Estar en la Luna, ¿de verdad te gustaría?

Como si fueran dos mundos paralelos, somos incapaces de ver con nuestros propios ojos la inmensidad de La Tierra pero podemos verla a ella y ella no puede ver su inmensidad, pero puede admirar la nuestra. Tan cerca pero tan lejos, estar en la Luna.

Hoy National Geographic ha aportado algunos datos muy curiosos de la vida cotidiana que en nuestro satélite cambiarían por completo y nos obligarían a llevar otro estilo de vida diferente. Algo tan común como comunicarse sería imposible, adiós a los gritos, a las canciones que tanto nos gustan, a conversar, a silbar tarareando una melodía o al ducharse, porque en la Luna no hay viento ni sonido. Y lo de ducharse va a ser que no, ya que de quitarnos el traje espacial nuestra sangre herviría de forma instantánea, evaporándose de nuestro cuerpo y dejándonos como estatuas blanquecinas inertes.

La alegría tampoco tendría lugar si viésemos a nuestro equipo meter un gol, ya que nuestro peso se reduciría casi una séptima parte y la disminución de la gravedad haría que dar un  salto fuese tan peligroso que podríamos salirnos del planeta y perdernos para siempre.

Además de estos datos, hay otras curiosidades, como que la superficie del satélite es más pequeña que el continente asiático, que ha llegado más gente a la Luna que al fondo de nuestros océanos, o que cada año la Luna se aleja de la Tierra 3,8 centímetros, con lo que algún día dejarán de exisitir los eclipses lunares y cambiarán los ciclos que tienen que ver con las mareas, implicando a todo el planeta.

Por cierto, con luna llena la gente no se comporta de forma extraña, si quieren achacar su comportamiento a este fenómeno, que lo hagan, pero queda demostrado que no nos influye.