El lado de él

Guarda en sus cajones aquellos pañuelos de tela que aún lleva en el bolsillo todos los días, ordenados y recién doblados con vapor de plancha, los que de pequeño taponaron alguna vez mi nariz sangrienta siguiendo los viejos consejos, los que de vez en cuando le quitaba e inundaban el bolsillo de mis pantalones, cuando la palabra clinex aún no había llegado a mi vocabulario.

Su despertador ahora suena a una hora diferente cada día, ya sin el agobio de las prisas, con todo el tiempo por delante pero con otras citas ineludibles. En su mesilla ya no existen aquellas antiguas tenues luces que bajo una mampara de color ocre desprendían un ambiente de otra época, cautivador, preludio de dulces sueños y de desvelos inoportunos. Sus cajones eran territorio inexplorado, auténticos cofres en mi niñez en los que encontrar las pilas que me faltaban, una camiseta de verano que me pertenecía guardada por error o la radio que tantos años nos acompañó, la que cogía a escondidas explorando las ondas en busca de esas voces que salían de dentro.

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