Fin de fiesta

Reencontrarse con familiares que regresan por estas fechas, o con aquellos que aun sin estar lejos, el día a día impide ver con normalidad y pasar con ellos algunos momentos divertidos. Las mismas caras de alegría que sacan las bolas de Navidad y las luces de las cajas guardadas y polvorientas para poner el árbol, ahora se apagan a medida que regresan a su encierro.

Habrá otras noches de nervios en el servicio, posando frente al espejo y poniéndonos guapos, dando ese toque final con un perfume que nos gusta. Habrá otras noches de frío, abrigados un poco más de lo normal mientras salimos de casa al coche para después dejar el abrigo apartado en un rincón en el que muchas veces se pierde.

Parece que el tiempo nos haya hecho sus esclavos y no haya forma de dominarlo, como si no fuera posible disfrutar de estos momentos en otros días que no sean estos y sólo estos. Quizá deba ser así, para no romper la magia y soñar con el regreso.

Bajo la ducha el agua cae tibia y dejo que moje mi cabeza mientras el sonido de su caída me relaja y hace que piense. Al salir, el espejo está empañado y hago un círculo para verme. Son las 7 de la mañana. Los nervios por volver que tantos años han estado ahí y parece que nunca se van. Pero tengo una sonrisa en la cara, escondida, cómplice y disimulada. Un principio significa que existe un fin, pero un final también me cuenta que ya habrá otros principios.

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