Mirada a medias

Una escena de terror, una mirada vergonzosa, una broma infantil, una esperada sorpresa. Cuántas veces hemos puesto nuestras manos en los ojos mirando a medias.

Cuando ese personaje de ficción atraviesa un pasillo en la penumbra y sabemos que alguien aparecerá detrás para asestarle un golpe o algo peor, retiramos la mirada o nos llevamos las manos a los ojos dejando una abertura y haciendo que el terror se alivie de alguna forma, aunque la situación no cambie, aportándonos algo más de seguridad.

La persona que nos gusta y que se desnuda ante nosotros pidiéndonos que no miremos, obligándonos a tapar los ojos con las manos aun a sabiendas de que dejaremos un pequeño hueco entre los dedos para observar la belleza de aquello que deseamos.

El famoso cu-cu-ta que inexplicablemente tantas risas provoca a los niños y que nos piden repetir una y otra vez. Cuando nos llevan engañados a un lugar donde descubrir lo que nos espera o nos piden tapar la vista mientras nos ponen frente a una sorpresa que no lleva envoltorio.

Sólo aquellos que no tienen deseos ni miedos y que no disfrutan de las sorpresas ni de las risas, son capaces de reprimir una mirada a medias.