La memoria de los primeros años

Siempre que veo aquella fotografía en la que aparezco detrás de la antigua casa de mis abuelos de la mano de mi padre posando cerca de unas ruinas, o aquella en que estoy jugando al fútbol con mi jersey de punto marrón claro en ese mismo lugar, no me reconozco. Sí, es innegable que soy yo por la genética, pero, ¿por qué no recuerdo aquellos momentos? ¿Por qué permanecen oscuros totalmente, ni tan siquiera borrosos?

No recuerdo quién me dijo hace mucho tiempo que la memoria de nuestros primeros años, exactamente de la anterior a los 5 primeros, se quedaba oculta y era casi imposible recordar las cosas que nos sucedieron a no ser que fueran realmente traumáticas o tuvieran algún significado que hemos llevado a cuestas hasta ahora. Y así, es, recuerdo el día del 23F cuando apenas contaba con tres añitos, mi camión jugando en la arena y siendo llevado a casa con prisas de la mano de mi madre ante el acontecimiento, recuerdo dónde jugaba con mis juguetes y lo que me hacían sentir, pero sólo eso, aunque no es poco.

No sé dónde quedan las cosas comunes, aquello que no me marcaba, ¿dónde permanece oculto? Tan sólo las fotos que se conservan son la memoria de esos primeros años.

Para Sofía aún es pronto. Cuando crezca, seguramente sonría al recordar lo que sentía al jugar con sus barriguitas o los abrazos de sus padres, pero mirará estas fotos sabiendo que innegablemente es ella, por la genética, pero no recordará estos momentos y le parecerá como si cualquier otro extraño los hubiera vivido.