11

Hice muchas referencias a este número en algún que otro post, digamos que su valor va arraigado a mí de una forma que no entiendo y hoy es el día más indicado para hacerle un homenaje, a ese pasajero desconocido que me acompaña allá donde voy, porque no viviré otro 11 del 11 del 11.

Todo comenzó una mañana de un día que ya no recuerdo allá por 1993, cuando fuí a visitar a la Residencia Universitaria Bartolomé Cossío a mi hermana que estaba estudiando enfermería en Cuenca. Con la visita, aprovechamos para visitar el centro comercial que ahora se llama Alcampo (o como quiera que sea) y que por aquel entonces llevaba el nombre de Pan de Azúcar, en definitiva, el lugar del que tantas veces nos había hablado mi hermana. Paseando por los pasillos, me desvié un poco del camino y fui por mi cuenta y por casualidad encontré una camiseta que me llamó la atención sobre el resto. Con las mangas de un color rosáceo tirando a lila, diferentes al color del cuepo del resto de la camiseta, enseguida la cogí y fui hacia mi madre para ver si me la podía llevar. La camiseta llevaba impreso el número 11.

Entonces no lo sabía, pero el destino de aquel número y de aquel lugar había dejado algo marcado. Digamos que ni siquiera intentando seguir otros caminos conseguiría escapar a ese destino. Incluso en la ocasión más confusa, el número 11 se interpuso como un camino de dos vías en el que elegir. Compañero de piso en el número 11 buscando un ático que resultó estar en el número 11, tras el cual llegó una lista de admisión en papel, sobre la que fui desplazando mi dedo para llegar a mi puesto, el 11, sintiendo que se abría la mayor brecha y tendría que decidir.

Y decidí, decidí probar aquello que tan feliz había hecho a mi hermana y que yo tantas ganas tenía de disfrutar, aquel maravilloso lugar en Cuenca. Y volví a pisar aquel lugar en el que años atrás me encontraba cogiendo aquella camiseta, solo que entonces ya era mi destino definitivo.

Desde entonces, y aunque desde el momento en que pisé el destino donde todo comenzó las casualidades han ido remitiendo, el número 11 ha seguido acompañándome de una forma que no entiendo. Ya dijo cierto personaje que las casualidades no existen, sólo lo inevitable. Fue inevitable que me encontrase ese día en aquel pasillo, ante la única camiseta, inevitable que un número 11 de selección me llevase de nuevo allí y será inevitable que el número 11 se cruce en mi camino cuantas veces quiera, para hacerme pensar, para estar ahí como el pasajero desconocido que quizá guarde un mensaje o que quizá no quiera decir nada, sólo que existe.

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