El poder de las palabras, admiradores escondidos

Que las palabras ejercen un poder sobre la gente es innegable, pero no las palabras por sí solas, que dependiendo de cómo sean pueden cambiar muchas cosas, sino también de quien provengan esas palabras.

El mundo de la publicidad lo sabe muy bien, tanto en la radio como en la televisión, se hacen con los servicios de rostros populares, de voces populares, para vender su producto. Da igual que quien te lo venda jamás lo haya probado, sólo se busca valerse de los admiradores que confían en su estrella para que ese producto se convierta en éxito.

El boca a boca a través del cual un cantante puede hacerse popular y vender sus discos como roquillas, se queda pequeño cuando una de esas bocas es la de un famoso futbolista. Como todas las personas, tienen su grupo favorito, su película preferida y en determinadas entrevistas, sin pretender publicitar absolutamente nada, lo expresan. Se crea entonces una espiral que envuelve a los más fans y a los que rodean a esos fans, porque los admiradores, en un intento por conocer más de esa persona a la que admiran, buscan aquello que les gusta, para sentirse más cercanos a su personalidad.

No sólo ocurre con personas famosas. Quizá alguna vez hayamos admirado a alguien a quien respetemos y nos agrade y nos haya comentado o incluso por terceras personas nos hayan llegado sus gustos musicales. Seguramente hemos buscado y escuchado esa música con el objetivo de conocer un poco más de esa persona y de lo que siente cuando lo hace, convirtiéndonos en pequeños admiradores en la sombra. Y no es malo querer conocer más de los demás, sobre todo cuando nos ayuda a rellenar una parcela de nosotros mismos que nos hace sentir bien.