma para matar los pensamientos en tu cabeza, sólo temo aquello que deseas, así que me iré lejos y huiré dejándote atrás, huiré con los ojos cerrados.

He perdido mi fe en la vida y la muerte, he perdido mi fe en la esperanza y el amor, he perdido mi fe en la gracia y el Dios, he perdido mi fe en ti y en mi, por eso me voy.

No necesitas escuchar, porque no puedes oir las frecuencias en las que entono mi melodía. No sé lo que se ha perdido, pero el final para mí ya está aquí y no hay un nuevo comienzo.

Después de la puesta de sol habrá un nuevo amanecer, quiero que lo esperes, quiero que cierres los ojos, que me olvides y que lo esperes.

Una realidad y una ilusión

Las pesadillas y las situaciones irreales de vez en cuando se presentan sin avisar, dicen que siempre, aunque en ocasiones al despertar no lo recordemos, mientras dormimos, con guardia baja y sin poder controlar pensamientos ni emociones, de recuerdos dormidos, buenos y malos, dando rienda suelta.

Lo que más nos gusta es soñar despiertos y ser por un momento los dueños y señores de lo que queremos ver, sin que las pesadillas enturbien el momento, sin que la oscuridad de la noche venga a por nosotros y nos desarme dejándonos sin protección. Somos entonces capaces de atravesar paredes, de subir a las nubes e imaginar que son cualquier cosa que deseemos que sean.

Los que no quieren ver. Comienza una nueva edición, GH 12 + 1

Hace ya casi 12 años me encontraba en la mesa del comedor de la Residencia Universitaria en una de las comidas intensamente más dialécticas que he vivido, discutiendo si cabe con más ahinco con el que por aquel entonces era el novio de la chica quen a mí me gustaba. Hacía apenas unos días, en las vacaciones de semana santa, había comenzado esa nueva experiencia televisiva de la que toda España estaba pendiente a cada minuto y de la que en todo este tiempo jamás me he despegado y he adorado y odiado también a veces.

Las primeras reacciones no se hicieron esperar y el mundo pareció dividirse en dos al volver a la normalidad de la vida Universitaria. Una comida intensa en la que cada uno defendía una postura pero con una clara diferencia a mi favor, que yo me había empapado del programa y, como solía ocurrir a mucha gente, el otro opinaba desde el absoluto desconocimientos, basando sus argumentos en cosas que había escuchado: que si la gente paseaba en pelotas por la casa, que qué interés tenía ver a gente comiendo, haciendo sus necesidades o delante de un espejo, que si sólo estaban follando todo el día (bueno, aquí dependiendo de quién sea, el futuro le ha dado la razón). No tenía ni idea de lo que estaba diciendo y seguramente él no recuerde ya esa conversación y no se le pueda hacer ver que el paso del tiempo ha puesto cada cosa en su lugar (y eso sin hablar de con quién terminó la chica que a ambos nos gustaba, que no fue con él).

Durante semanas, durante los primeros años de vida del concurso, los fans de Gran Hermano hemos tenido que lidiar con gente que además de acusar al programa, nos apuntaban con el dedo, épocas en las que decir que te gustaba Gran Hermano estaba mal visto, incluso algunos han mentido con tal de no ser los “raros”. Situaciones tan penosas que parecían de una época de represión barata y de las que además muchas venían precisamente de esos que no van a trabajar por ver un partido de fútbol, pero no, eso no es grave, lo grave era ver Gran Hermano en tu rato de ocio en la noche sin molestar a nadie.

Por suerte desde hace unos años para esta parte todo esto ha cambiado y ahora a la gente no le avergüenza decir que ve Gran Hermano, quizá desde que por fin ha conseguido formar parte de la sociedad, de la televisión, desde que su repercusión mediática se ha estabilizado y los concursantes han dejado de ser maltratadores por hacer una broma a su chica agarrándola del brazo, desde que gritar alto no es un motivo de agresividad y desde que el que alguien te diga que es puta no te hace santiguarte ni rezar hasta el amanecer como si fuese un pecado escucharlo. Ahora todo es distinto, los que crecieron con Gran Hermano han contribuido a integrarlo en sus vidas, a comprender que los concursantes delante de un espejo pueen hacerte reir, que confidencialmente en la soledad de un cuarto de baño o un confesionario pueden hacerte llorar, que el simple hecho de ver sus gestos y su vida día a día pueda ilusionarte por sentirte identificado, porque te recuerda a un ser al que un día conociste o porque simplemente te llama la atención.

Hemos aprendido a mirar por ese ojo que todo lo ve, a conocer a personas con diferentes personalidades, disfrutando con sus reacciones, empatizando sin saber por qué, como si un hilo invisible de repente hiciese contacto en la lejanía. Hemos llegado a ese punto en el que no tenemos que poner excusas por lo que vemos, en el que los que no quieren ver no lo ven y dejan de dar por culo después de tantos años. Gran Hermano ha conseguido hacerse respetar o quizá entre todos hemos conseguido que Gran Hermano sea respetado, eso ahora ya da igual, porque el tiempo nos ha enseñado a dejar de lado los casos imposibles y a disfrutar de nuestro programa.

Cómo me gustaría volver a sentarme en aquella mesa de la Residencia Universitaria al lado del que fuera el novio de la chica que me gustaba entonces, coger el tiempo y rebozárselo por toda la cara mientras le digo: “Esta noche voy a ver GRAN HERMANO 12 + 1”.

El lado de él

Guarda en sus cajones aquellos pañuelos de tela que aún lleva en el bolsillo todos los días, ordenados y recién doblados con vapor de plancha, los que de pequeño taponaron alguna vez mi nariz sangrienta siguiendo los viejos consejos, los que de vez en cuando le quitaba e inundaban el bolsillo de mis pantalones, cuando la palabra clinex aún no había llegado a mi vocabulario.

Su despertador ahora suena a una hora diferente cada día, ya sin el agobio de las prisas, con todo el tiempo por delante pero con otras citas ineludibles. En su mesilla ya no existen aquellas antiguas tenues luces que bajo una mampara de color ocre desprendían un ambiente de otra época, cautivador, preludio de dulces sueños y de desvelos inoportunos. Sus cajones eran territorio inexplorado, auténticos cofres en mi niñez en los que encontrar las pilas que me faltaban, una camiseta de verano que me pertenecía guardada por error o la radio que tantos años nos acompañó, la que cogía a escondidas explorando las ondas en busca de esas voces que salían de dentro.

El lado de ella

Esta habitación no era lo que es, ella eligió su decoración, los ornamentos, los detalles, los cuadros, y ella elige el color que debe tener cada vez que se hace limpieza, alguna vez fue azul, alguna vez fue tostado, pero no podemos olvidar que algún día en el pasado se construyó en papel, que tenía un par de camas y que un buen día pasó a ser de la habitación de las niñas a la habitación de ella y él.

Su lado está lleno de achuchones en algunas primeras horas de los amaneceres de los sábados, objeto de algún pequeño susto con cierto jarabe al que resultó ser alérgica y la parte baja de la cama el lugar preferido de Yoko cada vez que se abría la puerta y lograba colarse, donde pasaba las horas muertas al fresquito del suelo en la sombra.

El poder de las palabras, admiradores escondidos

Que las palabras ejercen un poder sobre la gente es innegable, pero no las palabras por sí solas, que dependiendo de cómo sean pueden cambiar muchas cosas, sino también de quien provengan esas palabras.

El mundo de la publicidad lo sabe muy bien, tanto en la radio como en la televisión, se hacen con los servicios de rostros populares, de voces populares, para vender su producto. Da igual que quien te lo venda jamás lo haya probado, sólo se busca valerse de los admiradores que confían en su estrella para que ese producto se convierta en éxito.

El boca a boca a través del cual un cantante puede hacerse popular y vender sus discos como roquillas, se queda pequeño cuando una de esas bocas es la de un famoso futbolista. Como todas las personas, tienen su grupo favorito, su película preferida y en determinadas entrevistas, sin pretender publicitar absolutamente nada, lo expresan. Se crea entonces una espiral que envuelve a los más fans y a los que rodean a esos fans, porque los admiradores, en un intento por conocer más de esa persona a la que admiran, buscan aquello que les gusta, para sentirse más cercanos a su personalidad.

No sólo ocurre con personas famosas. Quizá alguna vez hayamos admirado a alguien a quien respetemos y nos agrade y nos haya comentado o incluso por terceras personas nos hayan llegado sus gustos musicales. Seguramente hemos buscado y escuchado esa música con el objetivo de conocer un poco más de esa persona y de lo que siente cuando lo hace, convirtiéndonos en pequeños admiradores en la sombra. Y no es malo querer conocer más de los demás, sobre todo cuando nos ayuda a rellenar una parcela de nosotros mismos que nos hace sentir bien.