Tetra mala suerte

Para un fan como yo de Perdidos, el número 4 no es sino aquel que forma parte y principio de la secuencia de lo que Hurley daría en llamar “números chungos”, y cuando decía “chungos” no iba mal encaminado, no ya por lo que sucedió en el pasado, por lo que estaba sucediendo en el presente, por lo que sucedería en el futuro, o en un lugar intangible, sino por las connotaciones que este número ha despertado a lo largo de la historia de la humanidad. Que Locke, uno de los protagonistas principales fuera el número 4 en la cueva y que la traducción de su nombre venga a ser “bucle” y este sea el número de inicio de una secuencia que nunca nos abandonará, no es casualidad.

De dónde viene ese respeto que tenemos por aquello que nos dicen que es malo, oscuro, no lo sé, cuando de pequeño me decían otros niños como yo que me tocase un botón cuando pasase frente a mí una persona pelirroja, cuando durante una temporada yo mismo me decía que apagando o encendiendo x veces la luz no me sucedería nada malo, cuando al ver una escalera a lo lejos cambiaba de acera para no tener que ponerme en el compromiso de pasar por debajo, paragüas que se abren en espacios cerrados o gatos negros que se cruzan en la noche augurando lo peor.

Afortunadamente todos esos miedos desaparecen cuando nos enrentamos a esa situación y obtenemos precisamente lo contrario a lo que esperábamos, como por ejemplo una buena noticia nada más pasar por debajo de una escalera.

Miedos infundados que sin embargo calan hondo en la cultura tradicional de un país y, por qué no decirlo, dan un poco de vidilla, como ese número 4 que incluso ya tiene enfermedad asociada, la “tetrafobia” en China y que casi es comparable con la muerte, hasta el punto de que el número de evita a toda cosa en casas, autobuses, hoteles y cualquier aspecto de sus vidas cotidianas, mientras que al otro lado del mundo significa buena suerte sobre todo si nos sale en un trébol. Qué sería de un viernes 13 o un martes y 13 sin el típico comentario de que algo malo va a pasar, hasta que nos damos cuenta de que o bien no pasa nada o si pasa es fruto de lo inevitable.

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